Abstract
A sketch of ancient Egypt (1925): the official is the cultured man, culture reduces to writing and its adjunct bookkeeping, to know is to know how to write, and the sage is the scribe. The form of the letter is loved, not its possible spirit: theory and science are wholly absent.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
El funcionario es en Egipto el hombre culto —lo mismo que en China y por análogas razones. La cultura consiste puramente en técnicas oficiales y casi se resume en la escritura y su adjunto, la contabilidad. El egipcio siente un respeto religioso por la sabiduría; pero la palabra con que denomina el saber, el conocimiento, es sospechosa. Como nuestros labriegos, llama al saber «los libros». Saber es simplemente saber escribir. El sabio es el escriba, el literato —como en China. El hombre que sabe dibujar letras lo es todo en esta civilización: «Nadie conoce el nombre del iletrado, del analfabeto —dice un viejo texto—, y es como un asno harto de carga que el letrado aguija».
La escritura y su secuela la contabilidad dominan la vida egipcia, la penetran, la inundan. Se escribe continuamente, en tabletas menudas o en rocas gigantes. De todo se forma expediente y se hace inventario, con una tinta perenne que sigue hoy neta al cabo de cinco mil años. El escriba pulula inexorable. Se le halla dondequiera con su cálamo tras de la oreja, como nuestros covachuelistas y tenderos. Desde los diez o doce años, el egipcio que no cultiva el campo trabaja en la oficina. Hay contadores para todo, con sus títulos especiales; hay «contadores de cereales», de bueyes, de árboles. El tesorero mayor del Imperio Nuevo se denomina «guardián de la balanza». Sin embargo, no existe el menor intento de ordenar una gramática ni de elaborar una aritmética. La teoría, la ciencia, faltan por completo. La escritura tiene un sentido mágico y administrativo, pero no intelectual. Se ama la forma de la letra, no el posible espíritu que cupiera inyectar en ella. Cuando muere un niño, se ponen en la tumba sus planas caligráficas. No obstante, la pedagogía egipcia aparece resumida en esta frase: «El niño tiene espalda: escucha cuando se le pega».
1925