Abstract

An ironic 1920 editorial on Dato’s taking power, hailed as a sporting champion of an interim government bound to fail. Contingent political journalism.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

El señor Dato ha aceptado el Poder. Con ello gana ante los españoles el campeonato del heroísmo. ¿Quién podía sospechar que este doctor melifluo se lanzaría a la extraña aventura de gobernar sin concentración conservadora y sin decreto de disolución? Es decir, para constituir un Gobierno interino, como el último de los Allendesalazares, parecía el señor Dato el político menos idóneo de todos los políticos idóneos. ¿Qué ha ocurrido, pues, durante esta última semana de misteriosa calma política? No lo sabemos. Limitémonos a desear al señor Dato una deliciosa interinidad.

No se ha interrumpido, y parece que no se interrumpirá si no es muy bruscamente, muy violentamente, el viejo desbarajuste de la política española. Continuamos viviendo entre bufonadas. Más aún: el hecho de que en trances como los actuales, insista la vieja política en gobernar a España con los mismos hombres que fueron hace tiempo recusados por la opinión pública, y con los mismos ideales que se caen de puro andrajosos, indica que los dioses quieren perderla, y para ello comienzan por alimentarla de demencias.

Hartos estamos de demostrar la necesidad de muy profundas transformaciones políticas y sociales. No caeremos en la ingenuidad de clamar hoy desmesuradamente ante el incomprensible advenimiento al Poder de una política valetudinaria. Sabemos que entramos en otra etapa de soluciones interinas y mandos transitorios. Sabemos que la crisis no se ha resuelto, aquella crisis que se abrió en 1917, precisamente cuando ocupaba el Poder el que hoy presidirá el Consejo de ministros. Algunas gentes, inclinadas a la desesperanza, tomarán por triste motivo de pesimismo el hecho de que una política contra la que se alzaron revoluciones militares y obreras, tenga todavía eficacia para acaparar las sonrisas del Rey. Para nosotros, este ir y venir desordenado, frenético, desorientado, de la política española, no indica más que una profunda inquietud de los poderes más altos, deseosos de probar hasta el último aliento las posibilidades conocidas; pero desesperados porque todo ensayo se frustra y cualquier prueba fracasa con estrépito de carcajadas en todo el país. Es decir; a nuestro juicio, lo que hoy ocurre acentúa los desquiciamientos anteriores. Hemos resuelto, pues, no mostrarnos indignados. Muy al contrario, saludaremos con cierto júbilo deportivo al nuevo campeón don Eduardo Dato.

Le aguardan al paso las sentencias de muerte que se han dictado en Barcelona, la hostilidad de los que hace días prometían ser sus mejores amigos, el problema de las tarifas ferroviarias y toda una violenta fermentación social que de día en día va advirtiéndose más fuerte.

Que los soles del verano alumbren la marcha de este audaz vencedor, digno de Píndaro, y que el otoño le corone de pámpanos cuando acaben, sin decreto de disolución, los días de su política de interinidad.

Publicado sin firma, El Sol, 4 de mayo de 1920