Abstract
A political article: unconditional support for finance minister Prieto amid the international economic crisis, a rebuke to Spanish capitalists for lacking national solidarity, and a defence of bringing in foreign technical expertise. Topical political writing.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Pero es preciso que a esta cuestión personal que el señor Prieto y yo tenemos, se ofrezca impermeable nuestra relación política o —si me niega su reciprocidad— la mía unilateral con él.
Ésta no puede ser otra que de apoyo incondicional mientras se halle al frente de la Hacienda española. ¿Hay alguien que tenga hoy derecho a rehusarle ese apoyo? Intentemos todos hacer y decir el menor número posible de tonterías. Cuando abre uno el periódico y lee que las taquillas de los Bancos alemanes se cierran, y al día siguiente que la libra periclita y es preciso auxiliar desde fuera al Banco de Inglaterra —como si hubiese que arrimar el hombro al sol para que el sistema planetario no se desbaratase—, parece grotesco que se inculpe a este o al otro ministro de Hacienda por las dificultades de la situación. Es evidente que si no acumulan todos —ricos y pobres, técnicos y profanos— su colaboración, la economía española zozobrará, como han naufragado las otras mayores.
Es, por ejemplo, verídico el señor Prieto cuando, contestando a mi alusión, subraya la ecuanimidad de sus actos legislativos y de sus declaraciones, que no han podido ser pretexto de susto para nadie. Y, en efecto, cuando yo me refería a disposiciones que producen resonancias medrosas en regiones remotas del cuerpo económico, no apuntaba a decretos emanados de Hacienda.
Por esta razón es inaceptable el abandono de concursos en que se tiene al ministro. Los capitalistas, financieros y productores están dando una vez más una gran prueba de inconsciencia y de falta de solidaridad nacional. Debían hoy formar una piña en torno al señor Prieto en vez de andar por ahí despavoridos inútilmente.
Ni vale tampoco hacer aspavientos desmesurados ante cuestiones que en todo caso son de mínima importancia. Por eso me extraña ver a El Debate, que da muestras de mesura y buen sentido en el tratamiento de muchas cuestiones públicas, exagerar su gesto de repulsa ante el viaje de León Blum y Auriol. Las declaraciones últimas del señor Prieto en Bilbao fijan lo que, en verdad, era claro desde el principio. Porque pusiera en alguna conexión este viaje con mi demanda de que, si es necesario, se complete el tecnicismo económico español con fuerzas forasteras, no debió entenderse que lo uno era lo otro.
Yo no encuentro que se ponga en ridículo España —como ha dicho El Debate— porque unos ministros socialistas procuren el consejo adventicio de otros socialistas franceses, que se hallan metidos hasta el cogote en las cuestiones financieras internacionales. La exageración de ese gesto de asco hace de él un dengue y le quita la razón en tiempos de gran contradanza como éstos, en que van y vienen técnicos, semitécnicos y meros políticos de un pueblo a otro con el botiquín de urgencia bajo el brazo.
Pero esto me lleva a precisar un poco la insinuación formulada por mí en el Parlamento. Se trata de algo que considero muy importante y con horizontes más largos que los entrevistos.