Abstract

Despite the title, the sample is a report on the Agrupación al Servicio de la República’s activity in the weeks before the Republic was proclaimed: censorship, municipal elections, the decision not to run candidates, twenty-five thousand members. A party document, not a reflection on history.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Hace ocho días, en una jornada feliz quedó implantado en nuestra España el régimen republicano. El hecho es de tal importancia, que merecería mucho tiempo de respeto, durante el cual no se retrajese a ningún otro asunto, ni aun afín con él, la atención de las gentes. Mas, por otra parte, urge trabajar eficazmente en pro del nuevo Estado y la Agrupación al Servicio de la República necesita dirigirse a sus adheridos por este medio general de publicidad, que es, por ahora, el único a su alcance, para darles cuenta de la labor realizada en las pocas semanas de su existencia.

Lanzado el llamamiento pocos días antes de formarse el último Gobierno de la monarquía, tuvo que luchar con la censura para llegar hasta los ciudadanos. Aprovechando unos días, muy pocos, de semilibertad, se publicó en los periódicos y acudieron adhesiones en sorprendente abundancia. Se formó en Madrid un Comité provisional que, atendiendo los propósitos expresados en el llamamiento, se ocupó de lo más urgente: crear los núcleos locales en toda España para aprestarse a una propaganda muy activa en vista de unas futuras elecciones constituyentes. Los iniciadores quisieron subrayar la urgencia de esta labor sobre la vida provincial acudiendo a la primera ciudad donde se había constituido un núcleo: Segovia. La caída del Gobierno Berenguer y la formación del Gabinete Aznar trajeron consigo nueva suspensión de las garantías políticas, y luego nos fueron disparadas a quemarropa unas elecciones municipales, sin más días de libertad que los matemáticamente exigidos.

No podía la Agrupación apenas nacida, y en los primeros pasos de su organización, hacer otra cosa que concentrar sus esfuerzos en los puntos del mapa electoral donde menos segura parecía la victoria republicana. Se comunicó a los núcleos locales el acuerdo de no presentar candidaturas y permitir sólo que los adheridos pudiesen, donde por la calidad de las personas fuese conveniente su presentación, recabar los votos con el carácter de republicanos independientes. En cambio, nuestra Agrupación prestaba toda su fuerza y actividad a la candidatura de Conjunción Republicano-Socialista. Con plena satisfacción ha visto este Comité el entusiasmo y eficacia con que en casi todas las provincias han trabajado nuestros núcleos, visitando los pueblos, tomando parte en reuniones públicas, repartiendo carteles, pasquines y proclamas, batallando en la prensa. El resultado ha sido que, sin pretenderlo esta Agrupación, han triunfado en muchos municipios rurales nuestros adheridos, y obedeciendo a la consigna de concentrar estratégicamente el esfuerzo precisamente allí donde menos tradición republicana había.

Uno de los pocos lugares de España donde apenas ha actuado aún nuestra Agrupación es Madrid. Sólo en los días inmediatos a las elecciones fue repartida una proclama de los iniciadores. Jóvenes de la Casa del Pueblo y de la Juventud estudiantil próxima a nosotros la extendieron por los barrios menos republicanos. Este abandono de actuación en Madrid fue deliberado, a fin de permitirnos densificar el trabajo donde más falta hacía.

Entre tanto, nos fue imposible conseguir el reconocimiento de nuestra personalidad jurídica y la aprobación de nuestros Estatutos por la Dirección de Seguridad. Recluido hoy el causante de ello en Prisiones militares, no queremos contar, hasta que transcurra esta hora apasionada, la historia de los vejámenes sufridos. Pero en mejor sazón habremos de narrarla, porque es un curioso y claro ejemplo de la indecencia con que el poder público monárquico se comportaba. Y hemos de hacer constar que el Gobierno conocía este tratamiento y al tolerarlo se hacía responsable de él.

No hay duda de que logró algo de lo que pretendía: impedir la cotización y reducir con ello nuestra actividad. Adviértese que a la fecha contábamos con unos «veinticinco mil adheridos», gran parte de ellos pertenecientes a las profesiones liberales, al comercio, a la industria, cuyo apoyo económico anunciaba ser cuantioso.

El advenimiento de la República no debe, por ahora al menos, modificar nuestros propósitos ni nuestra organización. Al contrario, ahora es cuando, presta ya en casi toda España, puede empezar a funcionar con plenitud y rendir mayor utilidad.