Abstract
A 1933 article: after the electoral victory of the “right”, Ortega asks whether they triumphed against a policy or against a Regime, distinguishing a Regime (an indefinite series of policies and governments) from any single policy. He argues the Republic was not “brought” by anyone but is the destiny Spain is in.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
En cambio, no es nada clara, antes bien, oscura y peligrosa, la situación en que la actitud de las llamadas «derechas» coloca a la vida pública española.
Se habla de su triunfo. A primera vista, esta expresión no hace sino enunciar un hecho notorio. Yo creo, sin embargo, que cuando se quiere precisar su sentido nos encontramos con una cuestión sobremanera confusa y grave. Comprenderán que nada hay más lejos de mi ánimo que el más leve intento de podarles la frondosidad de su victoria. Pero yo vivo en permanente servicio de mi nación. De ordinario procuro hacerlo con el menor ruido posible y eludiendo hasta el extremo intervenir en cuanto no me concierne. Mas todo grave asunto nacional me concierne de modo intrasferible. No está, pues, en mi albedrío callar ahora. No tengo más remedio que aclararme a mí mismo y luego a mis compatriotas lo que puede significar ese triunfo de las «derechas».
¿Qué quiere decir éste? Hay que responder sin subterfugios, evasivas ni equívocos. ¿Han triunfado contra una política o contra un Régimen? La diferencia es esencial. La confusión de ambas cosas, inmoral y mal preñada de enormes daños. Porque un Régimen no es una política ni un gobierno: es una serie indefinida de políticas y de gobiernos. Y ya hemos visto que esta República, menos que ningún otro Régimen, ha sido «traída» por la política de unos políticos. Creer lo contrario es hacerse ilusiones, estorbar la génesis de la nación y correr el riesgo de topar malamente, de bruces, con la áspera realidad.
¿Qué son, pues, las «derechas» triunfantes? ¿Otra política u otro Régimen?
El hecho de que a estas horas sea todavía necesario preguntarlo, revela un vicio muy radical en la propaganda que han hecho. Se han dirigido al país sin claridad en lo más esencial, hasta el punto de ocasionar el hecho sin ejemplo de haberse producido incuestionablemente un triunfo y que a estas horas no se sepa a quién corresponde. Se sabe la victoria y se ignora el triunfador. Repito una vez más: ¿Quién ha vencido? ¿Una política? ¿Un Régimen? Para colmo, ni aun suponiendo esto último, se aclara la duda. Porque, ¿qué Régimen habría triunfado admitiendo que no sea la República? ¿La Monarquía? ¡Perdón! —¿Cuál? Porque en el vientre caótico de esas «derechas» van dos.
Véase cómo tiene una significación sobremanera problemática esa expresión que parece tan sencilla: triunfo de las «derechas». Pirandello diría que es un triunfo en busca de triunfador.
Se dirá que las «derechas» no son más que una coalición de propaganda electoral impuesta por la necesidad de luchar contra el marxismo. Pero esto no basta, ni siquiera, como excusa hacia el pasado, y envuelve propia acusación contra el presente y el porvenir. Las coaliciones electorales que no implican una política positiva bajo cuyo emblema los coligados puedan gobernar juntos es… pura demagogia. Yo aplaudo —otra cosa me parecería robar a alguien lo que es suyo— el coraje y la constancia con que han combatido en una atmósfera difícil y hasta peligrosa. Pero desde el punto de vista de la construcción nacional han faltado al deber de afirmar una política, contentándose con negar, con ser antimarxistas. Bien: ya sabemos lo que anti-son; ahora es de toda urgencia que el país sepa quién son.
Prolongar la situación indecisa puede ser ultragrave para el inmediato porvenir. Porque es evidente que en la duda de si el conjunto amorfo de las «derechas» representa el combate en pro de una política o la subversión contra un Régimen, todos los que creemos que este Régimen, la República, no es un azar, ni una trastada, ni una manía, ni una «doctrina», sino lisa y llanamente el destino en que España está, tendremos que comportarnos aceptando el término más grave del dilema y enfrontarnos con las «derechas» no como se lucha contra otra política, sino como se pelea contra otro Régimen. Sobre su equívoco e indecisión gravitará la responsabilidad de la mala inteligencia y de sus estragos.