Abstract

An article (España, 1915) on Carranza’s Mexico expelling the Spanish envoy: the affront must be told without euphemism so that it leaves a seed of disquiet. Ortega draws from it the charge that Spain is the only European people without an American policy, and proposes turning emigration into power: not arms only, but the book and the technician as the Ibero-American industry. Political journalism.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

El general Carranza, jefe del partido constitucionalista mejicano, ha echado a nuestro representante diplomático del territorio de Nueva España, como se echa a un perro de una iglesia. El suceso debe referirse así, huyendo de todo eufemismo, buscando expresiones que lleven a todos los ánimos españoles la clara conciencia de la ominosa realidad. Y es un deber de patriotismo que el cuento doloroso se cuente en la última aldea, entre los hombres de capa parda juntados en la solana, y en la última escuela, ante los niños de pupilas inquietas, para que quede en sus menudos corazones como un germen de inquietud y una simiente de coraje. Que lo sepan todos. ¡Hasta de la Nueva España quieren ahuyentar la sombra de la Vieja España!

Desde el punto de vista protocolario podrá el acontecimiento hallar buen arreglo; el detalle jurídico —y en consecuencia poco importante— de que el general Carranza no represente un Gobierno reconocido podrá aminorar el conflicto oficial. Las salvedades verbales que en la orden de expulsión se hacen respecto a España facilitan la externa solución.

Pero sería un crimen de lesa patria pretender que el incidente resbale sobre nuestra sensibilidad sin herirla ni provocar una ejemplar reacción. A fuerza de evitar dificultades al Estado estamos alimentando la agonía de la nación.

¿Qué impresión ha podido producir este hecho en todo español que tenga todavía los nervios vivos? Seguramente la de un dolor profundo y una profunda vergüenza y, a la vez, de una deprimente indefensión e incapacidad de afirmarse contra la hostilidad y el desdén, algo, en suma, de lo más cruel y trágico que cabe sentir: una iracundia paralítica.

No caigamos en el fácil e inepto patrioterismo de la época de la Restauración; al contrario, incitemos a un nuevo patriotismo más severo y eficaz para quien la patria no es una gloria de que se goza, sino una obra difícil que hay que cumplir; no un entusiasmo de placer, sino un entusiasmo de deber y de esfuerzo.

Esta bocanada de desprecio que nos llega del golfo mejicano conviene que nos llegue bien adentro para ver si da tensión a nuestras almas, para ver si nos recuerda que es América el mayor deber y el mayor honor que queda en nuestra vida.

¡España, España es el único pueblo europeo que no tiene una política de América! ¿Cómo es esto posible? No queda a nuestra raza otra salida por el camino real de la historia si no es América. La organización de nuestro influjo moral en el Nuevo Mundo es la sola política de altura en que podemos pensar.

Se dice que nos odian los americanos, se dice que nos desdeñan. Bien, ¡qué importa! He ahí una empresa digna de encender los corazones nobles: hacer una España que aniquile ese odio y ese desdén y los convierta en respeto.

La política no es una labor de magia encargada de crear cosas de la nada. Toda alta política ha consistido en dar un sesgo tal a las fuerzas aparentemente perniciosas que las torne en benéficas. La dolorosa emigración de españoles a América es el enorme salto de agua donde hay que poner la turbina nacional. En vez de lamentarla, hacerla fecunda.

América es una inmensa factoría: necesita brazos que laboren y cabezas que dirijan la producción. No enviamos más que brazos y hemos hecho de España una fábrica de siervos para América. Y, sin embargo, bastaría con un fuerte querer para que pudiéramos dentro de pocos años enviar directores: el libro y el técnico debían ser la industria iberoamericana. ¿Se ha intentado alguna vez?

¡Señores diputados, señores diputados: un poco de sensibilidad para la historia de España!

Mas ¿a qué esperar esto de los diputados, que viven llenos de muy otras ocupaciones?

¡Señores españoles, señores españoles: nervios para España!

España, 19 de febrero de 1915