Abstract
An electoral article (Crisol, 27 June 1931): the calling of the constituent Cortes should have been a contest among provinces to send the ablest representatives. Since the best stay in their corner, the lightest push forward; history is a muffled war between the able and the audacious. A wish for the Alicante slate.
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
La convocatoria a Cortes Constituyentes debió significar en toda España como un concurso que se abría entre las provincias para ver cuál enviaba al Parlamento representantes de mayor capacidad. Se trata nada menos que de un Parlamento encargado de construir el nuevo Estado español, y un Estado es una fabulosa obra de arquitectura. Era natural, pues, que cada provincia, sin el menor titubeo, hubiese desde luego aplastado las ambiciones enanas de partidos, partidillos y partidejos y, saltando sin más sobre todo ello, hubiese extraído de sus recónditos cobijos a los hombres de la comarca que poseyesen más clara visión arquitectónica. La ventaja mayor de la democracia es que tiene siempre las manos libres. Libres de castas y rangos petrificados para poner sus destinos en manos de los mejores.
En algunas provincias, sin embargo, no va a acontecer esto. Como los mejores se están quedos en su rincón, se adelantan los más livianos, que son siempre los más ágiles porque no pesa sobre ellos la grave impedimenta que es el sentimiento de responsabilidad. Todo está bien compensado en el mundo, y el que no tiene gran inteligencia o finura moral suele encontrarse dentro con un tesoro de audacia. Por eso es la historia, desde siempre, una guerra sorda y subterránea entre los capaces y los audaces.
No hay que exagerar, sin embargo, el pesimismo sobre el nivel medio de las próximas Cortes. Yo, que fui el primero en dar la voz de alarma ante la avalancha de ineptos que las primeras candidaturas de muchas provincias anunciaban, digo ahora que en casi todas partes fueron luego eliminadas y que día por día han mejorado las calidades. Aun ahora, después de la proclamación de candidatos, recibo informes frecuentes de nuevas eliminaciones y se advierte un desplazamiento de las fuerzas electorales hacia los nombres de más denso prestigio.
Por esta razón me hago grandes ilusiones sobre la decisión de Alicante. Yo espero que esa magnífica candidatura, en que hay muchos nombres a la vez tan de esa tierra y tan universales, triunfe con abundancia.
Tiene Alicante, por todo su viejo pasado, una tradición como eterna de democracia. Esto obliga a esa provincia a no comportarse como si ahora estrenase su actuación democrática, como si estuviese en las primeras letras del régimen popular. Debe conducirse como una doctora en plebiscitos y, dejando a un lado los que se agitan más, exaltar al mejor equipo de arquitectos nacionales. Los demás españoles tenemos el derecho y la esperanza de que Alicante nos envíe buenos forjadores de historia.
Crisol, 27 de junio de 1931