Abstract
A letter to the editor of Luz (1 April 1933) correcting opinions attributed to him: Ortega states that since late August he has suspended all political activity and reduced himself to “the negation of politics”, café and tertulia politics, “irresponsibility constituted”. He recalls his December 1931 lecture demanding a demarcation of responsibilities and disowning the way the governing men understood the Republic. A biographical-political document.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Señor director de Luz.
Muy Señor mío: Ruego a usted que dé cabida en el número de hoy a las siguientes manifestaciones:
En un periódico mañanero se afirma que la nota firmada por casi todas las oposiciones republicanas del Parlamento me había parecido admirable, aunque, tal vez, suave.
La verdad estricta sobre el particular es ésta:
Primero. A fines de agosto suspendí mi actuación política, no sólo la parlamentaria, sino absolutamente toda, de suerte tal que nadie con verecundia puede sostener que desde esa fecha haya yo ejecutado acto alguno político de organización ni aun de simple opinión, paladino ni latente, directo ni indirecto, a flor de tierra o subterráneo. De la manera más rigorosa me he reducido a lo que siempre he considerado como la negación de la política, que es la política de café y tertulia. Política es responsabilidad, y la tertulia, sobre todo en España, es la irresponsabilidad constituida, la irresponsabilidad en el hablar y, lo que es peor, la irresponsabilidad en el oír y repetir.
Segundo. Sin que precediera por mi parte el más leve deseo ni insinuación, algunas personas, en virtud de razones particulares y privadísimas, me comunicaron ayer mañana la nota de las oposiciones. Esto es un hecho. Pero es por completo inexacto que yo la calificase de admirable ni de no admirable, de áspera ni de asaz suave. Quien conozca algo mi modo habrá rechazado desde luego como apócrifo tal juicio, porque sabe que no acostumbro a juzgar mediante adjetivos sueltos que no van respaldados por algún sustantivo, es decir, por un intento, aunque sea vano, de analizar la cuestión misma de que se trata.
Lo que opino sobre esa nota no tengo por qué decirlo. Otra cosa significaría quebrantar mi parálisis política. La razón de ésta procuraré explicarla —y bien a fondo— cuando llegue la hora oportuna. Pero, entre tanto, no estoy dispuesto a que mi hacer y omitir estén a merced de mis enemigos ni de mis amigos. Lo menos lícito de todo sería no actuar en apariencia y operar subrepticiamente.
La única excepción, si puede considerarse tal, de mi apartamiento político, fue colaborar a primeros de octubre en la disolución de la Agrupación al Servicio de la República y de la minoría parlamentaria que llevaba este nombre. Desde entonces no han tenido los periódicos el más ligero pretexto para ocuparse de mí.
Y es ya bastante penoso obligar a decir ahora cosas un poco tonitruantes a un hombre que interrumpió su ejercicio político sin ruido alguno, apagándose lentamente, borrándose poco a poco para intentar que ni siquiera fuera notada su aspiración a no existir.
Pero esto no es sino un síntoma, al fin y al cabo minúsculo, de la inconcebible ligereza con que muchos españoles asisten a la agravación progresiva del destino nacional, agravación que se produce en pura pérdida para todos y sin que nadie, que no sea ciego, pueda hacerse ilusiones siquiera de que va a ser él quien se beneficie del mal. En una conferencia dada en diciembre de 1931 reclamé un deslinde de responsabilidades y me hice insolidario de la manera como se entendía por los gobernantes la República. Hice un llamamiento a la opinión y a ciertos grupos políticos, apoyando la apelación en que mi carácter de semiinválido excluía por mi parte toda pretensión de mando y, en consecuencia, las suspicacias harto humanas que despierta en un país de eternos indóciles la cuestión de jefatura. Pero ni la opinión ni los grupos políticos me hicieron el más ligero caso. Este fracaso rotundo y perfecto me da derecho a un silencio cuando menos transitorio.
Valga, pues, esta carta como rectificación de cuanto se me ha atribuido en los meses pasados y pueda adscribírseme en los venideros sin que mi firma ni otro signo de autenticidad lo corrobore. No estoy, claro está, dispuesto a movilizarme en rectificaciones cuando lo considere oportuno el prójimo ligero o insolente.
Doy a usted gracias anticipadas por permitirme hacer gemir sus prensas y le saludo atentamente, seguro servidor, José Ortega y Gasset.
Luz, 1 de abril de 1933