Abstract
A corporate notice from the newspaper El Imparcial to its readers about its reorganization as a joint-stock company under Nicolás María Urgoiti and the purchase of new printing machinery. Non-philosophical text.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Casi al mismo tiempo de iniciarse los acontecimientos políticos que tanto han conmovido la conciencia nacional, entraba El Imparcial en una nueva forma de interna organización. Solicitada la atención pública por aquellos graves hechos, nos pareció poco delicado invitarla a fijarse en asuntos privados de esta casa. Ahora aprovechamos el primer instante de aparente calma, para poner a nuestros lectores en conocimiento de ellos.
Al separarse El Imparcial de la Sociedad Editorial de España, se constituyó en Sociedad anónima. Tal Sociedad aspiraba a producir en este periódico, de tan larga tradición, transformaciones materiales y técnicas lo bastante amplias para que significasen una renovación radical en la fisonomía de la Prensa española.
Semejante propósito vino a coincidir con el proyecto de fundar un gran diario de novísimo carácter, que, ya muy adelantado, ocupaba a don Nicolás María Urgoiti, presidente de Prensa Gráfica. Paso a paso, tomando toda la vuelta que una seria construcción requiere, el señor Urgoiti se esfuerza desde hace mucho tiempo en asegurar la reforma y ampliación de la Prensa periódica y del libro en nuestro país.
Para que un diario español pueda desprenderse de su viejo cuerpo y adquirir el complejo organismo de los nuevos periódicos mundiales, dos cosas eran imprescindibles: un aumento decisivo del capital social, y una voluntad inequívoca, resuelta, de mantener la publicación libre de toda proximidad con persona o partido político alguno. La abundancia de medios garantiza o incita a la más arisca independencia. La historia de la Prensa diaria nos cuenta de periódicos honrados que no halagaron a los poderosos e influyentes, pero, en cambio, cedieron en horas confusas a la muchedumbre, forzados a acrecentar su venta por medio de la adulación populachera.
Creemos que un periódico que sólo periódico puede ser, pero que quiere serlo plenamente, debe caminar guiado por una grave conciencia de su responsabilidad social. Es un creador o educador de opinión: no un siervo de ella. Por esto, deberá de antemano abrirse un sendero expedito, que aparezca exento de peripecias y de urgencias hasta el límite visible del horizonte.
Todo esto trae a El Imparcial la nueva Sociedad, presidida por el señor Urgoiti. Esperamos, pues, que el título de nuestro periódico signifique en más literal y pleno sentido. En mejores condiciones que nunca, con un íntimo retomar de esfuerzos y esperanzas, proseguimos nuestra ruta, aspirando a ejercitar día por día un patriotismo reflexivo, severo y constructor.
Pero no es esta sazón para programas. Los propósitos se irán manifestando en un vocabulario de hechos. Hay, sin embargo, un plazo ineludible para que nuestras principales resoluciones vengan a ejecución: el exigido para que llegue a Madrid una maquinaria y servicio tipográfico de última perfección. El alma renovada del periódico está presta, pero los barcos no harán singladuras tan rápidas como el pensamiento. Ellos han de traernos el nuevo cuerpo de El Imparcial. Juzgamos, pues, que hasta entonces debemos contener la expresión detallada de nuestros proyectos.
La Época, 20 de junio de 1917