Abstract
Unsigned editorial (España, March 1915) on Spanish neutrality: the war will reveal each nation’s real «density», and Spain, which neither suffers nor decides, risks having no vital energy to show. Loyola’s Spiritual Exercises appear only as an image («composition of place»). Journalism, not philosophy.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
También nosotros hemos tenido un gran psicólogo: Ignacio de Loyola. Como el hombre del Foreign Office, este oscuro vasco de faz triangular fue un gran capitán de corazones. Habíase labrado una menuda arma para abrir los pechos españoles, un pequeño tratado de táctica sentimental: los Ejercicios espirituales. La clave de este libro y de esta táctica consiste en apoyar todas las meditaciones sobre lo que él llama «composición de lugar». Nada de ideas, de razonamientos —con esto no se hace mucho en España. Imágenes, imágenes materiales, a ser posible, visiones.
¡Oh, quién pudiera traer a expresión material, visible y tangible estos destinos que a nuestra patria prepara el nuevo capítulo de la guerra! Pero es inútil intentarlo: la Historia es más inmaterial que la Matemática.
Pedimos, sin embargo, a todos los españoles que se esfuercen un momento en hacerse la «composición de lugar». Dentro de poco Italia estará combatiendo, y no es fácil que Grecia y Rumania tarden en imitarla. A la hora de la paz, en forma de agresión o de neutralidad armada y suspicaz, todas las naciones de Europa habrán dado la medida de su capacidad de perdurar, de su voluntad de vivir.
Como los objetos inmersos en un líquido toman cada cual una altura que indica su densidad, así quedarán las naciones cuando el humo de la pólvora se disipe. Represéntese ahora el lector qué lugar ocupará España en esa escala de densidades.
Ciertamente, mientras en estos meses que corren caen sobre otros pueblos terribles pesadumbres y los mejor librados se libran, como Suiza, a costa de graves sacrificios, nada de particular nos acontece a los españoles. Es verdad que el hambre da su galopada sobre los campos y aparece de súbito en las plazas villanas y en las callejas de aldea. Pero esto no es nada de particular. El hambre es una tradición española, como puedan serlo los romances. El hambre es nuestro clásico.
Mas sería el colmo de la inepcia creer que por lo que ahora hemos dejado de penar vamos en su día a recibir un premio.
Por encima de las dificultades políticas y administrativas en sus detalles, tengamos la intuición clara de lo que en la profunda realidad histórica está pasando. Conmociones de la índole que la presente traen consigo un régimen de áspera, brutal sinceridad. Todo lo convencional y artificioso se eclipsa, por lo menos transitoriamente. Sólo se es lo que se vale. Nadie tiene más derecho que el que mantiene. Se hace como un pavoroso balance de realidades. Se hace una recogida general de sombras, de sombras que han perdido sus cuerpos.
Si España no manifiesta de alguna manera su energía vital, ¿cómo podrá entrar por su pie en el tiempo nuevo?
Nada de esto es grato de decir. Y es mucho más ingrato de pensar. Pero es aún más doloroso advertir la frivolidad con que nuestro pueblo ve rodar esta hora incalculable.
Publicado sin firma, España, 19 de marzo de 1915