Ortega y Gasset
Abstract
An editorial on the cabinet crisis announced by Maura: if power returns to García Prieto’s old politics, Spain will be driven towards revolutionary convulsions. Contingent political journalism.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Se ha abierto la crisis trascendental que anunció hace días en el Parlamento don Antonio Maura. Lo que no dijo ni quiso decir entonces el presidente dimisionario del Gabinete nacional, es que la crisis podía ser trascendental de dos maneras:
Primera. Porque las reformas que con tal motivo se tratase de introducir en el régimen político de España fuesen tan hondas y sustanciales que determinasen un delicadísimo momento de la vida española e iniciasen una etapa de grandes inquietudes.
Segunda. Porque la ceguera y la torpeza fuesen tales en los encargados de dar solución, que negasen al pueblo las satisfacciones que espera toda España de acuerdo con la evolución de las ideas políticas en el mundo, y de ese modo viniera a lanzarse un desafío que una gran muchedumbre española recogería en el acto.
Hasta los momentos presentes, parece que el período de crisis trascendental se abre de la segunda manera.
Ya se atribuye al señor García Prieto la intención de formar Gobierno en unión con el señor Alba. Y hasta circula una lista de ministros, que más abajo publicamos a título de información. La lectura de esa lista, sólo la lectura, hará que todo español se sienta avergonzado. Si han muerto millones de hombres y se han desencadenado las más profundas convulsiones sobre los pueblos con el fin de hacer brotar el mundo nuevo, si España se ha trabajado a sí misma durante año y medio en inquietudes constantes, y ahora el fruto de todo ello va a ser la resurrección y consagración de la vieja política inánime que preside el señor García Prieto, si por capricho o por venganza o por interés, se va a cerrar el paso a los grandes anhelos y a las vivas realidades que se han encendido en nuestro pueblo, habrá graves razones para pensar que España no encontrará remedio y solución para sus desdichas sino a través de las devastadoras sacudidas revolucionarias.
Grotesco y desdichado es el propósito. La sola intención de lograrlo indica en los actuales directores de España, no ya incomprensión, porque no hay quien deje de comprender después de tanta predicación como ha precedido a este momento, sino afán de apurar los goces de un régimen político que España rechaza por inmoral y por promovedor de desastres públicos, deliberación de librar batalla con la nueva España que palpita vigorosa y a la que se habría arrancado del pecho la esperanza de que se ha de llegar a la manumisión sin producir, en modo alguno, estragos revolucionarios.
La nueva España, esa otra España que ya alienta y combate, ha solicitado un Gobierno ampliamente liberal en el que la política social, la descentralizadora y la que se ha caracterizado por una visión clara de la cuestión exterior, se uniesen para dar solución a los tres problemas españoles de más encarecida urgencia y de más alta tensión. Para ninguno de los tres podrá el régimen encontrar fórmulas adecuadas si intenta que lo más viejo de la más vieja política perpetúe en España la desdicha y la miseria, la protesta y la rebeldía airada, la humillación y el descrédito.
Ni siquiera a imaginar alcanzamos que los caudillos del antiguo caudillaje quieran volver a ensayar nuevas angustias como las del 21 de marzo; y sin embargo, camino de un trance más peligroso nos llevan los que se han puesto de acuerdo para montar otra vez la máquina política con resortes que en fuerza de abuso dejaron de funcionar hace ocho meses.
Glorioso día de regocijo será el de hoy para los sistemáticamente revolucionarios si pasa el Poder a la política de la ruina española. ¿Existe realmente el deseo ferviente de evitar semejantes regocijos?
Pues será fácil lograrlo si se atiende el sincero requerimiento de los que proclaman la necesidad de reconstituir nuestra vida racional y poner a España de pie por medio de evoluciones progresivas y razonadas. Que no falte audacia para ello, porque esas evoluciones representan el mínimum de esfuerzos que realizan en estos instantes los pueblos más serios, porque España necesita como del pan, como del aire, una transformación y un cambio esencial de los sistemas políticos, y porque podríamos llegar al trance de que nuevos vientos que cruzan sobre el alma del mundo viniesen a suplir la ausencia de audacia y arrastrasen violentamente cuanto se les resistiera.
Publicado sin firma, El Sol, 7 de noviembre de 1918
The transcendental crisis has opened that days ago don Antonio Maura announced in Parliament. What the resigning president of the national Cabinet did not say, nor want to say, was that the crisis could be transcendental in two ways:
First. Because the reforms that on such account one might seek to introduce into Spain’s political regime were so deep and substantial as to determine an extremely delicate moment in Spanish life and to initiate a stage of great anxieties.
Second. Because blindness and clumsiness were such, in those charged with finding a solution, as to deny the people the satisfactions that all Spain expects in accordance with the evolution of political ideas in the world, and that in that way a challenge might come to be launched that a great Spanish multitude would take up on the spot.
Up to the present moment, it seems that the period of transcendental crisis opens in the second way.
Already the intention of forming a Government together with señor Alba is attributed to señor García Prieto. And a list of ministers even circulates, which below we publish by way of information. The reading of that list, the mere reading, will make every Spaniard feel ashamed. If millions of men have died and the deepest convulsions have been unleashed upon peoples in order to make the new world spring forth, if Spain has worked upon itself for a year and a half in constant anxieties, and now the fruit of all this is to be the resurrection and consecration of the old inanimate politics over which señor García Prieto presides, if by caprice or by vengeance or by interest the way is to be barred to the great longings and the living realities that have been kindled in our people, there will be grave reasons to think that Spain will find remedy and solution for its misfortunes only through the devastating revolutionary shocks.
Grotesque and unhappy is the purpose. The mere intention of achieving it indicates in the present directors of Spain, no longer incomprehension — for there is no one who can fail to understand after so much preaching as has preceded this moment — but eagerness to drain the pleasures of a political regime that Spain rejects as immoral and as a promoter of public disasters, deliberation to wage battle against the new Spain that pulses vigorously and from whose breast would have been torn the hope that emancipation is to be reached without producing, in any way, revolutionary havoc.
The new Spain, that other Spain that already breathes and fights, has requested a broadly liberal Government in which social policy, the decentralizing one, and the one characterized by a clear vision of the foreign question, should unite to give solution to the three Spanish problems of most urgent concern and highest tension. For none of the three will the regime be able to find adequate formulas if it attempts to have the oldest of the oldest politics perpetuate in Spain misfortune and misery, protest and angry rebellion, humiliation and discredit.
We cannot even imagine that the caudillos of the old caudillism should wish to try again new anguishes like those of March 21; and yet, along the road to a more dangerous pass, we are led by those who have agreed to mount once again the political machine with springs that, by force of abuse, stopped working eight months ago.
Glorious day of rejoicing will today be for the systematically revolutionary if Power passes to the politics of Spanish ruin. Does the fervent desire really exist to avoid such rejoicings?
Well, it will be easy to achieve if one heeds the sincere demand of those who proclaim the necessity of reconstituting our rational life and setting Spain on its feet by means of progressive and reasoned evolutions. Let audacity not be lacking for it, because those evolutions represent the minimum of effort that the most serious peoples make at these moments, because Spain needs, as it needs bread, as it needs air, a transformation and an essential change of political systems, and because we might come to the pass that new winds crossing over the soul of the world should come to supply the absence of audacity and violently sweep away whatever resisted them.
Published unsigned, El Sol, November 7, 1918
Si è aperta la crisi trascendentale che annunciò giorni fa in Parlamento don Antonio Maura. Ciò che non disse né volle dire allora il presidente dimissionario del Gabinetto nazionale è che la crisi poteva essere trascendentale in due modi:
Prima. Perché le riforme che con tale motivo si tentasse di introdurre nel regime politico di Spagna fossero tanto profonde e sostanziali da determinare un delicatissimo momento della vita spagnola e da inaugurare una stagione di grandi inquietudini.
Seconda. Perché la cecità e la goffaggine fossero tali, in coloro che erano incaricati di dare una soluzione, da negare al popolo le soddisfazioni che tutta la Spagna attende in accordo con l’evoluzione delle idee politiche nel mondo, e che in quel modo venisse a lanciarsi una sfida che una grande moltitudine spagnola raccoglierebbe all’istante.
Fino al momento presente, pare che il periodo di crisi trascendentale si apra nella seconda maniera.
Già si attribuisce al signor García Prieto l’intenzione di formare un Governo in unione col signor Alba. E circola persino una lista di ministri, che più sotto pubblichiamo a titolo di informazione. La lettura di quella lista, la sola lettura, farà sì che ogni spagnolo si senta vergognare. Se sono morti milioni di uomini e si sono scatenate sui popoli le più profonde convulsioni al fine di far germogliare il mondo nuovo, se la Spagna ha lavorato se stessa per un anno e mezzo in continue inquietudini, e ora il frutto di tutto ciò sarà la resurrezione e la consacrazione della vecchia politica inanime che presiede il signor García Prieto, se per capriccio o per vendetta o per interesse si chiuderà il passo ai grandi aneliti e alle vive realtà che si sono accese nel nostro popolo, vi saranno gravi ragioni per pensare che la Spagna non troverà rimedio e soluzione alle sue sventure se non attraverso le devastatrici scosse rivoluzionarie.
Grottesco e sventurato è il proposito. La sola intenzione di conseguirlo indica negli attuali direttori della Spagna, non già incomprensione — perché nessuno può cessare di comprendere dopo tanta predicazione quanta ne ha preceduto questo momento —, ma bramosia di esaurire i godimenti di un regime politico che la Spagna respinge come immorale e promotore di pubblici disastri, deliberazione di dare battaglia alla nuova Spagna che palpita vigorosa e a cui si sarebbe strappato dal petto la speranza che si possa giungere all’affrancamento senza produrre, in alcun modo, stragi rivoluzionarie.
La nuova Spagna, quell’altra Spagna che già respira e combatte, ha richiesto un Governo ampiamente liberale nel quale la politica sociale, quella decentratrice e quella che si è caratterizzata per una visione chiara della questione esteriore si unissero per dare soluzione ai tre problemi spagnoli di più viva urgenza e di più alta tensione. Per nessuno dei tre potrà il regime trovare formule adeguate se tenta che il più vecchio della più vecchia politica perpetui in Spagna la sventura e la miseria, la protesta e la ribellione irata, l’umiliazione e il discredito.
Neppure arriviamo a immaginare che i capi dell’antico caudillismo vogliano tornare a sperimentare nuove angosce come quelle del 21 marzo; e tuttavia, verso un trance più pericoloso ci conducono coloro che si sono accordati per rimontare di nuovo la macchina politica con molle che, a forza di abuso, smisero di funzionare otto mesi fa.
Glorioso giorno di giubilo sarà quello d’oggi per i sistematicamente rivoluzionari se il Potere passerà alla politica della rovina spagnola. Esiste realmente il fervente desiderio di evitare siffatti giubili?
Ebbene, sarà facile conseguirla se si ascolta il sincero richiamo di coloro che proclamano la necessità di ricostituire la nostra vita razionale e di rimettere la Spagna in piedi per mezzo di evoluzioni progressive e ragionate. Non manchi audacia a tale scopo, perché quelle evoluzioni rappresentano il minimo di sforzi che compiono in questi istanti i popoli più seri, perché la Spagna ha bisogno come del pane, come dell’aria, di una trasformazione e di un mutamento essenziale dei sistemi politici, e perché potremmo giungere al trance che nuovi venti, che attraversano l’anima del mondo, venissero a supplire l’assenza di audacia e trascinassero violentemente quanto a loro si opponesse.
Pubblicato senza firma, El Sol, 7 novembre 1918