Abstract
Editorial on the Barcelona conflict: syndicalism has developed formidably while the rest of the national organism stays anaemic, and that disproportion is called catastrophe. The other national forces must be organized, not to annihilate one another but to coexist and balance. Political journalism.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Pero ya hemos dicho que el hecho de ser la solución del conflicto la única posible, no significa que sea conveniente totalmente y para siempre, si no recibe complementos indispensables.
En el cuerpo nacional se advierte que uno de sus miembros —en este caso el sindicalismo o la organización obrera— se ha desarrollado de modo formidable. Mientras tanto, el resto del organismo sigue anémico, enfermizo. Esta desproporción tiene que dar necesariamente al cuerpo de España caracteres de monstruosidad.
Y nosotros decíamos ayer —sin sospechar que La Época se irritaría, aun cuando ya sabíamos que ciertos entusiasmos nuestros asustarían su vetustez—, decíamos ayer que era absolutamente necesario organizar fuerzas nuevas frente a la de los sindicalistas, porque, de otro modo, se produciría ese fenómeno de monstruosidad a que antes nos referíamos, y esa monstruosidad en la vida de España recibe el nombre de «catástrofe».
La lucha de Barcelona ha sido caótica, porque peleaba un gran poder, maravillosamente orgánico, frente al caos oficial, frente a la dispersión de ideas, de fuerzas, de voluntades en el elemento patronal y en el Gobierno. Es naturalísimo que la organización haya obtenido una resonante victoria sobre el caos.
En todo país civilizado y gobernado con arreglo a sistemas eficaces, cuando brota una fuerza nueva, sea en el campo del trabajo, del capital o de la política, los Gobiernos procuran crear otra fuerza adecuada y nueva también, a fin de que al llegar el choque, aparezca el Poder oficial revestido de las garantías necesarias para que todo el pueblo le respete.
Eso pedíamos ayer nosotros: que no nos limitemos a admirar el poder sindicalista. ¿Qué hacen las demás clases de la sociedad española, a qué aguardan? ¿Y qué esperan los Gobiernos?
Si al lado de la organización sindicalista existiese otra, tan eficaz y poderosa como aquélla, nutrida de bríos nuevos, la aspereza de las peleas sociales se aplacaría, y mediante el equilibrio de los dos influjos contrapuestos, se conseguiría encauzar dichosamente la marcha de los acontecimientos, dentro de la cordialidad necesaria para que la vida de España no resulte quebrantada en sus fundamentos.
Es necesario, frente a la organización de un sector español, poner de pie las demás fuerzas nacionales; y no para que unas a otras se aniquilen, sino para que convivan y se completen, de tal modo que España entera, bien organizada, funcione con regularidad.