Abstract
A letter to the editor of Luz denying statements attributed to him by a French paper, notably “Spain is not prepared”. Ortega replies that a people, to reach a constructive stage, must necessarily pass through failed experiences and errors of its own.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Señor director de Luz.
Mi querido amigo: Hace unos meses, forzado a rectificar unas declaraciones totalmente imaginarias que se me atribuían, advertí en una carta, publicada por varios periódicos, que no reconocería como de mi engendro palabra alguna que no fuese garantizada con mi firma u otro signo de pareja autenticidad. Recuerdo esto con motivo de otras declaraciones que un periódico francés me inflige ahora y algunos españoles transcriben.
Creo, en efecto, que la República se consolida en estas elecciones, a pesar de cuanto han hecho para evitarlo sus gobernantes y del ningún apego a ella de las oposiciones hoy victoriosas. Esto, precisamente esto es lo curioso del caso y sobre lo que conviene hacer meditar a propios y extraños: un régimen que se va consolidando a pesar de todos los pesares, cuyos defensores son en buena parte sus mayores enemigos y cuyos enemigos tendrán que hacerse, quieran o no, sus defensores.
Hasta aquí no me hubieran molestado nada esas declaraciones «mías», pero luego me hacen decir: «España no está preparada», y esto me saca de mis casillas. Los que me conozcan un poco repararán que expresión tal, aun como mera elocución, no pertenece a mi vocabulario y tiene todo el aire de una pedantería extranjera. ¡Como si la vida fuese cuestión de preparación! ¡Como si no hubiese que vivir, «preparado» o no!
Probablemente el informador ha malentendido esta observación mía que me parece perogrullesca: España, como todos los demás pueblos del mundo, para llegar a una etapa verdaderamente constructiva, de sinceridad y edificación, tiene que pasar por una serie de experiencias fallidas, tiene que embarcarse en uno y otro error. Sólo al cabo de sufrir esos tártagos y engañarse a sí misma varias veces respecto a su auténtico sentir, consigue afinar la puntería. Hasta para disparar certeramente un cañón suelen ser inevitables dos tiros fuera del blanco, uno más allá y otro más acá. Ahora bien, es vano, mediante razonamientos previsores, pretender ahorrar a un pueblo esas experiencias del error que, por desgracia o por ventura, necesita hacer en su propia carne y no meramente en discursos y artículos de periódico. Quien comprenda esto, que es tan fácil de comprender, caerá en la cuenta de que en política es preciso saber esperar —esperar a que la colectividad nacional llegue a la estación en que pueda ya iniciarse la vía ascendente y fecunda.
Esto es lo que he dicho al informador forastero y que él ha interpretado atribuyéndome el decir de que España no está «preparada», como si dijéramos que no se ha examinado de segundo de latín, lo cual me parece una ridiculez.
Lo que, en cambio, fuera interesante y hasta urgente es averiguar si ha llegado ya España al punto en que puede comenzar su definitiva ascensión sobre el horizonte histórico —se entiende, España, no el Parlamento que va a abrirse ni los Gobiernos que van a formarse, cuyo porvenir es demasiado poco enigmático.
Aunque sin referirlo al caso presente, en que la buena fe sí que no ha faltado, termino haciendo notar que es verdaderamente odiosa la ligereza con que gentes de fuera llegan a España y pretenden en cinco minutos informarse sobre su secreto destino, sin respetar la singularísima peculiaridad que es siempre cada nación y sin otro ánimo que cobrar sus sueldos y emolumentos a cambio de las imprecisiones que transmiten. No obstante mi vehemente deseo de ser cortés y hospitalario, va a ser forzoso no recibir informadores extranjeros sin tener antes toda suerte de garantías respecto a su «preparación» en segundo de español.
Le saluda afectuosamente su amigo, José Ortega y Gasset.
Luz, 23 de noviembre de 1933