Abstract

A letter to Roberto Castrovido (El País, 21 November 1913) about the tribute to Azorín: Ortega asks that it take no tone of tumult or coercion against the Academy, since “that lady is impregnable”, and that seats not be assigned by plebiscite — democracy belongs at the polls, academies should govern themselves by vaguely aristocratic procedures. An occasional literary letter.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Señor don Roberto Castrovido.

Mi muy estimado amigo: Al anunciar hoy El País la fiesta modestísima que vamos a dedicar a Azorín, da al homenaje un carácter turbulento que, en opinión de algunos entre los iniciadores, ni tiene ni es bueno que tenga. Es conveniente, cuando es posible, mover una revolución contra la Bastilla, porque la Bastilla puede, al cabo, tomarse, aunque con dificultad. Pero no cabe hacer un motín contra la Academia, porque esta dama es inexpugnable. Bastaría que nuestro acto tomara un cariz ligero de imposición y viva protesta para que la Academia elevara a caso de conciencia la exclusión de Azorín.

Mas se trata, no de darnos el buen sabor de disparar unos cuantos adjetivos contra la venerable institución, sino de marcar simplemente nuestro justificado deseo de que Azorín sea académico. No debemos aspirar a que los sillones de inmortalidad sean ocupados según un régimen plebiscitario. Llevemos la extrema democracia a los comicios y al Parlamento, dejando que las Academias se gobiernen por vagos procedimientos aristocráticos.

No puede olvidarse que la desatención hacia la literatura, hacia la poesía, hacia el arte en general llega en nuestros días al grado ínfimo que aun dentro de España había tocado. Así es posible que un artista de la calidad de Azorín sienta en torno suyo un vacío y ausencia de gratitud verdaderamente irritante. Porque parece fuera de duda que algunas páginas de este escritor seguirán irradiando noble emoción estética dentro de algunos siglos. Luego, cuando el tiempo pasa, se sonrojan los españoles de haber dejado vivir en el olvido y el desdén a sus mejores artistas.

Se trata de esto simplemente: corregir la desatención pública de que entra a participar la Academia, por lo visto. En algunos pueblos suramericanos La ruta de Don Quijote ha sido declarado libro oficial de lectura en las escuelas. ¿Qué se ha hecho en España de semejante?

Vayamos, pues, no en contra de la adusta dama Academia, sino en pro de Azorín. Sin proceder al motín, querido Castrovido, vamos a ver cómo recurrimos de la Academia distraída a la Academia atenta, o —como es uso en la corte vaticana— de la Academia mal informada a la Academia con mejores informes.

Por lo visto, ignora esta Corporación hijadalgo que sea cual sea la opinión de uno u otro señor académico, acontece el hecho innegable, indiscutible, de ser Azorín el escritor español que con mayor eficacia fomenta hoy, entre la gente joven, la lectura de los libros castizos. Ha acertado con la brecha por donde la sensibilidad moderna puede penetrar en el recinto de la literatura vieja. Podrá, repito, algún señor académico opinar adversamente respecto a ese modo de leer lo antiguo; pero el hecho de su eficacia es tan patente que no podrá borrarlo ni encubrirlo esa modesta opinión particular.

Y cuando no lográramos nada, nos cabría el placer de haber estado en Aranjuez con Azorín, escritor romántico, viendo cómo en un día de otoño, alanceados por el sol, se convierten los árboles de los jardines en altas llamaradas de oro.

De usted buen amigo, José Ortega y Gasset.

El País, 21 de noviembre de 1913