Abstract

A note on Stefansson’s Arctic expeditions, which drop supplies and “live off the country” by hunting seals. Ortega draws a definition: elegance is sobriety in plenitude, and reaches its summit, paradox, when the difficulty itself becomes the resource.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Las exploraciones de Stefansson han sido el último gran acontecimiento geográfico. Cuando parecían agotadas las experiencias en este tipo de viajes, Stefansson surge transformando por completo los usos y los dogmas.

La historia de la penetración en el misterio del Norte tiene tres etapas, determinadas por la técnica misma del viaje. La primera consistió en el viaje de navegación. Este método tiene un límite en torno al casquete polar más allá del cual no puede llegar un navío. Los hielos lo aprisionan y detienen. La segunda etapa está definida por el uso de trineos y perros. El viaje de Peary representa el máximo esfuerzo posible. Pero también este método tiene un límite que se puede dibujar en el mapa. Peary y con él todos los que hasta ahora se habían esforzado en la exploración ártica partieron del supuesto fabuloso según el cual conforme se asciende del círculo polar hacia el Norte, la vida mengua y pronto se llega a la línea de su completa ausencia. No hay qué comer ni qué beber, no hay medios de calefacción. Consecuentemente el viajero tiene que ir cargado con alimentos y combustible y ha de contar doble para prevenir las jornadas de regreso. Esto marca un límite inexorable al radio de penetración.

El acierto de Peary consistió en escoger como punto de partida y pertrechamiento el lugar más avanzado de la tierra (grant land). Si el Polo se hubiese hallado una o dos jornadas más lejos de este punto, Peary hubiera fracasado. Y es que el Polo no significa el lugar más difícil de alcanzar en el orbe ártico. Se halla precisamente en la frontera donde comienza la región más inasequible. Señalando la línea que forman los puntos de la región más alta cuya distancia a una costa conocida sea de 750 kilómetros —distancia recorrida por Peary—, queda acotada una enorme extensión que Stefansson llama «lo Inasequible». El centro de ella sería el Polo de lo Inasequible.

Pero he aquí que Stefansson comprende lo infundado de la opinión que niega la existencia de vida más allá de cierta latitud. Su razonamiento es claro. Son conocidas las corrientes marinas que atraviesan bajo el hielo todo el casquete ártico. Estas corrientes arrastran los seres de que las focas se alimentan. No hay razón para que éstas no sigan a su presa. Sólo puede detenerlas el espesor del hielo que las impida aflorar a la superficie y respirar. Pero donde hay corrientes el hielo se quiebra y deshace, dejando canales de mar libre. Por tanto, sólo habrá pequeñas zonas de hielo eternamente quieto donde la foca brille por su ausencia. Ahora bien, donde hay focas hay comestible para hombres y perros y con su grasa excelente combustible. De esta manera, Stefansson implanta su nuevo método de radio ilimitado: en el supuesto desierto de hielo se propone «vivir del país». Y sale, en efecto, sin provisiones. El viajero se convierte en cazador. Stefansson consigue recorrer trechos enormes que nadie había osado atacar y donde quiera encuentra la foca nutricia y con ella el calor y con el calor un excelente humor.

En el orden de estos esfuerzos por tomar posesión de ese indómito trozo del planeta, la labor de Stefansson roza las alturas de la genialidad. Ha encontrado la solución elegante a un gran problema.

La elegancia es la sobriedad en la plenitud. Obtener un logro máximo con un mínimum de medios, es lo elegante en matemáticas, en guerra, en política, en arte y en indumentaria. Cuando la reducción de medios llega al punto de que se convierte en auxiliar favorable lo que precisamente constituía la dificultad, entonces la elegancia llega a su propia cima, que es la paradoja. La dificultad consistía en no ser posible llevar alimentos y combustible más allá de cierta cantidad. Stefansson encuentra en esta dificultad la inspiración y renuncia por completo a ellos. El trineo va ligero, sin carga apenas y el avance hacia el Norte adquiere toda la gracilidad de una partida de caza.