Abstract

An electoral comment: the left comes to the Cortes with great strength despite governmental abuses, but risks dispersing again. What is needed is vigorous thought and a programme of action, not the clamour of rallies. Political journalism of the moment.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Sea cualquiera el género de pequeñas modificaciones que a última hora pueda traer el amaño a la composición del Congreso, es un hecho indestructible que las izquierdas vienen a las Cortes con una gran fuerza, obtenida a pesar de los atropellos y de las polacadas gubernativas. Frente a ellas, una situación política impuesta a España por medios inconfesables intenta restaurar normas e ideales de Gobierno que se podían considerar como caducados. Del mismo modo que en la contienda electoral se ha querido aniquilar toda representación liberal, a fuerza de cometer abusos de Poder se pretenderá ahora desterrar de la vida pública, de la legislación, de las inevitables reformas que el país exige, toda influencia o inspiración procedente del campo de las izquierdas.

Sería muy doloroso que una vez terminada la lucha electoral con un triunfo inesperado, dada la movilización de arbitrariedades que presidió el señor La Cierva, los elementos liberales del país cuyas afinidades se han avivado en la pasada campaña, volvieran a dispersarse y a desasirse, para dejarse llevar nuevamente por los vientos locos del capricho y de la desorientación.

Más que nunca tienen ahora los grupos liberales, y principalmente los más sinceros, necesidad ineludible de realizar una amplia labor nacional para que la siembra de esperanzas llevada a cabo sobre el territorio español en la jornada del domingo traiga en su día frutos dorados.

No basta clamar a diario que ésta es la hora de las izquierdas. Será necesario que las izquierdas lo demuestren con elocuencia suficiente para que nadie pueda dudar. Es muy cómodo y harto sencillo ir alborotando pueblos y repitiendo siempre: «Nosotros tenemos razón». Pero resulta que toda la algarabía de mitin no sirve de nada si después de unas palabras de contorno encendido no hay un pensamiento vigoroso y un programa de acción fecunda.

Una gran parte de nuestro pueblo, aquélla que ha tenido libertad o valor suficiente para alzarse contra los abusos del Poder, acaba de proclamar paladinamente que conviene a España y a los anhelos de los españoles una política de amplio liberalismo, una política a tono con los días que nos ha dejado en herencia la guerra universal.

Sería insensato defraudar la esperanza que han puesto en los liberales tantos españoles como han querido que triunfe la tendencia izquierdista en la campaña última.

En el orden social, las derechas intentarán imponer seudosoluciones, fantasmas de solución. Aun los grupos conservadores más tocados de liberalismo opondrán viva resistencia a las radicales reformas que exige la organización de la vida española. No hay que reprocharles por ello, puesto que la misión conservadora en la política es precisamente la de sembrar de prejuicios el camino que los principios liberales deben recorrer.

Por creerlo así, censuramos que en días de agitación social y en momentos que exigen clamorosamente transformaciones profundas, se encomendase tan radical misión a hombres de pensamiento y de tradición ultraconservadora.

En el orden de la economía, cualquier reforma importante que roce la estructura de la tradicional economía española, habrá de levantar tempestades de oposición en las derechas. Corresponde a las izquierdas planear una nueva preparación de España para la lucha económica que se ha planteado ya a todos los pueblos del mundo.

Y así en todo lo demás. Probablemente, la paradoja de que en España se instaure un régimen político de principios ultraconservadores, en el momento más propicio para el gran triunfo de las ideas liberales, se debe en mucha parte a la frivolidad con que las izquierdas han enfrontado el complicado problema de la renovación española, y a que sin duda no habían llegado a tener conciencia clara de la responsabilidad que les alcanzaba cuando el triunfo de los aliados en la guerra marcó el rumbo decisivo a la política universal.

Ahora parece que ha llegado la ocasión de agrupar fuerzas para iniciar una labor serena y ordenada de acción liberal. Del mismo modo que las derechas procuran en todo momento formar el cuadro de combate en los grandes problemas que interesan por igual a todos los grupos conservadores, creemos necesario que las izquierdas se unan cuando por encima de sus matices políticos y de sus programas respectivos se encuentren —y esto ocurre muchas veces en España— en una amplia coincidencia de sentimientos liberales. Frecuentemente las hemos visto separadas por mezquindades que se sobreponían al verdadero interés español. No sabemos si las últimas elecciones les habrán servido de advertencia o si al menos comenzarán a darse cuenta de que si, en efecto, ésta es la hora de las izquierdas, ello mismo les obliga a una mayor generosidad, a un entusiasmo mayor y a más altas preocupaciones.

Publicado sin firma, El Sol, 4 de junio de 1919