Abstract
An unsigned editorial (España, 1915) against Dato’s neutrality: between entering the war and ‘neutral neutrality’ there is a third way, a defensive policy; the weak has no right to attack but gains full dignity in defending himself. Topical wartime journalism.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
No es sazón para hacer un ejército, hemos dicho. Lo fue hace siete meses. Entonces pudo emprenderse no la creación de una armada millonaria (no hay que hablar de esto), pero sí la realización de nuestro ejército. Pues el mayor desdoro que pesa sobre la población civil de España es acomodarse, lustro tras lustro, a que el ejército pagado por ella no exista en parte alguna.
Una visión política incalculablemente torpe ha hecho pensar al señor Dato y demás ánimas del purgatorio que una declaración de neutralidad evitaba el conflicto de que al tener un día que llamar al ejército se percataran los sordo-mudos-ciegos españoles de su no existencia. Pero ello vendrá, no hay duda. Se llamará un día —un último día— al ejército, porque no habrá más remedio. Y el ejército no acudirá, porque no lo hay. Y rebañando por todas partes se llegará a reunir hasta cuatrocientos cañones, número lastimosamente escaso. Y todo ello se hará no en la hora elegida por nosotros, sino en una hora forzada, cuando mayor sea el ambiente de depresión moral en el alma colectiva.
Y todo ello será obra de este pensamiento de la neutralidad, el más pueril que ha podido ocurrirse a un hombre de Estado.
Entre la neutralidad tal y como la piensa el señor Dato y la política de aliarse a uno de los bandos beligerantes hay una situación intermedia, que es la única seria y digna. Entrar en la pendencia de una parte o de otra equivalía a una política de agresión que, en efecto, no puede realizar más que un país con medios poderosos. Pero de antemano estaba previsto que habría de ir engrosando día por día una tercera voz en la discordia: la voz, la política de los neutrales. Cada día tenía que ir significando esta política de los neutrales menos pasividad y más actividad. Dicho en otras palabras: la política defensiva.
La nota de los Estados Unidos a Alemania habrá hecho entender esto, inclusive a nuestro Gobierno.
Claro es, como dice La Época, que nuestras palabras no pueden ser —por motivos de buen gusto— tan recias como las norteamericanas. Pero adviértase una cosa: si era ridículo entrar en la contienda con medios tan menguados cual los nuestros, no lo es defenderse con los que se tengan, aun cuando fuesen mínimos. El débil no tiene derecho a agredir, pero adquiere dignidad perfecta cuando se defiende con todas las fuerzas de su debilidad.
Si un submarino alemán echa a pique un barco español, podemos, sin perder un hombre ni un céntimo, ejercer en nuestros puertos la adecuada represalia.
Publicado sin firma, España, 5 de marzo de 1915