Abstract
A brief reply (December 1915) to a survey by Acción Socialista: praise of Pablo Iglesias’s probity against a defamation campaign, with the single reservation that Ortega holds it illicit to be a ‘party man’. An occasional piece, not philosophical.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
La Acción Socialista me pregunta: «¿Qué opina usted de Pablo Iglesias?» La respuesta podía ser reproducir un artículo titulado «Pablo Iglesias» que publiqué en El Imparcial hace algunos años, cuando por vez primera este hombre venerable fue elegido diputado. Si yo contara con los dedos de una mano las personas por quienes siento mayor respeto y fervor, entre todas las de España, uno de los dedos representaría a Pablo Iglesias.
Ignoro qué campaña es ésa a que alude la circular de Acción Socialista, porque leo muy poco periódicos y no vivo en Madrid, donde han aparecido esos carteles difamatorios. Pero supongo que se tratará de una manifestación particular de esa universal labor de injuria y calumnia que desde hace unos años invade la Prensa, para vergüenza y deshonor de estas tristes horas españolas…
Yo tengo a Pablo Iglesias por uno de los hombres más probos que ha habido nunca en nuestro país, y no concibo que a sus amigos haya preocupado esa campaña difamatoria, ni cien como ella. Contra los hechos de una larga vida tan pura se quiebran las palabras calumniosas, como lanzas que fueran cañas.
Y como no sé escribir si no es diciendo sinceramente mi convicción entera, he de añadir esto: Pablo Iglesias sería un hombre perfecto, si no fuera un hombre de partido. No pretendo imponer a nadie mis creencias éticas; pero ocurre que dentro de las que llevo en mi corazón está la de considerar ilícito ser hombre de partido. Que el partido sea socialista o tradicionalista da, para el caso, lo mismo.
Mas, aparte de esto, que es tema muy delicado, yo aprovecho con entusiasmo esta ocasión para honrar, con la emoción más profunda, el alma ejemplar, diamantina, de Pablo Iglesias.
Y la aprovecho también para pedir a los periódicos socialistas que no vuelvan a caer ellos mismos en este grave mal de atropellar al prójimo antes de conocer bien su vida.
El Escorial, 22 de diciembre de 1915
Acción Socialista, 26 de diciembre de 1915