Abstract

A polemical reply to a count: ideally intellectuals would stay out of politics, but if they enter it they must do so as intellectuals, with the rigour and reservations of their craft, not borrowing party jargon. An occasional article on the writer’s role.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Pero no comprendo bien cómo ha podido usted tomar tan en serio las «vaguedades» que yo he emanado desde estas columnas. Usted mismo viene a calificarlas de «meros pasatiempos, gratos sólo como ejercicio intelectual». Claro está, conde: no son otra cosa que meros pasatiempos. Es éste un punto sobre que yo desearía claridad de una vez para siempre. A mi juicio, el ideal fuera que los «intelectuales» no se ocupasen de política, sino que vacasen a sus menesteres literarios y científicos. Con que cumpliesen éstos bien, habrían hecho por la sociedad tanto, que nadie tendría derecho a exigirles nada más. ¿No es incongruente que por estimar a un hombre como poeta o matemático le consideremos obligado a ser además político? Pero ya que las circunstancias en todo el mundo, y especialmente en España, hacen imposible una aproximación a aquel ideal, me parece forzoso supeditar la intervención política del literato y del científico a esta norma rigorosa: el intelectual, al hacer política, tiene que hacerla como intelectual y no dejándose en casa las virtudes y los imperativos de su oficio y disciplina. Sólo así podrá resultar fecunda su colaboración. Yo no puedo pretender ser mejor político que usted; sólo puedo aspirar a ver las cosas bajo otro ángulo, a otra distancia y con otro rigor, de suerte que mis observaciones complementen de alguna manera las de los hombres políticos. Ni puedo aceptar que el intelectual licencie su mente y se agencie ad hoc un cerebro de portero o cochero de punto para opinar desde él desaforadamente sobre cuestiones públicas. Reclamo, pues, todo el margen que me es necesario para formular un pensamiento complejo, preciso y lleno de reservas y cautelas. De él podrá tomar el político la porción que juzgue discreta y dejarme el resto para mi uso exclusivo.

En el tiempo presente es de la mayor importancia acertar con la ecuación justa que regule las relaciones entre intelectualidad y política. Y esto por dos motivos inversos. El repertorio de nociones políticas al uso se ha quedado retrasado respecto de los hechos. Sobre todo las «izquierdas» usan un surtido de conceptos notoriamente arcaicos, incapaces de dominar la gigante complicación de la vida actual. Muchas veces he hecho notar que los grupos más afanados en representar la avanzada política viven con ideas y sentimientos de retaguardia. Ha de ser obra de los intelectuales poner al día la conciencia pública. Mas, por otra parte, el cultivo de temas políticos ha producido una depresión de la intelectualidad en los escritores mismos. Y esto no puede ser. Es preciso que el público lector exija al que escribe, ante todo y sobre todo, fina intelección, curiosidad, agudeza, saber, y ese temple sereno, veraz, digno que es el síntoma de la inteligencia, el tono propio a este oficio, al fin y al cabo, el más bonito del mundo. La política está sirviendo de pretexto para que muchos escritores se contenten con dar al viento sus apasionamientos pueriles o sus envidias maduras.