Abstract
A page of social pedagogy: the school demanded by scientific pedagogy is the lay school, that is, the state school; the confessional school is a principle of anarchy because it disaggregates. Ortega pushes the thesis to denying private life and the family’s right to educate: society is the sole educator and the sole end of education.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Los griegos llamaban al pueblo laos; a lo popular, laicos. La escuela que exige la pedagogía científica, es la escuela laica.
Laico, eclesiástico… Señores, ¿qué decíamos que eran los rompimientos de la unidad humana, los principios de disgregación entre los hombres? La religión es una comunidad religiosa. ¿Será, asimismo, una idea social? Dejemos pendiente esta cuestión: la marcha que ha llevado la historia nos obliga a reconocer grandes poderes de socialización en la idea religiosa; mas, a la par, ¿cuántas veces no ha perturbado la paz en la tierra?
Lo que ciertamente es antisocial es la iglesia, la religión particularista. No vanamente, según cuenta Bourrienne, entre los estantes que llevó a Egipto Napoleón figuraba uno con el letrero «Política», y en aquel estante se hallaban la Biblia y el Korán. Política para Napoleón no significaba, ciertamente, el arte de hacer mejores a los hombres, sino de, rompiéndolos, vencerlos.
La escuela confesional frente a la laica, es un principio de anarquía, porque es pedagogía disociadora.
Claro está que, para mí, escuela laica, es la instituida por el Estado. Contradiría cuanto he dicho, admitir la libertad de enseñanza que hoy tan aguerridamente toman como bandera los anarquistas conservadores apenas el Estado trata de inmiscuirse en la enseñanza ya privada.
Para un Estado idealmente socializado lo privado no existe, todo es público, popular, laico. La moral misma se hace íntegramente moral pública, moral política: la moral privada no sirve para fundar, sostener, engrandecer y perpetuar ciudades; es una moral estéril y escrupulosa, maniática y subjetiva. La vida privada misma no tiene buen sentido: el hombre es todo él social, no se pertenece; la vida privada, como distinta de la pública, suele ser un pretexto para conservar un rincón al fiero egoísmo, algo así como esas hipócritas Indians’ Reservation de los Estados Unidos, rediles donde se encierran los instintos antisociales de una raza caduca.
No compete, pues, a la familia ese presunto derecho de educar a los hijos: la sociedad es la única educadora, como es la sociedad único fin de la educación: así se repite en las aplicaciones legislativas concretas la idea fundamental de la pedagogía social: la correlación entre individuo y sociedad.