Abstract

Continuation of the Egypt sketch: no society was ever more purely a State — no individuation, bureaucratic hypertrophy, a cult of official titles. Hegel’s ‘objective spirit’ is cited in passing to define the State as a system of intellectual and moral moulds.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

No ha existido nunca una sociedad que sea más pura y exclusivamente un Estado que en Egipto. Concluye por absorber el país entero. En el nuevo Imperio es propietario único de todo el territorio, que arrienda en parcelas al 20 por 100. Todo llevaba a hipertrofia del Estado. La condición externa de la vida egipcia —la agricultura en terreno de inundaciones periódicas— equivalía a un mandamiento hacia la más amplia organización política; la condición interna, el módulo psicológico, era, por su falta de individuación, una tendencia nativa y como preestablecida a lo mismo.

El Estado, entidad abstracta y sobreindividual, es el único protagonista de la historia egipcia, que a ello debe su ejemplar continuidad durante milenios. El Estado es un sistema de moldes intelectuales y morales. Genialmente, Hegel lo llamó «espíritu objetivo», aceptando la contradicción que la fórmula incluye. El egipcio no necesitó superar una intimidad arisca e indócil para adaptarse a esos moldes públicos. Estaba hecho para ellos. En él lo espontáneo era ya lo oficial, lo convencional. El artista se complace en conformarse a la pauta recibida. El gran dignatario no contará en los jeroglíficos de su tumba nada de sus destinos privados, sino meramente hará constar los cargos que desempeñó, las empresas oficiales de que fue cargado, los títulos que decoraron su persona.

Egipto ha sido el paraíso de los títulos. Exento de vida privada, el hombre del Nilo espera del título oficial el perfil diferenciador que por sí no tiene.

Sobre la masa agrícola se eleva la masa de los empleados. La sociedad egipcia es, en su porción superior, un pueblo de funcionarios, como era inevitable allí donde el Estado no nace de una genial imposición guerrera, sino de una necesidad de organización. Funcionarismo, burocracia, otro síntoma de individualidad ausente.

Los empleados fueron los creadores de la cultura egipcia, que ha sido, consecuentemente, una cultura de convencionalismos prácticos, de recetas, de fórmulas. Toda persona sin individualidad es feliz cuando se encuentra al frente de una oficina. En Egipto no había más que pegujales y oficinas. Los templos eran una variedad burocrática, una administración que recogía los bienes de este mundo en sus vastos graneros y los canjeaba por bienes de ultratumba.