Abstract

A press note (Crisol, 1931) in which Ortega denies he means to found a party, says he suspects he is unfit for political action, and announces he will state publicly his dissent about the tone given to the Republic. An occasional, autobiographical-political piece.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Veo que estos días los periódicos entran en erupción a beneficio de supuestos proyectos políticos míos. Periodista de toda la vida, mejor aún, de toda la vida de varias generaciones por uno y otro lado familiar, he solicitado siempre de mis compañeros el natural trato de favor, que para mí consiste en evitar todo lo posible la impresión de mi nombre. Durante muchos años lo he logrado; pero desde el advenimiento de la República, y con el pretexto de modestísimas intervenciones mías en la vida pública, veo con frecuencia aterradora transitar mi persona por las columnas periodísticas. Yo preferiría que se me dejase como hasta aquí, en la discreta penumbra correspondiente a quien no es uno de estos personajes políticos tremebundos, a quienes se sorprende siempre con todas las cuestiones resueltas, seguros de sí mismos y capaces de tragarse el Universo.

¿Qué quiere decir eso de que yo voy a fundar un partido político? Como si un partido político se fundase sin más, previo acuerdo consigo mismo, como se funda una esperanza y por acuerdo privado con otra persona, como se funda una familia. La única virtud que me consta haber ejercitado ha sido no presentarme nunca ante mis compatriotas con la pretensión de hacer lo que no estoy seguro de saber hacer. Ahora bien; yo tengo vehementísimas sospechas de que no sirvo para la acción política, y estos meses de diputación a Cortes no han hecho sino nutrirlas ampliamente. Durante la primera etapa de la discusión constitucional nuestro grupo y yo hemos actuado con entusiasmo y brío. Cuando hemos visto que no era probable hacer triunfar nuestro punto de vista, tal vez un poco complicado, hemos preferido, a hacer vanas gesticulaciones, limitar nuestra intervención, hacer borrosa nuestra fisonomía, y en cierto modo nulificarla.

Pero han transcurrido siete meses de vida republicana, y está próxima la aprobación del texto constitucional y elección de presidente de la República. Esto quiere decir que termina el primer acto de la implantación del nuevo régimen en nuestro país. El momento es de importancia decisiva para nuestra historia. Hasta ahora, el nuevo régimen ha vivido según la inspiración y voluntad de unos cuantos grupos y partidos que han dado el tono a la nueva política. Los demás hemos procurado no estorbar. Pero ahora es preciso que todo el que tenga algo propio que decir al país, lo diga con claridad. Tiene que venir un claro deslinde de opiniones y responsabilidades, y lo que yo me propongo en fecha no lejana es hacer una vez más lo que siempre he hecho y lo único que puede exigirse de un intelectual: que dé al viento su verdad. Yo no estoy conforme con el tono ni los modos que se han dado a la República. El cambio de régimen no tiene sentido si no es para lograr que la vida española salga por fin al alta mar de la Historia. Y salvas las justas excepciones, casi todo lo que se viene haciendo es lo contrario: contraer la vida española, angostar su horizonte y dejar que triunfe la inspiración pueblerina. ¿Por qué no intentar que en este magnífico momento se decidan los españoles a pensar en grande?

Ignoro de dónde ha podido salir ese anuncio prematuro de un nuevo partido. Sólo puedo decir que no ha sido de mí, y que me hallo exento de todo compromiso con nadie. Al contrario, he sostenido y sostengo que antes de pensar en nuevas organizaciones políticas es preciso que cada cual, con el timbre individual de su voz, diga lo que piensa sobre lo que hasta aquí ha sido y lo que puede ser la República española.

Crisol, 17 de noviembre de 1931