Abstract

An aesthetic fragment on the function of the picture frame: reflection is pure formless colour, and the gilt frame inserts between painting and real surroundings a band of splendour that cuts the threads we stretch between the unreal and the real.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Confirma esta manera de interpretar la función del marco el hecho indubitable del triunfo, confirmado durante siglos, del marco dorado sobre todos los demás. Si se pretende interrumpir nuestra ocupación con lo real, nada mejor que presentarnos algo remoto de toda semejanza con las cosas de la naturaleza, las cuales, más o menos, nos plantean siempre problemas prácticos. Ahora bien; toda forma, por estilizada que sea, conserva una alusión a los objetos reales de que ha sido alquitarada. El más puro y geométrico ornamento, el meandro o la voluta, guarda una indestructible resonancia de alguna forma natural, como en el viejo caracol pescado hace mil años repercute todavía el rumor de las resacas atlánticas. Sólo lo informe se halla libre de alusiones a lo real.

El predominio del marco dorado se debe, tal vez, a que es la purpurina la materia que da mayor cantidad de reflejos, y el reflejo es aquella nota de color, de luz, que no lleva en sí forma ninguna de cosa, que es puro color informe. Los reflejos de un objeto metálico o vidriado no son atribuidos a él por nosotros como le es atribuido el color de su superficie. El reflejo no es del que refleja ni del que se refleja, sino más bien algo entre las cosas, espectro sin materia. Por esta razón, porque no tiene forma ni es forma de nada, no acertamos a ordenar nuestra visión de él y suele producirnos deslumbramiento.

Así, el marco dorado, con su erizamiento de fulgores agudos, inserta entre el cuadro y el contorno real una cinta de puro esplendor. Sus reflejos, obrando como menudas dagas irritadas, incesantemente cortan los hilos que, sin quererlo, tendemos entre el cuadro irreal y la realidad circundante. Parejamente, a la entrada del Paraíso se halla un ángel blandiendo una espada de fuego, es decir, con un reflejo en el puño.