Abstract
An editorial (El Sol, 1920) on Spain’s so-called ‘historic crisis’: the professionals of the old farce understand nothing of what is happening, nothing of the social question has been settled, and Barcelona poses the same problems as before. Topical politics; the title’s scare quotes are polemical.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
De la actual situación política de España, sólo sabemos una cosa: que está regida por el embrollo, y que cada nuevo día trae sobre ella confusión y sombras. Los profesionales de la vieja farsa andan de la Ceca a la Meca entre cuentos e intrigas de la más cómica comadrería. Ellos, que tienen una sólida reputación de hombres sagaces, no entienden absolutamente nada de lo que ocurre. De lo que mañana pueda ocurrir no tienen ni siquiera ideas vagas y remotas. Todos hacen esfuerzos por evitar que pueda ocurrir algo interesante; temen que un día amanezca nuestra vida pública alterada y removida por mudanzas profundas; ante estas posibilidades, su ímpetu en la defensa de las viejas maneras y de los sistemas caducos, adquiere una elasticidad insospechada. Pero todas sus maniobras van perdiendo eficacia. Ahora advierten que han abusado de todos los trucos y que de pronto comienzan a fallar en sus manos los resortes clásicos de la mecánica política. Y he aquí la confusión, y el espanto, y el no saber a dónde va esta destartalada nave de nuestra política ni cómo logrará capear los furiosos temporales que han traído los días modernos.
La tramitación de la crisis que se ha dado en llamar «histórica» es una continuación característica de las más antiguas vergüenzas. El cauce de la vida política de España está rebosante de simplezas. La estulticia es tan grande que lo llena todo.
Hay interés, positivo interés en adormecer la conciencia liberal de España. Que no suenen voces audaces ni se piense en transformaciones interesantes. Quede todavía cerrado con triple valla el camino de la nueva política. Nadie siente curiosidad por ensayar otros sistemas, otras ideas, otros hombres. Que continúe imponiéndose «lo malo conocido». ¿Quién piensa en «lo bueno por conocer»? «¡Literatura, fantasía!» —se oye clamar. Para gobernar a España en estos días de tremenda inquietud universal, basta el buen guerniqués que preside el actual Gobierno. Y si hubiera de intentarse algún cambio, ahí están para salvación segura de nuestros destinos todos los jefes de partido, de grupo o de mesnada que vienen gobernando a España con tan exacto tino que no han provocado más que desdichas. El país parece de momento adormecido. Sólo entre las muchedumbres obreras, donde ha ido a refugiarse la pasión, la santa pasión de la lucha pública, surge alguna vez, como una llamarada, la inquietud en que vivimos.
Pero, a pesar de la calma aparente, la situación de nuestros problemas sociales es la misma de antes. No se ha resuelto nada, absolutamente nada. Pueden creer las gentes frívolas que la inquietud obrera ha cesado, que pasó la época del combate violento. Nosotros podemos asegurar que todo sigue igual. Barcelona ofrece a la vida española los mismos problemas, las mismas angustias. El arco continúa tenso. No se da un solo paso hacia adelante en la reforma de la organización social de España, ningún hombre de Gobierno inclina su oído hacia los grandes latidos europeos; no existe la preocupación de un mañana mejor, ni el deseo de una alborada más feliz.
En la confusión de este momento abierto a la «crisis histórica» pasan haciendo gestos de una graciosa bufonería unos hombres turbios, cuyo oficio consiste en llenar de turbiedad toda la vida española.
Publicado sin firma, El Sol, 21 de abril de 1920