Ortega y Gasset
Abstract
A press polemic against Maura: the 1907 Crown message on foreign policy is reproduced unchanged in 1919, yet maurismo was in fact anti-French and anti-British during the war. Topical political journalism, no philosophical content.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Alguien, demasiado oficioso y avisado, hizo llegar ayer a la Prensa una nota en la que se recordaban las orientaciones que la pluma del señor Maura señaló a la política internacional de España en el Mensaje que leyó el Rey al abrir las Cortes del año 1907.
«Es verdaderamente admirable —dice La Acción de anoche— que, a pesar de todas las mudanzas radicalísimas que se han operado en el mundo desde 1907, otro Gobierno, presidido también por el señor Maura, pueda reproducir sin enmienda ni modificación los conceptos que sobre política exterior quedaron expuestos en el Mensaje de 1907.
»El Rey, aconsejado por un Gobierno del señor Maura, no ha tenido que hacer ahora otra cosa que reproducir íntegramente lo que dijo hace doce años, con el mismo Consejo».
Y ¿cuáles fueron las orientaciones del Mensaje leído en 1907? ¿Cuáles fueron esos conceptos y esas palabras que a través de las tempestades de la guerra no han necesitado enmienda ni raspadura?
«Perdurando la cordialidad —decía aquel Mensaje— que queremos mantener y felizmente mantenemos con las demás Potencias, intereses comunes muy considerables estrechan en el fecundo seno de la paz nuestra amistad con Inglaterra y con Francia».
¡Triste espectáculo y lamentable ejemplo de ineficacia el que ofrecen los conceptos y las palabras del señor Maura en lo que toca a nuestra política internacional! Tan alta clarividencia en el Mensaje de 1907 autorizaba a esperar en los años trágicos de la guerra una más plena y gallarda realización de los propósitos que aquellas palabras revelaban. Y sucedió lo contrario. En el momento en que algunos elementos, patrióticamente antigermanófilos, pedían que España diese a su neutralidad un carácter de «benevolencia» hacia Francia e Inglaterra, puesto que nuestra amistad con esas Potencias a ello nos tenía obligados, en el momento en que algunos españoles alzaban su voz entre un océano de calumnias y de groseros ataques para evitar que cayésemos en la «neutralidad neutra», el maurismo fue uno de los elementos más profunda y tenazmente antifranceses y antibritánicos. Fue el propio señor Maura quien hubo de ceder a las sugestiones de sus partidarios haciendo aquel famoso discurso de la Plaza de Toros de Madrid, cifra y compendio de todas las desorientaciones del señor Maura en asuntos de política internacional. Así coronó el maurismo durante la guerra aquella «amistad con Francia e Inglaterra que se estrecha en el seno de la paz». Ninguno de los dos países debe a la actividad maurista, a la política maurista, la menor prueba de amistad. En cambio, las pruebas de enemistad no faltan.
Pero, ¡a qué razonar más! Si la política internacional del Gabinete que hoy preside el señor Maura es una continuación armoniosa de la que en 1907 consagró el propio señor en el Mensaje de la Corona, ¿a qué ha venido el fatigarse en extraer de otro partido político a un hombre idóneo para desempeñar la cartera de Estado? Si la política del maurismo era tan clara y perfecta, ¿por qué buscar en las filas romanonistas —las filas del contrabando, del oro inglés, de los negocios de Embajada, según los mauristas— al señor González Hontoria y presentarlo en calidad de «ministro deseable»? ¡Poco honor hizo el señor Maura a sus partidarios, si a pesar de mantener desde 1907 política tan definida en el orden de nuestras relaciones exteriores, no encontró un maurista capaz de comprenderla y llevarla a término feliz! Incomprensible, por lo tanto, la presencia del señor Hontoria en el Gabinete.
Pero no fue tal. Ocurrió en 1907, como ha ocurrido con harta y dolorosa frecuencia, que la política española se ha desarrollado sin plena conciencia de las responsabilidades que se iban contrayendo; llegó la guerra, y muchos políticos españoles creyeron que los documentos anteriores, las palabras, las actitudes anteriores y toda una historia de pactos, acuerdos y tratados, no obligaba a la menor prueba de confianza y amistad hacia los países que con nosotros venían conviviendo; aún más, creyeron que ante un acontecimiento tan gigantesco como el de la guerra, todo desaparecía y podíamos medir a todas las Potencias por el mismo rasero, sin tener para nada en cuenta condiciones de vecindad, de relaciones comerciales, de afinidad, y sobre todo, de amistad prometida y sellada públicamente. Se fue inconscientemente a la «neutralidad neutra», que es como una muerte de las mejores posibilidades. Y cuando decíamos algunos españoles que la «neutralidad» permitía toda una política provechosa y noble, sin necesidad de ir a las trincheras (¡quién pensó jamás en ello!), solían decirnos los mauristas, entre otros elementos, que todo español capaz de pensar en algo distinto de la «neutralidad absoluta, sin distingos ni matices», era un intervencionista traidor a la Patria. Claro es que, al fin, el Gabinete Maura, a pesar de las palabras de 1907, ha tenido que nombrar ministro de Estado a un hombre que por escribir tres o cuatro artículos contra la piratería alemana, injustificable ante el derecho y ante la humanidad, hubo de sufrir denuestos de la caterva germanizante y tuvo que oír la acusación de «intervencionista» con que nos distinguían a todos los que advertíamos y condenábamos la aberración teutona.
De modo que la eficacia de lo que se dijo y escribió en 1907 ha sido tan escasa, que, realmente, no han quedado más que unas palabras descoloridas, borradas por la germanofilia maurista de los cuatro años últimos.
Publicado sin firma, El Sol, 25 de junio de 1919
Someone, too officious and well-informed, had a note delivered yesterday to the Press in which the orientations were recalled that Mr. Maura’s pen pointed out to the international policy of Spain in the Message that the King read upon opening the Cortes of the year 1907.
“It is truly admirable —says La Acción of last night— that, in spite of all the most radical changes that have been operated in the world since 1907, another Government, also presided over by Mr. Maura, can reproduce without amendment or modification the concepts that on foreign policy were set out in the Message of 1907.
“The King, advised by a Government of Mr. Maura, has not had to do now anything other than reproduce integrally what he said twelve years ago, with the same Council.”
And what were the orientations of the Message read in 1907? What were those concepts and those words that through the storms of the war have not needed amendment nor scraping away?
“While the cordiality endures —that Message said— that we wish to maintain and happily maintain with the other Powers, very considerable common interests tighten in the fecund bosom of peace our friendship with England and with France.”
Sad spectacle and lamentable example of inefficacy is that offered by the concepts and words of Mr. Maura in what touches our international policy! So high a clairvoyance in the Message of 1907 authorized the hope, in the tragic years of the war, of a more full and gallant realization of the purposes that those words revealed. And the opposite happened. At the moment in which some elements, patriotically anti-Germanophile, asked that Spain give to its neutrality a character of “benevolence” toward France and England, since our friendship with those Powers obligated us to it, at the moment in which some Spaniards raised their voice in an ocean of calumnies and coarse attacks to prevent us from falling into “neutral neutrality,” Maurism was one of the most deeply and tenaciously anti-French and anti-British elements. It was Mr. Maura himself who had to yield to the suggestions of his partisans by making that famous speech of the Plaza de Toros of Madrid, cipher and compendium of all Mr. Maura’s disorientations in matters of international policy. Thus Maurism crowned during the war that “friendship with France and England that is tightened in the bosom of peace.” Neither of the two countries owes to Maurist activity, to Maurist policy, the least proof of friendship. On the other hand, proofs of enmity are not lacking.
But, why reason further! If the international policy of the Cabinet that today Mr. Maura presides over is a harmonious continuation of that which in 1907 the gentleman himself consecrated in the Message of the Crown, what has the exhausting effort of extracting from another political party a man suitable to discharge the portfolio of State come to? If the policy of Maurism was so clear and perfect, why seek in the Romanonist ranks —the ranks of smuggling, of English gold, of Embassy business, according to the Maurists— Mr. González Hontoria and present him as a “desirable minister”? Little honor did Mr. Maura do his partisans, if despite maintaining since 1907 so defined a policy in the order of our foreign relations, he found no Maurist capable of understanding it and carrying it to a happy term! Incomprehensible, therefore, the presence of Mr. Hontoria in the Cabinet.
But it was not so. It happened in 1907, as it has happened with all-too-dolorous frequency, that Spanish policy has developed without full consciousness of the responsibilities that were being contracted; the war came, and many Spanish politicians believed that the previous documents, the words, the previous attitudes and a whole history of pacts, agreements and treaties did not oblige the least proof of confidence and friendship toward the countries that had been living together with us; even more, they believed that before an event as gigantic as that of the war, everything disappeared and we could measure all the Powers with the same yardstick, without taking into account at all conditions of neighborhood, of commercial relations, of affinity, and above all, of friendship promised and publicly sealed. One went unconsciously to “neutral neutrality,” which is like a death of the best possibilities. And when some of us Spaniards said that “neutrality” permitted a whole profitable and noble policy, without need of going to the trenches (who ever thought of it!), the Maurists, among other elements, used to tell us that every Spaniard capable of thinking of something other than “absolute neutrality, without distinctions or nuances,” was an interventionist traitor to the Fatherland. It is clear that, in the end, the Maura Cabinet, in spite of the words of 1907, has had to appoint as minister of State a man who for writing three or four articles against German piracy, unjustifiable before the law and before humanity, had to suffer the insults of the Germanizing rabble and had to hear the accusation of “interventionist” with which they distinguished all of us who warned of and condemned the Teutonic aberration.
In such a way that the efficacy of what was said and written in 1907 has been so scant, that, really, nothing has remained but a few faded words, erased by the Maurist Germanophilia of the last four years.
Published unsigned, El Sol, 25 June 1919
Qualcuno, troppo officioso e avvisato, fece arrivare ieri alla Stampa una nota in cui si ricordavano gli orientamenti che la penna del signor Maura segnalò alla politica internazionale di Spagna nel Messaggio che il Re lesse all’apertura delle Cortes dell’anno 1907.
«È veramente ammirabile —dice La Acción di ieri sera— che, nonostante tutti i mutamenti radicalissimi che si sono operati nel mondo dal 1907, un altro Governo, presieduto anch’esso dal signor Maura, possa riprodurre senza emendamento né modificazione i concetti che sulla politica estera restarono esposti nel Messaggio del 1907.
»Il Re, consigliato da un Governo del signor Maura, non ha dovuto fare ora altra cosa che riprodurre integralmente ciò che disse dodici anni fa, con lo stesso Consiglio».
E quali furono gli orientamenti del Messaggio letto nel 1907? Quali furono quei concetti e quelle parole che attraverso le tempeste della guerra non hanno necessitato di emendamento né di raschiatura?
«Perdurando la cordialità —diceva quel Messaggio— che vogliamo mantenere e felicemente manteniamo con le altre Potenze, interessi comuni molto considerevoli stringono nel fecondo seno della pace la nostra amicizia con l’Inghilterra e con la Francia».
Triste spettacolo e lamentabile esempio d’inefficacia quello che offrono i concetti e le parole del signor Maura in ciò che tocca la nostra politica internazionale! Tanto alta chiaroveggenza nel Messaggio del 1907 autorizzava a sperare, negli anni tragici della guerra, una più piena e gagliarda realizzazione dei propositi che quelle parole rivelavano. E accadde il contrario. Nel momento in cui alcuni elementi, patrioticamente antigermanofili, chiedevano che la Spagna desse alla sua neutralità un carattere di «benevolenza» verso Francia e Inghilterra, poiché la nostra amicizia con quelle Potenze a ciò ci teneva obbligati, nel momento in cui alcuni spagnoli alzavano la loro voce tra un oceano di calunnie e di grossolani attacchi per evitare che cadessimo nella «neutralità neutra», il maurismo fu uno degli elementi più profondamente e tenacemente antifrancesi e antibritannici. Fu lo stesso signor Maura che dovette cedere alle suggestioni dei suoi partigiani facendo quel famoso discorso della Plaza de Toros di Madrid, cifra e compendio di tutti i disorientamenti del signor Maura in affari di politica internazionale. Così il maurismo coronò durante la guerra quella «amicizia con Francia e Inghilterra che si stringe nel seno della pace». Nessuno dei due paesi deve all’attività maurista, alla politica maurista, la minima prova di amicizia. In cambio, le prove di inimicizia non mancano.
Ma, a che ragionare di più! Se la politica internazionale del Gabinetto che oggi presiede il signor Maura è una continuazione armoniosa di quella che nel 1907 consacrò il signore stesso nel Messaggio della Corona, a che è venuto l’affaticarsi nell’estrarre da un altro partito politico un uomo idoneo a svolgere il portafoglio di Stato? Se la politica del maurismo era tanto chiara e perfetta, perché cercare nelle file romanoniste —le file del contrabbando, dell’oro inglese, degli affari d’Ambasciata, secondo i mauristi— il signor González Hontoria e presentarlo in qualità di «ministro desiderabile»? Poco onore fece il signor Maura ai suoi partigiani, se nonostante mantenere dal 1907 una politica tanto definita nell’ordine delle nostre relazioni estere, non trovò un maurista capace di comprenderla e portarla a termine felice! Incomprensibile, quindi, la presenza del signor Hontoria nel Gabinetto.
Ma non fu tale. Accadde nel 1907, come è accaduto con ben dolorosa frequenza, che la politica spagnola si sia sviluppata senza piena coscienza delle responsabilità che si andavano contraendo; giunse la guerra, e molti politici spagnoli credettero che i documenti anteriori, le parole, gli atteggiamenti anteriori e tutta una storia di patti, accordi e trattati, non obbligasse alla minima prova di fiducia e amicizia verso i paesi che con noi venivano convivendo; ancora di più, credettero che dinanzi a un avvenimento tanto gigantesco come quello della guerra, tutto scomparisse e potessimo misurare tutte le Potenze con lo stesso metro, senza tener per nulla conto di condizioni di vicinanza, di relazioni commerciali, di affinità, e soprattutto, di amicizia promessa e sigillata pubblicamente. Si andò inconsciamente alla «neutralità neutra», che è come una morte delle migliori possibilità. E quando dicevamo alcuni spagnoli che la «neutralità» permetteva tutta una politica proficua e nobile, senza necessità di andare alle trincee (chi pensò mai a ciò!), solevano dirci i mauristi, tra altri elementi, che ogni spagnolo capace di pensare a qualcosa di distinto dalla «neutralità assoluta, senza distinzioni né sfumature», era un interventista traditore della Patria. Chiaro è che, alla fine, il Gabinetto Maura, nonostante le parole del 1907, ha dovuto nominare ministro di Stato un uomo che per aver scritto tre o quattro articoli contro la pirateria tedesca, ingiustificabile dinanzi al diritto e dinanzi all’umanità, dovette subire vituperi della caterva germanizzante e dovette sentire l’accusa di «interventista» con cui ci distinguevano tutti quelli che avvertivamo e condannavamo l’aberrazione teutona.
Di modo che l’efficacia di ciò che si disse e scrisse nel 1907 è stata tanto scarsa, che, realmente, non sono rimaste che alcune parole scolorite, cancellate dalla germanofilia maurista degli ultimi quattro anni.
Pubblicato senza firma, El Sol, 25 giugno 1919