Ortega y Gasset

Abstract

The founding manifesto of the Agrupación al Servicio de la República: the traditional Spanish state is decomposing through its own vices, and the Sagunto monarchy never became a nationalised institution but an association of particular groups living parasitically on the nation. Against fascism and bolshevism, which lead into dead ends, it calls for a Republic resting on the free and enthusiastic collaboration of every citizen.

Connections

Assi: Legittimità del potere
Concetti: Stato
Forme: manifesto

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Cuando la historia de un pueblo fluye dentro de su normalidad cotidiana parece lícito que cada cual viva atento sólo a su oficio y entregado a su vocación. Pero cuando llegan tiempos de crisis profunda, en que rota o caduca toda normalidad van a decidirse los nuevos destinos nacionales, es obligatorio para todos salir de su profesión y ponerse sin reservas al servicio de la necesidad pública. Es tan notorio, tan evidente, hallarse hoy España en una situación extrema de esta índole que estorbaría encarecerlo con procedimientos de inoportuna grandilocuencia. En los meses, casi diríamos en las semanas, que sobrevienen tienen los españoles que tomar sobre sí, quieran o no, la responsabilidad de una de esas grandes decisiones colectivas en que los pueblos crean irrevocablemente su propio futuro. Esta convicción nos impulsa a dirigirnos hoy a nuestros conciudadanos, especialmente a los que se ocupan en profesiones afines con las nuestras. No hemos sido nunca hombres políticos; pero nos hemos presentado en las filas de la contienda pública siempre que el tamaño del peligro lo hacía inexcusable. Ahora son superlativas la urgencia y la gravedad de la circunstancia. Esto, y no pretensión alguna de entender mejor que cualesquiera otros españoles los asuntos nacionales, nos mueve a iniciar con máxima actividad una amplia campaña política. Debieron ser personas mejor dotadas que nosotros para empresas de esta índole quienes iniciasen y dirigiesen la labor. Pero hemos esperado en vano su llamamiento y como el caso no permite ni demora ni evasiva nos vemos forzados a hacerlo nosotros, muy a sabiendas de nuestras limitaciones.

El Estado español tradicional llega ahora al grado postrero de su descomposición. No procede ésta de que encontrase frente a sí la hostilidad de fuerzas poderosas, sino que sucumbe corrompido por sus propios vicios sustantivos. La Monarquía de Sagunto no ha sabido convertirse en una institución nacionalizada, es decir, en un sistema de Poder público que se supeditase a las exigencias profundas de la nación y viviese solidarizado con ellas, sino que ha sido una asociación de grupos particulares que vivió parasitariamente sobre el organismo español, usando del Poder público para la defensa de los intereses parciales que representaba. Nunca se ha sacrificado, aceptando con generosidad, las necesidades vitales de nuestro pueblo sino que, por el contrario, ha impedido siempre su marcha natural por las rutas históricas, fomentando sus defectos inveterados y desalentando toda buena inspiración. De aquí que día por día se haya ido quedando sola la Monarquía y concluyese por mostrar a la intemperie su verdadero carácter, que no es el de un Estado nacional, sino el de un Poder público convertido fraudulentamente en parcialidad y en facción.

Nosotros creemos que ese viejo Estado tiene que ser sustituido por otro auténticamente nacional. Esta palabra nacional no es vana; antes bien, designa una manera de entender la vida pública que lo acontecido en el mundo durante los últimos años de nuevo corrobora. Ensayos como el fascismo y el bolchevismo marcan la vía por donde los pueblos van a parar en callejones sin salida, por eso, apenas nacidos padecen ya la falta de claras perspectivas. Se quiso en ambos olvidar que, hoy más que nunca, un pueblo es una gigantesca empresa histórica, la cual sólo puede llevarse a cabo o sostenerse mediante la entusiasta y libre colaboración de todos los ciudadanos unidos bajo una disciplina más de espontáneo fervor que de rigor impuesto. La tarea enorme e inaplazable de remozamiento técnico, económico, social e intelectual que España tiene ante sí no se puede acometer si no se logra que cada español dé su máximo rendimiento vital. Pero esto no es posible si no se instaura un Estado que por la amplitud de su base jurídica y administrativa permita a todos los ciudadanos solidarizarse con él y participar en su alta gestión. Por eso creemos que la Monarquía de Sagunto ha de ser sustituida por una República que despierte en todos los españoles, a un tiempo, dinamismo y disciplina llamándolos a la soberana empresa de resucitar la historia de España, renovando la vida peninsular en todas sus dimensiones, atrayendo todas las capacidades, imponiendo un orden de limpia y enérgica ley, dando a la justicia completa transparencia, exigiendo mucho de cada ciudadano: trabajo, destreza, eficacia, formalidad y la resolución de levantar nuestro país hasta la plena altitud de los tiempos.

Pero es ilusorio imaginar que la Monarquía va a ceder galantemente el paso a un sistema de Poder público tan opuesto a sus malos usos, a sus privilegios y egoísmos. Sólo se rendirá bajo una formidable presión de la opinión pública. Es, pues, urgentísimo organizar esa presión haciendo que sobre el capricho monárquico pese con suma energía la voluntad republicana de nuestro pueblo. Ésta es la labor ingente que el momento reclama. Nosotros nos ponemos a su servicio. No se trata de formar un partido político. No es sazón de partir sino de unificar. Nos proponemos suscitar una amplísima «Agrupación al Servicio de la República», cuyos esfuerzos tenderán a lo siguiente:

1.º Movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española. Llamaremos a todo el profesorado y magisterio, a los escritores y artistas, a los médicos, a los ingenieros, arquitectos y técnicos de toda clase, a los abogados, notarios y demás hombres de ley. Muy especialmente necesitamos la colaboración de la juventud. Tratándose de decidir el futuro de España, es imprescindible la presencia activa y sincera de una generación en cuya sangre fermenta la sustancia del porvenir. De corazón ampliaríamos a los sacerdotes y religiosos este llamamiento, que a fuer de nacional preferiría no excluir a nadie; pero nos cohíbe la presunción de que nuestras personas carecen de influjo suficiente sobre esas respetables fuerzas sociales.

Como la «Agrupación al Servicio de la República» no va a modelarse en partido, sino a hacer una leva general de fuerzas que combatan a la Monarquía, no es inconveniente para alistarse en ella hallarse adscrito a los partidos o grupos que afirman la República, con los cuales procuraremos mantener contacto permanente.

2.º Con este organismo de avanzada, bien disciplinado y extendido sobre toda España actuaremos apasionadamente sobre el resto del cuerpo nacional, exaltando la grande promesa histórica que es la República española y preparando su triunfo en unas elecciones constituyentes, ejecutadas con las máximas garantías de pulcritud civil.

3.º Pero, al mismo tiempo, nuestra «Agrupación» irá organizando, desde la capital hasta la aldea y el caserío, la nueva vida pública de España en todos sus haces, a fin de lograr la sólida instauración y el ejemplar funcionamiento del nuevo Estado republicano.

Importa mucho que España cuente pronto con un Estado eficazmente constituido, que sea como una buena máquina en punto, porque bajo las inquietudes políticas de estos años late algo todavía más hondo y decisivo: el despertar de nuestro pueblo a una existencia más enérgica, su renaciente afán de hacerse respetar e intervenir en la historia del mundo. Se oye con frecuencia, más allá de nuestras fronteras, proclamar, como el nuevo hecho de grandes proporciones que apunta en el horizonte y modificará el porvenir, el germinante resurgir ibérico a ambos lados del Atlántico. Nos alienta tan magnífico agüero; pero su realización supone que las almas españolas queden liberadas de la domesticidad y el envilecimiento en que las ha mantenido la Monarquía, incapaz de altas empresas y de construir un orden que, a la vez, impere y dignifique. La República será el símbolo de que los españoles se han resuelto por fin a tomar briosamente en sus manos propias su propio e intransferible destino.

José Ortega y Gasset. Gregorio Marañón. Ramón Pérez de Ayala.

Las personas que deseen prestar su adhesión se dirigirán, preferentemente por escrito, a nombre de uno de los firmantes, Avenida de Pi y Margall, núm. 9, piso C. Despacho 17, indicando su profesión y domicilio.

¡DEBÉIS HACER COPIAS DE ESTE LLAMAMIENTO Y REPARTIRLAS ENTRE VUESTROS AMIGOS!

1931

When the history of a people flows within its daily normality it seems licit that each one live attentive only to his trade and devoted to his vocation. But when times of deep crisis arrive, in which every normality broken or lapsed, the new national destinies are about to be decided, it is obligatory for all to leave their profession and place themselves without reserve at the service of the public need. It is so notorious, so evident, that Spain finds herself today in an extreme situation of this kind that it would be an obstacle to insist upon it with procedures of inopportune grandiloquence. In the months, we would almost say in the weeks, that are coming upon us, the Spaniards must take upon themselves, whether they wish to or not, the responsibility of one of those great collective decisions in which peoples irrevocably create their own future. This conviction impels us to address ourselves today to our fellow citizens, especially to those engaged in professions akin to our own. We have never been political men; but we have presented ourselves in the ranks of the public contest whenever the size of the danger made it inexcusable. Now superlative are the urgency and the gravity of the circumstance. This, and no pretension whatsoever to understand the national affairs better than any other Spaniards, moves us to initiate with maximum activity a broad political campaign. Persons better endowed than ourselves for enterprises of this kind should have been the ones to initiate and direct the labor. But we have waited in vain for their call and since the case allows neither delay nor evasion, we find ourselves forced to do it ourselves, very much aware of our limitations.

The traditional Spanish State now reaches the final degree of its decomposition. This does not proceed from its having found itself faced with the hostility of powerful forces, but rather it succumbs corrupted by its own substantive vices. The Monarchy of Sagunto has not known how to become a nationalized institution, that is, a system of public Power that subordinated itself to the deep exigencies of the nation and lived in solidarity with them, but has been an association of particular groups that lived parasitically upon the Spanish organism, using public Power for the defense of the partial interests it represented. It has never sacrificed itself, accepting with generosity, the vital necessities of our people but, on the contrary, has always impeded their natural march along the historical routes, fostering its inveterate defects and discouraging every good inspiration. Hence it came about that day by day the Monarchy was left alone and ended by showing out in the open its true character, which is not that of a national State, but that of a public Power fraudulently converted into partiality and faction.

We believe that that old State must be replaced by another authentically national one. This word national is not vain; rather, it designates a way of understanding public life which what has happened in the world during the last years anew corroborates. Experiments such as fascism and Bolshevism mark the path by which peoples end up in blind alleys, therefore, barely born, they already suffer the lack of clear perspectives. In both it was sought to forget that, today more than ever, a people is a gigantic historical enterprise, which can only be carried out or sustained through the enthusiastic and free collaboration of all citizens united under a discipline more of spontaneous fervor than of imposed rigor. The enormous and unpostponable task of technical, economic, social and intellectual renovation that Spain has before itself cannot be undertaken unless it is achieved that each Spaniard give his maximum vital yield. But this is not possible unless a State is instituted which, by the breadth of its juridical and administrative base, allows all citizens to become solidary with it and to participate in its high management. Therefore we believe that the Monarchy of Sagunto must be replaced by a Republic that awakens in all Spaniards, at once, dynamism and discipline, calling them to the sovereign enterprise of resuscitating the history of Spain, renewing peninsular life in all its dimensions, attracting all capacities, imposing an order of clean and energetic law, giving to justice complete transparency, demanding much of every citizen: work, skill, efficacy, formality and the resolve to raise our country to the full altitude of the times.

But it is illusory to imagine that the Monarchy is going to yield gallantly the step to a system of public Power so opposed to its bad usages, to its privileges and selfishness. It will yield only under a formidable pressure of public opinion. It is, then, most urgent to organize that pressure, making that upon monarchical caprice weigh with supreme energy the republican will of our people. This is the immense labor that the moment demands. We place ourselves at its service. It is not a matter of forming a political party. It is not the season to divide but to unify. We propose to raise a very broad «Agrupación al Servicio de la República», whose efforts will tend to the following:

1st. Mobilize all the Spaniards of intellectual trade so that they form a copious contingent of propagandists and defenders of the Spanish Republic. We shall call upon all the professoriate and the teaching staff, upon the writers and artists, upon the doctors, the engineers, architects and technicians of all kinds, upon the lawyers, notaries and other men of law. Very especially we need the collaboration of the youth. Since it concerns deciding the future of Spain, the active and sincere presence of a generation in whose blood ferments the substance of the future is indispensable. From the heart we would extend to the priests and religious this appeal, which by force of being national would prefer to exclude no one; but the presumption that our persons lack sufficient influence over those respectable social forces restrains us.

As the «Agrupación al Servicio de la República» is not going to be modeled as a party, but rather to make a general levy of forces that combat the Monarchy, it is no inconvenience for enlisting in it to find oneself ascribed to the parties or groups that affirm the Republic, with which we shall seek to maintain permanent contact.

2nd. With this vanguard body, well disciplined and extended over all Spain, we shall act passionately upon the rest of the national body, exalting the great historical promise that is the Spanish Republic and preparing its triumph in constituent elections, carried out with the maximum guarantees of civil cleanliness.

3rd. But, at the same time, our «Agrupación» will be organizing, from the capital to the village and the hamlet, the new public life of Spain in all its strands, in order to achieve the solid installation and the exemplary functioning of the new republican State.

It matters much that Spain soon count upon an effectively constituted State, that it be like a good machine in readiness, because under the political anxieties of these years there beats something even deeper and more decisive: the awakening of our people to a more energetic existence, its renascent eagerness to make itself respected and to intervene in the history of the world. It is heard with frequency, beyond our borders, proclaimed, as the new fact of great proportions that looms on the horizon and will modify the future, the germinating Iberian resurgence on both sides of the Atlantic. So magnificent an omen encourages us; but its realization supposes that the Spanish souls remain freed from the domestication and the vileness in which the Monarchy has kept them, incapable of high enterprises and of constructing an order that, at once, commands and dignifies. The Republic will be the symbol that the Spaniards have at last resolved to take vigorously into their own hands their own and untransferable destiny.

José Ortega y Gasset. Gregorio Marañón. Ramón Pérez de Ayala.

The persons who wish to lend their adherence will address themselves, preferably in writing, in the name of one of the signatories, Avenida de Pi y Margall, no. 9, floor C. Office 17, indicating their profession and address.

YOU MUST MAKE COPIES OF THIS APPEAL AND DISTRIBUTE THEM AMONG YOUR FRIENDS!

1931

Quando la storia di un popolo scorre nella sua normalità quotidiana sembra lecito che ciascuno viva attento solo al proprio mestiere e dedito alla propria vocazione. Ma quando giungono tempi di crisi profonda, in cui, rotta o decaduta ogni normalità, stanno per decidersi i nuovi destini nazionali, è obbligatorio per tutti uscire dalla propria professione e mettersi senza riserve al servizio della necessità pubblica. È così notorio, così evidente, trovarsi oggi la Spagna in una situazione estrema di questa specie che sarebbe d’impaccio raccomandarlo con procedure di inopportuna grandiloquenza. Nei mesi, quasi diremmo nelle settimane, che sopravvengono hanno gli spagnoli da prendere su di sé, vogliano o no, la responsabilità di una di quelle grandi decisioni collettive in cui i popoli creano irrevocabilmente il proprio futuro. Questa convinzione ci spinge a rivolgerci oggi ai nostri concittadini, specialmente a quanti si occupano di professioni affini alle nostre. Non siamo mai stati uomini politici; ma ci siamo presentati nelle file della contesa pubblica ogni volta che la grandezza del pericolo lo rendeva inescusabile. Ora sono superlative l’urgenza e la gravità della circostanza. Questo, e non alcuna pretesa di intendere meglio di qualunque altro spagnolo gli affari nazionali, ci muove a iniziare con massima attività un’ampia campagna politica. Avrebbero dovuto essere persone meglio dotate di noi per imprese di questa specie a iniziare e dirigere l’opera. Ma abbiamo atteso invano il loro richiamo e poiché il caso non ammette né indugio né evasiva ci vediamo costretti a farlo noi, ben consapevoli dei nostri limiti.

Lo Stato spagnolo tradizionale giunge ora all’ultimo grado della sua decomposizione. Questa non procede dall’aver trovato di fronte a sé l’ostilità di forze potenti, ma soccombe corrotto dai propri vizi sostanziali. La Monarchia di Sagunto non ha saputo convertirsi in un’istituzione nazionalizzata, cioè in un sistema di Potere pubblico che si subordinasse alle esigenze profonde della nazione e vivesse solidarizzato con esse, ma è stata un’associazione di gruppi particolari che visse parassitariamente sull’organismo spagnolo, usando del Potere pubblico per la difesa degli interessi parziali che rappresentava. Non si è mai sacrificata, accettando con generosità, i bisogni vitali del nostro popolo ma, al contrario, ha sempre impedito il suo cammino naturale per le vie storiche, fomentando i suoi difetti inveterati e scoraggiando ogni buona ispirazione. Di qui che giorno per giorno la Monarchia sia andata rimanendo sola e sia finita col mostrare all’aperto il suo vero carattere, che non è quello di uno Stato nazionale, ma quello di un Potere pubblico convertito fraudolentemente in parzialità e in fazione.

Noi crediamo che quel vecchio Stato debba essere sostituito da un altro autenticamente nazionale. Questa parola nazionale non è vana; anzi, designa un modo di intendere la vita pubblica che quanto è accaduto nel mondo negli ultimi anni corrobora di nuovo. Esperimenti come il fascismo e il bolscevismo segnano la via per cui i popoli andranno a finire in vicoli ciechi, perciò, appena nati, soffrono già la mancanza di chiare prospettive. Si volle in entrambi dimenticare che, oggi più che mai, un popolo è una gigantesca impresa storica, la quale può soltanto essere portata a termine o sostenuta mediante l’entusiasta e libera collaborazione di tutti i cittadini uniti sotto una disciplina più di spontaneo fervore che di rigore imposto. L’enorme e inappellabile compito di rinnovamento tecnico, economico, sociale e intellettuale che la Spagna ha dinanzi a sé non può essere affrontato se non si riesce a far sì che ogni spagnolo dia il suo massimo rendimento vitale. Ma questo non è possibile se non si instaura uno Stato che per l’ampiezza della sua base giuridica e amministrativa permetta a tutti i cittadini di solidarizzare con esso e di partecipare alla sua alta gestione. Perciò crediamo che la Monarchia di Sagunto debba essere sostituita da una Repubblica che risvegli in tutti gli spagnoli, a un tempo, dinamismo e disciplina chiamandoli alla sovrana impresa di risuscitare la storia di Spagna, rinnovando la vita peninsulare in tutte le sue dimensioni, attirando tutte le capacità, imponendo un ordine di legge pulita ed energica, dando alla giustizia completa trasparenza, esigendo molto da ogni cittadino: lavoro, destrezza, efficacia, formalità e la risoluzione di sollevare il nostro paese fino alla piena altezza dei tempi.

Ma è illusorio immaginare che la Monarchia ceda galantemente il passo a un sistema di Potere pubblico tanto opposto ai suoi cattivi usi, ai suoi privilegi e ai suoi egoismi. Si renderà soltanto sotto una formidabile pressione dell’opinione pubblica. È, dunque, urgentissimo organizzare quella pressione facendo sì che sul capriccio monarchico pesi con somma energia la volontà repubblicana del nostro popolo. Questa è l’opera ingente che il momento reclama. Noi ci mettiamo al suo servizio. Non si tratta di formare un partito politico. Non è stagione di dividere ma di unificare. Ci proponiamo di suscitare un’ampissima «Agrupación al Servicio de la República», i cui sforzi tenderanno a quanto segue:

1.º Mobilitare tutti gli spagnoli di professione intellettuale affinché formino un copioso contingente di propagandisti e difensori della Repubblica spagnola. Chiameremo tutto il corpo docente e il magistero, gli scrittori e gli artisti, i medici, gli ingegneri, gli architetti e i tecnici d’ogni sorta, gli avvocati, i notai e gli altri uomini di legge. Molto specialmente abbiamo bisogno della collaborazione della gioventù. Trattandosi di decidere il futuro della Spagna, è imprescindibile la presenza attiva e sincera di una generazione nel cui sangue fermenta la sostanza dell’avvenire. Di cuore estenderemmo ai sacerdoti e ai religiosi questo richiamo, che a forza di essere nazionale preferirebbe non escludere nessuno; ma ci trattiene la presunzione che le nostre persone manchino di sufficiente influsso su quelle rispettabili forze sociali.

Poiché l’«Agrupación al Servicio de la República» non si modellerà come partito, ma farà una leva generale di forze che combattano la Monarchia, non è sconveniente, per arruolarsi in essa, trovarsi iscritti ai partiti o gruppi che affermano la Repubblica, con i quali cercheremo di mantenere un contatto permanente.

2.º Con questo organismo di avanguardia, ben disciplinato ed esteso su tutta la Spagna, agiremo appassionatamente sul resto del corpo nazionale, esaltando la grande promessa storica che è la Repubblica spagnola e preparando il suo trionfo in elezioni costituenti, eseguite con le massime garanzie di pulizia civile.

3.º Ma, al tempo stesso, la nostra «Agrupación» andrà organizzando, dalla capitale fino al villaggio e alla cascina, la nuova vita pubblica della Spagna in tutti i suoi fasci, al fine di ottenere la solida instaurazione e l’esemplare funzionamento del nuovo Stato repubblicano.

Importa molto che la Spagna conti presto su uno Stato efficacemente costituito, che sia come una buona macchina in punto, perché sotto le inquietudini politiche di questi anni pulsa qualcosa di ancora più profondo e decisivo: il risveglio del nostro popolo a un’esistenza più energica, il suo rinato desiderio di farsi rispettare e di intervenire nella storia del mondo. Si ode con frequenza, al di là delle nostre frontiere, proclamare, come il nuovo fatto di grandi proporzioni che si profila all’orizzonte e modificherà l’avvenire, il germinante risorgere iberico a entrambi i lati dell’Atlantico. Ci incoraggia così magnifico auspicio; ma la sua realizzazione suppone che le anime spagnole restino liberate dalla domesticità e dall’avvilimento in cui le ha mantenute la Monarchia, incapace di alte imprese e di costruire un ordine che, insieme, imperi e dignifichi. La Repubblica sarà il simbolo che gli spagnoli si sono risolti finalmente a prendere vigorosamente nelle proprie mani il loro proprio e intrasferibile destino.

José Ortega y Gasset. Gregorio Marañón. Ramón Pérez de Ayala.

Le persone che desiderino prestare la loro adesione si dirigeranno, preferibilmente per iscritto, a nome di uno dei firmatari, Avenida de Pi y Margall, n. 9, piano C. Ufficio 17, indicando la loro professione e il loro domicilio.

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1931