Abstract

Unsigned polemical note (España, 5 February 1915) replying to Azorín’s attack on the journal España, defending its non-partisan character. Occasional journalism with no philosophical content.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Cuando teníamos cerradas las planas de este número nos vemos obligados a romper una para poder contestar al ataque lamentablemente insidioso que llega a España de quien menos lo podíamos esperar: de Azorín. Toma venganza de los juicios que en nuestro primer número emitíamos sobre el discurso del señor La Cierva. Valiéndose de que España, nacido ayer y aspirando a crear una nueva manera de colaboración patriótica superior a las diferencias entre los partidos, no tiene aún derecho a exigir del público benevolencia y clara comprensión de sus propósitos, pretende ingenuamente Azorín ponernos en un aprieto. ¿Cómo? Muy sencillo: obligando a algunos de sus redactores, que individualmente están afiliados a un determinado partido (como otros a otro y muchos a ninguno), a una de dos cosas: o aparecer desafectos a la colectividad política donde con plena consciencia inscribieron sus nombres o traer a las columnas de España la defensa ditirámbica de aquélla; más aún, la apología personal de su jefe, uso este último que Azorín tristemente cultiva. Ahora bien; a España no le corresponde hacer esto, porque no hay en ella un director que imponga una política, sino que va dirigida por la cordial comunidad de sus redactores y colaboradores, muchos ajenos a todo grupo. Y por otra parte, aquellos redactores nuestros seguirán fieles al partido en que su leal convicción les puso, declarando así, mejor que con palabras, que piensan de la esencia de ese partido y de las cualidades políticas de su jefe todo lo contrario que Azorín.

Hay otras vagas alusiones en el artículo de Azorín que ni recogerse pueden sin que los dedos que las recojan queden en ridículo, pues consisten en poco delicadas confrontaciones personales que, seguramente, a nadie enojarán más que a la modesta personalidad que aparentemente quieren enaltecer.

¿Y cómo hablar en serio nosotros de si un director de partido debió llevar al Congreso, y no quiso, a este o al otro ciudadano? ¿No significa esa frase, que subrayamos, el acto más feo de la más fea y vieja política? ¿No sabe Azorín, tan bien como nosotros, que los redactores de España, si no han ido al Congreso será o porque no han querido o porque no han tenido electores?

He ahí cómo nuestra sinceridad salva todas las inhábiles habilidades con que Azorín, acaso abusando de que la conoce muy bien, quiere acongojarnos. Sólo sentimos un gran dolor al tener que decir a Azorín, el egregio artista: la amistad, tan delicadamente cuidada por nosotros, queda herida de gravedad. Como a nadie, podíamos exigirle que respetara estos comienzos de la vida de España, cuyas intenciones y patriótica eficacia conoce igual, ni más ni menos, que nosotros. ¡Y estas palabras de dolor, respetables por encima de toda habilidad, sean las últimas!

Publicado sin firma, España, 5 de febrero de 1915