Abstract

Unsigned newspaper column (El Sol, 2 June 1919) on the election results defeating the monarchists in Madrid, Barcelona and Zaragoza under La Cierva’s government, nicknamed Tartuffe. Topical political polemic with no philosophical content.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Hace algunos días escribíamos sobre Tartufo. Con este nombre de héroe tragicómico designábamos el conglomerado de intenciones y de grupos políticos que se halla hoy en usufructo del gobierno y que ha encontrado en la fisonomía del señor La Cierva su perfil representativo. Reclamábamos del país distraído ante el país atento, y preguntábamos si un hombre expulsado del Poder en la forma que lo fue el señor La Cierva un año hace, podía tornar a dirigir la nación. En marzo de 1918 puso este frenético ciudadano en grave aprieto a la Monarquía; las mismas derechas, y en su nombre el propio don Antonio Maura, tuvieron que apartarlo de sí, convencidos de que aquel hombre, parecía, por su sombra, más bien un manzanillo. He aquí que hoy las elecciones ejecutadas bajo su amparo otorgan la victoria a las extremas izquierdas en todos aquellos sitios donde la opinión tiene valor de ejemplaridad. La formidable derrota de los monárquicos en Madrid, en Barcelona, en Zaragoza, en Oviedo, en Gijón, en Málaga, basta para marcar la coloración histórica de los comicios que acaban de celebrarse. El resto de España ha padecido los más desordenados acosos por parte de este Gobierno que, como Tartufo la piedad, usa a modo de máscara el vocablo orden. En medio de los atropellos más incalificables, no pocos de ellos directamente ordenados por el señor La Cierva, se eleva la clara y urgente demanda de libertad, modernidad, progreso y buen sentido con que la masa pública de las principales poblaciones sale al encuentro de una política vacía y anacrónica, arbitrariamente exhumada en una hora de mal consejo.

En el artículo a que nos referimos, enviábamos hasta las alturas de la Corona las más leales palabras de advertencia, aun a sabiendas de que un lamentable hábito milenario hace que las palabras leales lleguen a los palacios tachadas de faltar al protocolo. Palabras fueron las nuestras ayer. Hoy remitimos hechos. Ahí están los resultados de las elecciones; hablan por sí y a grandes gritos inequívocos desde todas las grandes urbes nacionales donde la actividad política es mayor. Medite la Corona si es bueno traer cerca de sí figuras de gobernantes que hacen recordar las épocas crepusculares de las monarquías. Hombres sin altura intelectual suficiente ni aquellos otros dones de gracia cordial y comunicativo fervor que a veces sustituyen con acierto la inteligencia, no pueden ser los que debe la Corona situar entre sí y la nación. Cuando más ha menester la Monarquía de una política amplia y ricamente modulada, exuberante de promesas precisas, sembradora de horizontes y esperanzas, no es bueno que se aferre a mentes áridas sólo capaces, ya que no tienen programas para la hora próxima, de ocupar al Rey en consagraciones extemporáneas.

Como preveíamos, ya está aconteciendo: a las pocas escenas de la tragicomedia, Tartufo queda chafado.

Publicado sin firma, El Sol, 2 de junio de 1919