Abstract
A chronicle of 24 January 1913 on the optimism that seems to envelop Spain after the methodical pessimism inherited from 1898. It distinguishes two patriotisms: the static, sensual one that enjoys the fatherland as an object of pleasure, and the severe one for which the fatherland is always something still to be made, criticism of the fathers’ land and construction of the sons’.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Madrid, 24 de Enero de 1913
Hará sobre dos meses que en una carta describía yo la atmósfera de optimismo que envolvía a España. Acaso pareciera que un vago estado de espíritu, flotando tal vez por un momento sobre una nación, no podía ser sujeto para la atención de un cronista político. Sin embargo, yo insistía mucho en aquella tonalidad del ánimo ambiente. Una razón me movía a ello, una razón por lo pronto sugestiva. El cronista pertenece a una generación cuya conciencia despertó en la hora de 1898. Ésta ha sido la única fecha histórica que ha vivido y esta fecha significaba simplemente el aniquilamiento subitáneo de la historia de España— de una España quiero decir.
Nacida bajo tales auspicios, aquella generación no ha tenido más disciplina que la desconfianza y en los ámbitos de su alma sólo había lugar para el pesimismo y una crítica y áspera visión de la vida. De 1895 a acá no hemos tenido motivo real para ser infieles a aquel bronco pesimismo, a aquella avizora crítica que han sido para nosotros como una religión. Bien entendido que ese pesimismo y su crítica no se parecían en nada a la epogé, apartamiento o inacción de los estoicos: era todo lo contraria, era una forma de densa actividad social. Me explicaré.
Hay dos formas del patriotismo, una llama patria a un conjunto de perfecciones incomparables que supone vertidas por Dios o el azar sobre la tierra en que nació. Su patria le parece lo mejor del mundo, y en consecuencia, manifiesta su patriotismo gozando de esa optimidad. Éste es el patriotismo estático, sensual, para quien es patria un objeto de placer.
Pero hay otro patriotismo más severo y fecundo, todo él pura energía y laborioso fervor. Es aquél que aspira a mejorar con la obra de sus manos, con las propias virtudes, la sociedad en que viene a nacer. El pasado y el presente son mengua siempre frente a los que puede ser el porvenir. Patria no son las grandezas pretéritas o actuales de una sociedad sino lo que esta sociedad puede ser si la empuja el heroísmo. La patria es siempre algo por hacer no lo hecho ya: la patria es la perfección de la patria, y el patriotismo verdadero crítica de la tierra de los padres y construcción de la tierra de los hijos.
De este género ha sido el patriotismo de la nueva generación. Han ejercido un pesimismo metódico, una crítica terapéutica para desencajar de la vieja España, que había sido muerta, una España germinal.
Durante este otoño, por vez primera desde 1898, pareció como si entrara nuestro pueblo en una primavera histórica y sintiera hormiguear en sus miembros savia de renacimiento. Era, como indiqué entonces, algo muy vago, de que apenas podían buscarse motivos concretos, pero al fin y al cabo una realidad sentimental. Mas vamos viendo claro en aquella emoción colectiva. Lo sentimental se va concretando en hechos. Las reservas que hace dos meses me imponía aquella desconfianza matriz de 1898 pueden ser retiradas. Una nueva fecha histórica viene a unirse en nuestros corazones a aquella fatal, 1913 ha abierto súbitamente con una rapidez insospechada y una claridad que esperábamos las esperanzas españolas.