Abstract
A political column on Gil Robles’s right after the elections: Ortega notes those polls scraped the bottom of the conservative electoral barrel, and warns against the Church as an extra-national power. Topical journalism.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Cada hora que pase sin que precisen su actitud respecto al Régimen los grupos de «derecha» hasta ahora indecisos, intensifica el mal. Porque es evidente que cada una de esas horas obligará más a que los republicanos se apresten enérgicamente a la defensa de la República. Sobre esto conviene que no haya duda.
De aquí que sea tan copiosa la responsabilidad adscrita principalmente al mayor adalid de todas esas huestes, al señor Gil Robles, joven atleta victorioso, cuya iniciación parlamentaria presencié complacido desde el lugar de tormento que era mi escaño. Nadie, supongo, le regateará el reconocimiento de que ha combatido como un bravo y se ha ganado el buen éxito con sus puños. Esto no es, conste, permitirme apreciación alguna, ni positiva ni negativa, sobre las verosimilitudes de su porvenir político. No es hora para hablar de ello. Sólo me es forzoso censurar una vez más que haya caído en demagogia. Porque presumo que no considerará demagógico sólo hostigar a las masas de obreros, cuando ha sido tan evidente que era posible una demagogia de las beatas.
Tiene en torno suyo algunos consejeros perspicaces. Éstos no han podido dejar de ver ellos ni suponer que los demás no lo hemos visto, este hecho sobremanera importante: que por todas las circunstancias han dado estas elecciones el aforo máximo posible de las fuerzas «derechistas». Se ha raído hasta el fondo del arca. Ya no hay más. Se ha sacado de la cama a los enfermos. Se ha extraído de las buhardillas a las ancianas de clases pasivas. Se ha conducido hasta las urnas a las monjas vistiéndolas con falda corta y melena al viento. No censuro nada de esto, ni siquiera lo último, que es más discutible. Quiero sólo hacer constar que ya no hay más. Y esto es decisivo para poner mesura y continencia en las ilusiones futuras de las «derechas». Se trata de una advertencia leal que no pretende estirarse hasta la impertinencia de un consejo.
Por otra parte, no se puede olvidar que detrás del señor Gil Robles está la figura de la Iglesia. Y en esta hora de nuestro camino nacional —camino de ventura o camino de amargura, pero nuestro— no puede haber equívocos en la actitud de un poder como el romano; poder, sin duda, muy elevado, mas también poder extranacional. Tiene un cierto derecho a decir esto quien hizo cuanto pudo, aun cuando pudo muy poco, en la hora más difícil para que la Iglesia quedase exactamente en el lugar debido.