Abstract

An unsigned article (El Sol, 9 March 1918) against minister La Cierva, likened to the Guadarrama scops owl, a bird of ill omen that harms with neither beak nor claw yet whose presence brings disaster. It charges him with having overseen the elections from government and now mocking the newborn Cortes. Pure newspaper polemic.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Pero si al hablar al Ejército, aun en son de polémica y radical discrepancia, no podemos faltar a ningún miramiento, no nos ocurre lo mismo cuando se trata del señor La Cierva, que no es una entidad moral, como la milicia, sino un hombre de carne y hueso, con sus torpezas nativas y sus pasiones crónicas.

Hay en las hondonadas del Guadarrama, nuestra Sierra familiar, una especie de mochuelo llamado autillo, que es de todas las alimañas la más temida por labradores y zagales. Este pajarraco no logra ser dañino con su breve pico ni con sus exiguas garras. Quieto sobre una rama de chaparro o en un saliente de roca, aparece de cuando en cuando, fijos los necios ojos que la luz ofende. Mas es fama que su presencia acarrea a quien lo encuentra los más graves sinsabores y desdichas.

No sabemos qué tiene de autillo el señor La Cierva, pero es un hecho que apenas se le ve posarse en algún punto del horizonte político, entra la vida pública en violentas convulsiones, el aire se llena de maleficio, y parece que se respiran ráfagas de Juicio Final. Es un personaje de mal agüero, puesto que no basta a explicar estos efectos de su actuación la modestia de su pico y sus garras personales.

Los años de alejamiento gubernamental no han afinado su temperamento ni sus ideas. Aun mirados sus actos desde su punto de vista privado, nos es imposible entender el sentido que llevan. Porque siempre acierta a colocarse en disposición que no ofrece salida ni porvenir francos a sus mismas aspiraciones. No inicia nunca una política: llega siempre para enterrar una que muere.

Pero no sólo carece de amplitud y sutileza en sus visiones de gobernante, sino que a menudo falta a sus actos aquella aparente cohesión y decoro lógico que en las relaciones intelectuales entre los hombres viene a ser como la cortesía en las morales. Así, en el caso presente, hallamos un ministro que ha asistido desde el cuarto de bitácora gubernativo a las elecciones, y con asistencia por cierto nada manca. La bondad o depravación de estas Cortes cae, en parte, bajo su responsabilidad. Y ese mismo ministro acepta, sin previa dimisión, el papel de escarnecedor de una Asamblea que está aún en la faena de nacer.

Este Parlamento, con quien se quiere cometer un infanticidio, pues sus mismos padres andan a matarlo, tendrá acaso muchos de los vicios perdurables; pero repetimos que, sean cualesquiera éstos, una labor de él tiene que ser intangible, so pena de que recaigamos en la edad de la piedra sin pulimentar: la de que en él haga el pueblo deliberadamente el don de sus dineros.

Publicado sin firma, El Sol, 9 de marzo de 1918