Abstract
A close analysis of Maura’s speech on Catalan autonomy: the idea of the region repels that of sovereignty and can only be called autonomy, yet Maura never says what the region positively is — he uses the same negative method (“fencing off the state”) that he condemns in the Catalans.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
V. La idea de la región, en consecuencia, repele la idea de soberanía. Sólo cabe llamarla autonomía. Hablemos, pues, sólo de autonomía regional.
¿Qué es la región como personalidad autónoma? Cualquiera esperará ahora una expresión sustantiva sobre qué sea lo regional, esa «realidad objetiva». Nada de eso: el señor Maura dedica el resto de su discurso a decir qué no es lo regional. De un lado, extirpa de la región el Municipio, que «tiene, no tanto derecho, sino un derecho más notorio e incontestable que la región a su autonomía, y la nación necesita de la autonomía municipal muchísimo más y muchísimo antes que de la autonomía regional». La región no puede «absorber» al Municipio.
De otro lado, la región es confinada por el Estado. Como en las bases presentadas por los catalanes, en vez de determinar directamente las «facultades del Gobierno regional», lo que se hace es delimitar las del Estado, «amojonar el Estado», el señor Maura declara censurable el método.
Pero el señor Maura emplea exactamente el mismo método. Todo el resto del discurso, que es casi la mitad de su volumen íntegro, lo dedica el señor Maura a especificar las facultades del Estado que han olvidado en sus bases los peticionarios catalanes. Al hablar de la Hacienda, vuelve a hablar de la municipal y de la nacional, insistiendo en el mismo método que condena.
De suerte que no hay en todo el discurso una sola palabra estricta y a la vez positiva que exprese la idea de región según el señor Maura. He aquí lo único que a este punto —el único, el esencial— se refiere:
«No hay que definir las facultades del Estado; no hay que tocar, no hay que enmendar nada; hay que sustituir la definición incompleta e imposible de las facultades del Estado por una definición inédita, nonata, pero fácil, yo reconozco que fácil y clara, de lo que es la materia regional, de lo que hemos entendido todos por vida interior de Cataluña, y eso lo definiremos, seguramente, sin hostilidad, y, por mi parte, sin regateos que no sean archijustificadísimos. ¿Por qué? Porque yo, en esa materia, como tengo acreditado hace muchos años, no soy de los que proceden como haciendo concesiones, no; yo llevo el ansia de conquista, yo lo considero una adquisición, yo lo anhelo, yo lo considero el bien y la vigorización de la vida de mi país y la grandeza de mi patria; por tanto, yo no he de regatear nada, como no sea que me convenza que se le quita algo a ese señor que se llama España, a quien no podemos ni debemos despojar».
Bien están estas últimas palabras; pero nadie puede sostener que las precedentes bastasen en un día como el de ayer, en 12 de diciembre de 1918, a conducir el problema cerca de la solución.
Y prueba de ello es que, al terminar, reconoce el señor Maura que no ha hecho sino «una crítica». Léase:
«Todo esto quiere decir que para el debate de hoy no hace falta más que establecer el sentido, la definición de los principios que el señor Cambó proclamaba, pues de los detalles podemos ahora prescindir, porque, al fin y al cabo, no se trata de un proyecto de ley, de un texto sobre el cual haya de recaer la aprobación de la Cámara. La crítica de ahora sólo sirve para exponer cuál sería el criterio con que yo me pondría a examinar ese texto, si fuera de ley, para instituir la autonomía regional, y en este punto los detalles carecen de importancia, no vale la pena de interponernos en ellos; aunque claro es que no me opongo a que se me conteste y se me refute. Pero ahora es la ocasión de exponer la manera de entender la región, sus medios y sus facultades».
¿Llegamos, por fin, al discurso verdadero —preguntará el lector leal—, y es lo anterior meramente un exordio? ¿Vamos, al cabo, a saber qué es la región, cuáles sus medios, cuáles sus facultades? No. El discurso toca a su conclusión. Y vea las discretas consideraciones con que cree el señor Maura poder salir al encuentro de esta gravísima hora política:
«Yo, señores, he creído siempre lo mismo que voy a decir ahora, y es que no falta más que “voluntad”, “voluntad” y “voluntad”, para resolver el problema regional y todos los problemas relativos a la organización de España; que no hay para eso ningún obstáculo insuperable, que son los apasionamientos, las ceguedades de la pasión, lo que finge esos obstáculos, porque, en suma, hace diez o quince años, cuando aquella campaña de la ley del Régimen local, eran muy pocos los partidarios de lo que estoy diciendo; acaso, dentro del propio Consejo de ministros, mis queridísimos, lealísimos compañeros cedían más bien a la deferencia hacia mi persona que a sus convicciones, para llegar a la unanimidad…
»Ahora ha andado mucho terreno todo eso; ahora es inmensa la zona de opinión española que se ha convencido de que, en efecto, hay que ir a la autonomía regional y resucitar y tonificar la vida local. Por eso no hay más inconvenientes que los que susciten la pasión o la obstinación.
»Lo que Cataluña quiere, aquello en que Cataluña tiene unanimidad, es eso mismo en que estamos conformes el señor Cambó y yo. Las demás cosas, los textos, los incisos, la retórica, el olvido, las habilidades, eso es una labor de unos centenares, de unas docenas; si queréis, de unos millares, ignorados de la masa general de Cataluña y de la masa de la nación española, para quien hemos de legislar y de cuya opinión nos hemos de preocupar».