Abstract

Article arguing that alongside moral conscience there is a political (=historical) conscience, a sensibility for what is historically necessary; in History only the authentic triumphs. Brief political reflection.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Esto será simpático a los unos y antipático a los otros. Pero la política está a cien leguas de las simpatías y las antipatías, de los gustos y disgustos, que son cosas del plano casero y privado. No hace mucho recordaba yo las palabras que a Goethe dijo un día Napoleón: «Hoy, el destino es la política». Es decir, lo contrario del capricho y del puro gusto. Política es lo que hay que aceptar, quiérase o no. Política no es hacer o pedir que se haga lo que a uno le gusta, sino lo que irremisiblemente hay que hacer, coincida o no con nuestras preferencias. Yo sostengo que en todo hombre hay, junto a la conciencia moral que, insobornable, sentencia sobre nuestros propios actos, una conciencia política que, en oposición a veces con lo que sostenemos públicamente, nos dice qué es «lo que hay que hacer». Bien pronto se percibe cuando el prójimo actúa en desacuerdo con su propia, insobornable conciencia política, que en definitiva es la conciencia histórica, la sensibilidad para lo históricamente necesario. Entonces tenemos la impresión clara de una «política falsa», donde falso no significa «opuesto a nuestro modo de pensar», sino en absoluto falso, es decir, sin autenticidad, sin realidad histórica. A lo mejor somos nosotros mismos quienes nos sorprendemos «en falso». Yo no oculto mi sospecha de que muchas cosas hechas y dichas desde que advino la República son de esta especie, nada o poco auténticas. Tal vez me equivoque. Cuando llegue el momento reconoceré mi error con letras mayúsculas. Pero, entretanto, conviene tener presente esta ley tan perogrullesca como rigorosa: en la Historia sólo triunfa lo auténtico.