Abstract
Only Pablo Iglesias, Castrovido, Domingo and Soriano have gone on defending a liberty that is neither vague nor rhetorical but “the grandmother liberty”, the elementary norm of modern public life won by Cromwell’s soldiers under the motto Vestigia nulla retrorsum. Ortega demands an account of their absence from the press and the party that live off the adjective “liberal”: if liberalism compromises on this cardinal point, it has lost everything, and honour above all.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Pablo Iglesias, Castrovido, Domingo, Soriano han sido los únicos que han creído forzoso seguir hablando de este tema. Por ello merecen gratitud. Pero el haberse quedado solos en la arena estos hombres de tan radicales fisonomías, puede hacer pensar que su demanda es de aquéllas utópicas y problemáticas, que suelen ir tejidas en las banderas de los partidos extremos.
Y, sin embargo, lo que ahora defienden no es un sentido vago, acaso retórico de la palabra libertad, tras del cual puedan los temperamentos medrosos columbrar graves mudanzas del régimen social. No; la libertad que ahora defienden es la más clara, concreta y definida. Ni siquiera es la libertad madre que proclama la Revolución francesa, ya un poco vestida de democracia. No; es la libertad más añeja, la libertad abuela, la norma elemental y base postrera de toda la vida pública moderna, la que conquistaron aquellos soldados místicos de Cromwell, en pos de gloriosos estandartes donde se leía esta frase espléndida: Vestigia nulla retrorsum, «ninguna huella hacia atrás». ¡Símbolo exquisito donde se funden el propósito de no volver la espalda al enemigo, y una como amonestación a la posteridad para que no retroceda de aquel día hacia atrás, tiempo abajo!
¿Por qué han quedado solos esos hombres? ¿Es honesta esta ausencia de liberales? ¿No se dice la mayor parte de la Prensa española Prensa liberal? ¿No vive de esa calificación? ¿Y el partido liberal? ¿No goza, usa y abusa de los instrumentos políticos, no reparte sueldos y apoyos y sinecuras y poderíos merced a ese adjetivo?
El señor Dato ha administrado, día por día, un año entero, al partido conservador el sacramento de la confirmación. Con gusto muy dudoso ha recalcado una vez y otra ante el señor Maura que su partido se llama liberal-conservador.
Sí; la vida, sobre todo la vida política es pacto, es compromiso. ¿Quién no lo sabe? Mas, por lo mismo, hay últimos reductos que no es lícito comprometer. El absoluto compromiso no es ni compromiso; el pacto supone la reserva de algo en beneficio de lo cual se rinde alguna otra cosa. Precisamente, porque la vida es compromiso, no es la vida entrega, renuncia ni abyecta sumisión.
Ahora bien, si el liberalismo pacta en este punto cardinal, última esencia de su espíritu, no cabe decir que pacta, sino que lo ha perdido todo, muy especialmente el honor.