Abstract
The close of a series (España, 1915) on liberty: Spanish law must be reformed to guarantee the exercise of liberties and give legal standing to resistance against abuses of authority, as with the plea of unconstitutionality in Switzerland and the United States. It ends bitterly: liberty—‘the right to distance between man and man’—is now either felt or not, and Spaniards do not feel it.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Ni que decir tiene que todas estas palabras reducen a no ser sino palabras todas sus pretensiones. Pues el escritor ha cumplido su misión cuando ha escrito palabras sinceras. Que de la palabra nazca el acto como bajo la flor el fruto, no es su menester.
Aún hubiera querido dedicar algún espacio a mostrar cómo es urgente que la acción liberal española —¡si es que la hay!— se preocupe de reformar la legalidad en el sentido de asegurar el ejercicio de las libertades y dar estado jurídico a la resistencia contra los abusos de autoridad. Ya en 1789 promulgaban los convencionales que toute societé dans laquelle la garantie des droits n’est pas assurée, n’a point de constitution. Siquiera esto, los españoles no tenemos constitución. Siquiera en Suiza existe el derecho de recurso por anticonstitucionalidad de una ley, ante el Tribunal federal, y en los Estados Unidos todo juez puede aceptar la excepción de inconstitutionality, alegada por el acusado. Un decenio, cuando menos, lleva ya de vida el grande movimiento de todas las minorías liberales de Europa para construir instituciones de defensa jurídica contra el poder público, Gobierno o Parlamento. Seguramente don Fernando de los Ríos, profesor de Derecho político, podría y debería hablar al detalle de este asunto que tan bien conoce.
Mas todo será vano. Cuando se combate sin esperanza, cada bote de lanza sólo deja dolor en quien lo da. Y este asunto de la libertad, del «derecho a la distancia entre hombre y hombre», no es de aquéllos que puedan ya ser discutidos. La discusión y aun la discusión armada, tuvo su hora: hoy la libertad —como la armonía musical, como el amor y el honor—, se siente o no se siente.
Y los españoles, por lo visto, no conservan sensibilidad para esta pura, santa norma. La libertad, es cierto, no se ve, ni se toca, ni se huele. La libertad no es más que una idea.
«¡Por la idea!» —gritaban en las barricadas los progresistas del año 35, blandiendo en lo alto su trabuco, mientras una bala del Estado les partía el corazón.
¡Libertad, divino tesoro!…
España, 16 de julio de 1915