Abstract

The opening article of the collection: a salute to the ‘simplicity’ with which the Spanish Republic was born, without phrases or grandiloquence. It notes that a change in the form of government brings with it a whole style of public and private life, and urges against premature grand gestures.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

I

CONTRASEÑA DEL DÍA

SALUDO A LA SENCILLEZ DE LA REPÚBLICA

Por un acuerdo inexistente, es decir, espontáneo, la República ha nacido sin frases. Se ha filtrado desde lo posible a la realidad en un instante. Se la ha encontrado de pronto, ahí, sin más, desnuda de toda grandilocuencia. El porqué, el cómo de esto y de todo lo demás que ha acontecido en los días últimos, no debe decirse ahora, porque es materia sutil, complicada, y contrastaría con el estilo de sencillez que, para manifestarse, ha preferido adoptar la naciente República. Quedamos obligados, en cambio, para más adelante, a meditar sobre su génesis. Tenemos mucho que aprender de estos días. Son un texto denso, profundo y anónimo que irradia enseñanzas en todas direcciones, las cuales debemos recoger escrupulosamente cuantos españoles sentimos la voluntad y la voluptuosidad de aprender.

Yo iba a publicar en Crisol una serie de artículos sobre el tópico que más se esgrimía por los monárquicos en los estertores de su régimen, y que era éste: declararnos mentecatos a los que nos interesábamos «por un “mero” cambio en la “forma” de Gobierno».

Vencidos los esgrimidores, parece inoportuno dar ahora a la imprenta mis polémicas lucubraciones. Me quedo con ellas en el cuerpo y ruego a Crisol que se contente con el anuncio. De lo allí premeditado, salvo sólo una indicación. Esa «forma» de Gobierno, que se supone tan inoperante, trae consigo nada menos que todo un estilo de vida —de vida pública y de vida privada. Queramos o no, desde el 14 de abril todos vamos a ser otra cosa de lo que éramos —en la política y en la conversación, en nuestro trabajo profesional y en nuestras faenas sentimentales. Todos —los republicanos y los monárquicos.

El nuevo estilo comienza, a lo que parece, con un imperativo general de sencillez. Por vez primera, los discursos inaugurales que pronuncian los ministros al montar en el puente de sus grandes paquebotes administrativos, nos han enseñado algo: naturalidad, evitación de los dos escollos que estorban el ingreso en toda gran iniciación política: el convencionalismo y la megalomanía.

Es indudable que, apenas el Gobierno tenga plenamente bajo su mano todas las máquinas del Poder público, habrá de ir lanzando la nación hacia los grandes horizontes. Pero esta manera tan sencilla de nacer que la República ha escogido, nos invita a no anticipar los ademanes de gran formato, a retener en la jaula íntima las ideas y los temas con ala demasiado larga, y esperar que la circunstancia, ella, por sí misma, se dilate y amplifique. Esta táctica es la condición de la solidez. Vamos a hacer una República sumamente sólida, compacta, de materia bien prieta, sin mentira alguna en su entresijo, no tolerando ingredientes que no sean sinceros y auténticos. Como la sencillez es la garantía de todo esto, yo quiero evitar en estas mis primeras palabras, después del hecho esencial, cualquier gesto superlativo, y me restrinjo a gritar secretamente conmovido:

¡Saludo a la sencillez de la república española!