Abstract

A press note (Luz, 9 June 1933) on the government crisis: not a normal crisis, since it touches the Republic’s future, and the coming six months are the only margin left for republican politics to nationalise itself. He asks for a ministry that, without hostility to the socialists, corrects the abandonment of public power to the whim of lesser authorities and party caciquismo. An occasional political document.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

La crisis actual, cuyo planteamiento viene ya retrasado, y no por defecto de la Presidencia de la República, no puede ser tramitada como una crisis normal que se produjera dentro de un régimen hondamente arraigado y que tuviese a la espalda un prestigioso pretérito. No es, pues, una mera crisis de Gobierno y de grupos parlamentarios, sino que afecta muy seriamente al porvenir de la República. Los seis meses próximos son decisivos y representan el único margen de holgura que queda a la política republicana para conseguir de verdad nacionalizarse fundiéndose con los destinos de España. Quienes por no creerlo así, escatimen facilidades, que deben ser insólitas y casi ilimitadas, para la solución de la crisis, deberán en su fecha y hora, cargar con la responsabilidad íntegra y sin salpique para el prójimo de los resultados que acarree el desperdicio del próximo semestre.

Deberá llevársele a toda prisa con una actuación política que no pretenda contraponer a la legislación promulgada otra de signo contrario, pero que, en cambio, se ocupe a fondo en rectificar radicalmente, y desde la primera hora, no los modos de gobierno que han sido durante año y medio más o menos izquierdistas, cosa que, por sí no hubiera sido nefasta, sino el abandono del Poder público al albedrío de las autoridades inferiores, la política de la agresión desde las alturas del Ministerio, la ninguna magnanimidad en el aprovechamiento de los hombres aptos y su postergación por el caciquismo de partido, la incompetente ligereza en la facultad de decretar y el insistente propósito de ahuyentar de la República cuanto no fuese el segmento de una determinada clase o pequeños grupos de azar.

Es preciso que los partidos republicanos faciliten la formación de un ministerio que, sin hostilizar a las fuerzas socialistas, con entera lealtad hacia ellas y frente a ellas haga posible la iniciación de una política orientada a ensanchar las bases de opinión sobre que se apoya la República. El Gobierno que se propusiese esto enérgicamente y en todas sus dimensiones, beneficiaría, sin más, de tal satisfacción pública que no habría de ser problema la cuestión de personas.

Fuera sobremanera confuso ir, desde luego, a una disolución del Parlamento sin la intermisión de esta limitada etapa de Gobierno que permitiese preparar las fuerzas del país —preparación que no existe en ningún campo— para que unas nuevas elecciones pudiesen dar un resultado fértil y no meramente espasmódico. Pero claro es que corresponde al Parlamento mismo, con las facilidades que otorgue a la solución de esta grave crisis, justificar o impedir su propia perduración.

Luz, 9 de junio de 1933