Abstract

A reply to Maura (El Sol, 1917): political absence is not a peculiarly Spanish disease — Germany suffered it until 1850 while creating industry and science. Politics is the most external function, a result of the rest of social life: Spain does not live badly because its politics are poor; its politics are poor because of vital anaemia.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Si venimos al siglo XIX encontramos, ciertamente, en los españoles una morbosa despreocupación por la cosa pública. Mayor, no obstante, fue hasta 1850 la padecida por Alemania. Ni siquiera supo en 1807 resistir a Napoleón, como nosotros supimos. Comprendo, pues, que los historiadores germanos hayan visto en aquella insensibilidad política un problema histórico. Mientras se despreocupaba de la política, Alemania creaba su nueva agricultura, multiplicaba su comercio resucitando la potencia de Hamburgo, instauraba la industria mecanizada, inventaba las técnicas químicas, florecía en una espléndida literatura y daba al mundo el tesoro de su ciencia. Parece, en efecto, contradictorio, incomprensible que un pueblo de tal manera activo en sus funciones vitales más profundas, sufriera parálisis política. Ahora bien, los problemas son precisamente esto: fenómenos que parecen contradictorios.

En cambio, no concibo que se estime nuestra ausencia de la política durante el siglo XIX como algo saliente, inesperado y menesteroso de explicación particular. Que sobre esto se vea en ello la causa de nuestras congojas, me parece una aberración de la visualidad histórica. ¡Ausencia de la política! Naturalmente. ¿Y de qué no hemos estado ausentes en el siglo XIX los españoles? Hemos estado ausentes del comercio, de la industria, de la técnica, de la literatura, de la ciencia. Lo que Maura, político, llama falta de ciudadanía, llama Larra, escritor, indiferencia del público e infecundidad de los autores, y así sucesivamente.

Frente a esta manera de pensar, que atribuye, con raro exclusivismo, el mal de España a vicios de la función política, venimos otros sosteniendo la más radical sospecha de que España padece una enfermedad en su sustancia histórica. No vivimos mal porque ejercitamos una mala política, sino al contrario, nuestra irrisoria política es consecuencia de nuestra anemia vital.

La política aquí y dondequiera es la función más externa, y resultante del resto de la vida social. No puede el español ser enérgico ciudadano si no es antes ambicioso comerciante, industrial emprendedor, técnico ingenioso, artista humano y científico lleno de curiosidad y exacta intelección. En los últimos quince años mejoraba notablemente la vida integral de España, mientras su política llegaba a la extrema corrupción descrita por el señor Maura. Si hoy se anuncia la destitución de esa política no es porque seamos mejores ciudadanos, sino porque desemboca en los cuarenta de edad una nueva generación de españoles más amigos de la vida y que no caben en aquella piel.

Santa es la virtud ciudadana, pero demasiado jurídica y formalista para que baste a empujarnos por la historia. Bien está que el señor Maura nos incite a votar, pero es más urgente que nos inciten a vivir —a vivir con afán sin límites este buen siglo XX que vuela hacia el futuro, como la zorita rezagada al palomar.

El Sol, 16 de diciembre de 1917