Abstract
A newspaper piece (El Sol, 1918) against the generation of politicians formed under the Regency: they did not govern, they destroyed the prestige of institutions and, through the exemplary influence rulers exert on the ruled, demoralised the people. It announces a new, more severe generation. Political journalism.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
En tanto que una inmensa gloria de paz ilumina el mundo y grandezas triunfantes se levantan sobre derrotadas grandezas, va a presentarse al Parlamento español este nuevo Gobierno, que han tenido la osadía de formar los señoritos de la Regencia. Por vigésima vez los vemos avanzar hacia el banco azul, inconscientes y audaces, como pelícanos que bajan a una marisma. Helos ahí: uno, dos, tres, cuatro… —son los señoritos de la Regencia.
Porque acaso no haya otro nombre que mejor califique a esta generación de políticos en cuyas manos dio el corazón de España menos pulsaciones por minuto. Son los hombres que aprendieron la vida en aquella ominosa Regencia donde dieron su cosecha todas las corrupciones sembradas en la Restauración. Época sorda, sin ojos ni nervios, sin curiosidades científicas ni humanas, sin respeto hacia lo egregio ni asco hacia lo abyecto. Época en que todo fue al revés, y a la fantasmagoría se llamaba «realidad política», y a la realidad se llamaba despectivamente «idealismo».
Desde entonces hasta el día se ha preferido vivir bajo una ficción de organización nacional, sin atacar seriamente ningún problema de gobierno; sin asegurar a las instituciones cierto mínimum de prestigio, dejándolas corromperse en manos de hombres desahuciados del respeto público, gentes casquivanas y con almas desiertas, faltas de unción social y de elegancia ética, abogadetes livianos o periodistas de paso que llegaban al poder sin más bagaje que la osadía del ignorante y el aplomo del aventurero. Mal podían ciudadanos de tal catadura realizar esa síntesis de generosidad, previsión, continuidad y competencia que es en serio el gobernar. No gobernaron, pues, no organizaron la nación; pero, en cambio, aniquilaron el prestigio de las instituciones, y sobre todo, desmoralizaron al pueblo. Porque, quiérase o no, los gobernantes, aparte su labor de tales, ejercen sobre los gobernados un influjo de ejemplaridad. Si son virtuosos, propagan sus virtudes, y si son ruines, contaminan el aire con su ruindad. Esto último ha acontecido en nuestra tierra, y aún habrá quien extrañe la inercia, el abandono, la falta de coraje, de esperanza y de constancia en el pueblo español.
Pero ya ha llegado a madurez una nueva generación de españoles más laboriosa y más severa, con una sensibilidad más perfecta para los destinos nacionales. Esta generación se ha educado en el santo odio hacia los hombres que dejaron a nuestra pobre España paralítica. Han aguardado años y años su hora, la hora de volver a hundir en la nada estas nadas insurrectas que se apoderaron del Gobierno español.
Por última vez, sobre un fondo de instituciones en crepúsculo, van a presentarse hoy al Parlamento los señoritos de la Regencia.
Publicado sin firma, El Sol, 12 de noviembre de 1918