Ortega y Gasset

Abstract

A technical exposition of Herbart’s method: the relation of ground and consequent is contradictory (the consequent must be both distinct and not distinct from the ground), and is resolved by the zufällige Ansichten, the “contingent considerations” — illustrated by the isosceles triangle divided by a perpendicular. Hence the “method of integrating concepts”: what can neither be simply posited nor suppressed should be posited as a multiplicity.

Connections

Assi: Metodo
Concetti: causa, ragione
Forme: saggio

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Ese proceso de lo dado a otro concepto es lo que se llama la relación de principio y consecuencia. Si la experiencia es hallar pasivamente y la lógica aclarar y distinguir, es la metafísica concluir de un concepto a otro.

Ahora bien: esa relación de principio a consecuencia no es menos contradictoria que las ya apuntadas de inherencia, causalidad, etcétera. La consecuencia sale del principio, no hay si no de dónde sacarla. Esto quiere decir que se halla en el principio; pero si se halla en él no necesita seguirse de él, sino que es el mismo principio. Y si no es el mismo principio no puede ser su consecuencia. De modo que la consecuencia necesita ser distinta del principio y a la vez no ser distinta del principio.

Cuando demostramos que los ángulos de la base de un triángulo isósceles son iguales, es el triángulo isósceles el principio, y la igualdad de sus ángulos básicos la consecuencia. Sin embargo, para concluir ésta de aquél necesitamos suponer que una perpendicular tirada del vértice a la base divide al triángulo en dos triángulos rectángulos iguales. Ahora bien: si esta consideración es necesaria para obtener la consecuencia, es evidente que el triángulo, tal y como primero aparecía, no era el principio completo y que la feliz idea de tirar la perpendicular lo ha completado. Una vez completo el principio hallamos que él mismo es la consecuencia.

Generalizando este ejemplo hallamos medio de corregir la contradicción que encierra la relación de principio y consecuencia. Ésta es, en efecto, distinta de lo que primero aparece como principio; pero esto que primero aparece como principio no lo es, en realidad, si no se le considera en unión de otros elementos que en conjunción con él forman el principio entero, el cual no es ni más ni menos que la consecuencia. No el triángulo isósceles solo, mas éste completado con los triángulos rectángulos en que se le puede considerar dividido, forman el principio entero o, mejor dicho, la conjunción de principios cuya unidad es la consecuencia.

Es menester, pues, que haya intervenido en la relación de principio y consecuencia un cierto modo nuestro de considerar aquél, una variación de aquél que no era necesaria, pero que era posible. Yo no necesito pensar el triángulo isósceles dividido en dos rectángulos; pero puedo pensarlo así. Esto es lo que Herbart llama las zufällige Ansichten, las consideraciones contingentes que necesitan intervenir en el proceso racional[42].

La contradicción en la relación de principio y consecuencia y el modo de resolverla son ejemplares para la metafísica. De ella obtiene por simple generalización Herbart su método. Las «consideraciones contingentes» permiten resolver toda contradicción. Consiste ésta siempre en que se nos dan como opuestos dos miembros: M y N, que a la vez se nos propone pensemos como idénticos. Recuérdese el problema de la «cosa con múltiples propiedades». Ese concepto contradictorio dado es nuestro principio, cuya consecuencia buscamos. La «consideración contingente» consiste en buscar tras del M, que siendo opuesto a N no puede ser su idéntico (o viceversa), un M que sea idéntico a N sin dejar de ser M. ¿Cómo es esto posible? Consideremos que N no es el miembro completo que se propone como idéntico a M: consideremos una pluralidad de M, cuyos elementos están en conjunción. Entonces cabrá decir que un M es opuesto a N; pero que a la vez la conjunción de los M, aquello que entre sí sean y formen, puede ser idéntico a N. En breve hallaremos ocasión de aclarar esto con un ejemplo.

De tal suerte arriba Herbart a lo que él llama «método de integración de los conceptos»[43]. En la Breve Enciclopedia de la filosofía de 1831 formula así este método: «Cuando nos es propuesto poner un elemento que no puede ser simplemente puesto ni tampoco suprimido, póngase en forma de multiplicidad»[44]. Por este procedimiento se sale de lo dado y su contradicción y se llega a un concepto que tiene con lo dado una dimensión común, la cual asegura su validez y, por otra parte, queda exento de la contradicción, racionalizado, lógico.

That process from the given to another concept is what is called the relation of principle and consequence. If experience is finding passively and logic is clarifying and distinguishing, metaphysics is concluding from one concept to another.

Now, that relation from principle to consequence is no less contradictory than those already noted of inherence, causality, etcetera. The consequence issues from the principle; there is nowhere else to draw it from. This means that it is found in the principle; but if it is found in it, it has no need to follow from it, but rather is the same principle. And if it is not the same principle, it cannot be its consequence. In such a way the consequence needs to be distinct from the principle and at the same time not distinct from the principle.

When we demonstrate that the base angles of an isosceles triangle are equal, the isosceles triangle is the principle, and the equality of its base angles the consequence. However, to conclude the latter from the former we need to suppose that a perpendicular drawn from the vertex to the base divides the triangle into two equal right triangles. Now, if this consideration is necessary to obtain the consequence, it is evident that the triangle, as it first appeared, was not the complete principle and that the happy idea of drawing the perpendicular has completed it. Once the principle is complete, we find that it itself is the consequence.

Generalizing this example we find a means of correcting the contradiction contained in the relation of principle and consequence. The latter is, in effect, distinct from what first appears as principle; but what first appears as principle is not, in reality, the principle unless one considers it in union with other elements that in conjunction with it form the whole principle, which is neither more nor less than the consequence. Not the isosceles triangle alone, but this completed with the right triangles into which it may be considered divided, forms the whole principle or, better said, the conjunction of principles whose unity is the consequence.

It is necessary, then, that there should have intervened in the relation of principle and consequence a certain manner of ours of considering the former, a variation of it that was not necessary but that was possible. I have no need to think the isosceles triangle divided into two right triangles; but I can think it thus. This is what Herbart calls the zufällige Ansichten, the contingent considerations that must intervene in the rational process[42].

The contradiction in the relation of principle and consequence and the manner of resolving it are exemplary for metaphysics. From it Herbart obtains, by simple generalization, his method. The “contingent considerations” allow one to resolve every contradiction. This always consists in this: that two members are given to us as opposed: M and N, which at the same time we are asked to think as identical. Recall the problem of the “thing with multiple properties.” That contradictory concept, as given, is our principle, whose consequence we seek. The “contingent consideration” consists in seeking, behind the M which, being opposed to N, cannot be its identical (or vice versa), an M that is identical to N without ceasing to be M. How is this possible? Let us consider that N is not the complete member that is proposed as identical to M: let us consider a plurality of M, whose elements are in conjunction. Then it will be fitting to say that one M is opposed to N; but that at the same time the conjunction of the M’s, that which they are and form among themselves, can be identical to N. Shortly we shall find occasion to clarify this with an example.

In this manner Herbart arrives at what he calls the “method of integration of concepts”[43]. In the Brief Encyclopedia of Philosophy of 1831 he formulates this method thus: “When we are asked to posit an element that can be neither simply posited nor suppressed, let it be posited in the form of multiplicity”[44]. By this procedure one gets out of the given and its contradiction and arrives at a concept that has with the given a common dimension, which assures its validity and, on the other hand, remains exempt from contradiction, rationalized, logical.

Quel processo dal dato a un altro concetto è ciò che si chiama relazione di principio e conseguenza. Se l’esperienza è trovare passivamente e la logica chiarire e distinguere, la metafisica è concludere da un concetto a un altro.

Ora, quella relazione di principio a conseguenza non è meno contraddittoria di quelle già additate di inerenza, causalità, eccetera. La conseguenza esce dal principio, non c’è altro di dove trarla. Ciò vuol dire che si trova nel principio; ma se si trova in esso non ha bisogno di derivarne, ma è lo stesso principio. E se non è lo stesso principio non può essere la sua conseguenza. Di modo che la conseguenza ha bisogno di essere distinta dal principio e a un tempo di non essere distinta dal principio.

Quando dimostriamo che gli angoli della base di un triangolo isoscele sono uguali, il triangolo isoscele è il principio, e l’uguaglianza dei suoi angoli alla base la conseguenza. Tuttavia, per concludere questa da quello, abbiamo bisogno di supporre che una perpendicolare tirata dal vertice alla base divida il triangolo in due triangoli rettangoli uguali. Ora, se questa considerazione è necessaria per ottenere la conseguenza, è evidente che il triangolo, così come prima appariva, non era il principio completo e che la felice idea di tirare la perpendicolare lo ha completato. Una volta completo il principio, troviamo che esso stesso è la conseguenza.

Generalizzando questo esempio troviamo mezzo di correggere la contraddizione che racchiude la relazione di principio e conseguenza. Questa è, in effetti, distinta da ciò che prima appare come principio; ma ciò che prima appare come principio non lo è, in realtà, se non lo si considera in unione con altri elementi che in congiunzione con esso formano il principio intero, il quale non è né più né meno che la conseguenza. Non il triangolo isoscele da solo, ma questo completato con i triangoli rettangoli in cui si può considerarlo diviso, forma il principio intero o, meglio detto, la congiunzione di principi la cui unità è la conseguenza.

È necessario, dunque, che sia intervenuta nella relazione di principio e conseguenza una certa nostra maniera di considerare quello, una variazione di quello che non era necessaria, ma che era possibile. Io non ho bisogno di pensare il triangolo isoscele diviso in due rettangoli; ma posso pensarlo così. Questo è ciò che Herbart chiama le zufällige Ansichten, le considerazioni contingenti che devono intervenire nel processo razionale[42].

La contraddizione nella relazione di principio e conseguenza e il modo di risolverla sono esemplari per la metafisica. Da essa ottiene per semplice generalizzazione Herbart il suo metodo. Le «considerazioni contingenti» permettono di risolvere ogni contraddizione. Questa consiste sempre in questo: che ci sono dati come opposti due membri: M e N, che a un tempo ci si propone di pensare come identici. Si ricordi il problema della «cosa con molteplici proprietà». Quel concetto contraddittorio dato è il nostro principio, di cui cerchiamo la conseguenza. La «considerazione contingente» consiste nel cercare dietro l’M, che essendo opposto a N non può essere il suo identico (o viceversa), un M che sia identico a N senza cessare di essere M. Come è possibile ciò? Consideriamo che N non è il membro completo che si propone come identico a M: consideriamo una pluralità di M, i cui elementi sono in congiunzione. Allora si potrà dire che un M è opposto a N; ma che a un tempo la congiunzione degli M, ciò che tra loro siano e formino, può essere identica a N. In breve troveremo occasione di chiarire ciò con un esempio.

In tal modo arriva Herbart a ciò che egli chiama «metodo di integrazione dei concetti»[43]. Nella Breve Enciclopedia della filosofia del 1831 formula così questo metodo: «Quando ci è proposto di porre un elemento che non può essere semplicemente posto né soppresso, si ponga in forma di molteplicità»[44]. Con questo procedimento si esce dal dato e dalla sua contraddizione e si giunge a un concetto che ha col dato una dimensione comune, la quale assicura la sua validità e, d’altra parte, resta esente dalla contraddizione, razionalizzato, logico.