Abstract

An economic programme for 1932: convene at once a National Economic Council of technicians, liquidate the Dictatorship’s debts, balance the budget, end currency intervention. It proposes an organised economy “beyond capitalism and socialism”, with workers and capital as organs of the Nation and the broad lines of the economic process regulated by the State.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

No se debe tardar un día más en reunir un Consejo de Economía Nacional formado por técnicos nacionales, e incluso extranjeros si fuera preciso, sin otra misión por lo pronto que formar rápidamente un dictamen sobre la situación actual y próximas posibilidades de nuestra economía. España necesita un credo económico nacional cuyas grandes líneas consten en todas las conciencias españolas. Sólo de esta manera se podrá en serio exigir que todo interés particular quede supeditado al común, porque sólo así podrá ver con claridad el país entero dónde el apetito privado se excede y muerde en el beneficio general.

La realización de las obras que ejecute el Estado ha de quedar sujeta a los principios que el Consejo de la Economía establezca y las obras públicas nacionales se acomodarán en su plan a las necesidades del aumento de riqueza y en su ritmo a las posibilidades del presupuesto y a las exigencias del paro obrero.

Toda la obra de la política económica deberá moverse dentro de las líneas generales de ese dictamen pues aunque éste contuviera algunos errores siempre serían menos graves que los cometidos por una política a salto de mata.

Es evidente que en 1932 se impone ante todo una liquidación del pasado. Hay que pagar las deudas contraídas principalmente por la Dictadura y el Gobierno que la sucedió; hay que conseguir heroicamente una aproximada nivelación del presupuesto. Todo ello con el exclusivo fin de sanear el presente y poder partir sobre terreno sólido. Urge sobremanera cambiar enérgicamente el tratamiento de nuestra moneda: es preciso lo antes posible acabar con la intervención, no tanto porque en ella se sacrifique el oro del Banco y del Tesoro, sino porque se sacrifica en vano. Pero si el año de 1932 tiene que ser de restricción y máximas economías, hay que preparar para 1933 el lanzamiento del país a empresas económicas de alto bordo. Para que esto sea posible vayamos ganando días. Empréndase desde luego la enseñanza y la propaganda de las nociones económicas por todo el país. Iníciese la creación de una burocracia con nuevo espíritu: sin una fuerte burocracia no hay un Estado fuerte. Y es de tanta mayor urgencia que éste exista cuanto que hace falta su intervención, por encima de la Hacienda pública, en la economía toda de la Nación. Vayamos a una economía organizada —más allá del capitalismo y socialismo— en que las grandes líneas del proceso económico sean reguladas por el Estado a fin de que dentro de ellas pueda aprovecharse el esfuerzo insustituible de la empresa privada. Con el obrero y con el capital como órganos de la Nación. Frente al capital y frente al obrero en su egoísmo separatista.