Abstract
A 1915 editorial: Dato’s government has wasted seven months and leaves Spain exposed to three imminent dangers — famine, the naval blockade, Italy’s entry into the war. Topical political journalism, no philosophical content.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
En pocas palabras. Nosotros creemos que el Parlamento debiera ser cosa muy distinta de lo que es. Pero mientras no sea sustituido por otra cosa mejor —cuando haya solaz y España no esté en peligro como hoy está, teorizaremos sobre la sustitución del Parlamento—, el Gobierno tiene que respetar a las Cortes y regir con ellas. Si en alguna ocasión era forzoso este corrompimiento, parece evidente que había de serlo ahora.
El Gobierno ha hecho perder a España siete meses: esta pérdida será acaso fatal. En lugar de incitar la energía nacional, la ha adormecido y desparramado. En vez de organizar vertiginosamente nuevas fuerzas colectivas, crea la Junta de Iniciativas para hacer de ella una burla. Anuncia urgentes proyectos sobre el ejército, que al punto retira. Lee bocetos de leyes económicas —alguno como el consorcio de Bancos, digno de esperanzas—, y huye de las Cortes sin tratar de ellos. Aprueba sólo la ley de subsistencia, que es tardía, innecesaria e inútil —según verá en otra columna el lector.
Y en tanto, el pueblo callado, inerte, va derecho a una gravísima situación.
Hoy ya están ante el país tres crueles enigmas que pueden ser tres plagas. ¿Qué podrá hacer frente a ellas este débil Gobierno de cañahejas?
Son tres, están ahí, a la puerta.
El hambre. Vea el lector en esta página el comienzo de nuestra información sobre el asunto, donde, por el pronto, sólo damos los datos más superficiales. De los cuatro vientos nacionales nos llegan cartas que son lamentos: «¡El hambre llega!» «¡Se acaba el trigo!» «¡Se cierran las fábricas!»
El bloqueo. Un terrible silencio de los periódicos, de los partidos, del Gobierno. El pueblo callado, inerte, sin preparar sus reacciones. De súbito, un día de éstos —¿no es ello más que posible?— un barco español queda deshecho por un submarino. ¿Qué hace España? Porque en estos menesteres no son los Gobiernos en la intimidad de sus despachos quienes actúan, son las naciones. ¿Pero quién ha dispuesto los nervios, el corazón, la fantasía del pueblo?
Italia. Sí, lector. Insistimos. La Prensa calla también en este punto, callan los partidos, calla el Gobierno. Pero ya no debía ser un misterio. Ya saben muchos que Italia marcha al Cadore. ¿Lo saben los periódicos, lo saben los partidos? ¿Por qué no orientan a tiempo las emociones populares? Cualquier evento de esta índole se convierte a las veinticuatro horas en una catástrofe. Esto aconteció en Melilla en 1909, y el pueblo tuvo una convulsión. Y se le castigó impíamente, como si alguien se hubiera, en sazón, curado de su pobre espíritu.
El Gobierno no puede ignorar a estas horas que Italia marcha al Cadore.
El hambre, el bloqueo, Italia beligerante: son tres peligros inminentes. Frente a ellos, el Gobierno solo.
¿Solo? ¡Ah, no! Esto conviene decirlo con sencillez, pero claramente, para que conste. Todos los partidos son responsables de lo que ahora hace un Gobierno a quien tratan de Gobierno nacional. ¡Bueno fuera otra cosa! Honradamente hemos de decir que el señor Dato tiene algo en su haber: la paciencia con que acepta no ser combatido en esta hora dificilísima por los demás partidos.
En esta hora de esencial patriotismo los partidos liberales no quieren exponerse a gobernar —¡ellos que siempre han mendigado el Poder! Esperan que llegue el buen tiempo. Pero entonces España entera les recordará su falta de patriotismo.
España, 26 de febrero de 1915