Ortega y Gasset

Abstract

Review of Rivera Pastor’s Lógica de la Libertad, a neo-Kantian work on the philosophy of law: Ortega praises its density, discusses the charge of formalism against Kant’s practical philosophy (which seeks moral principles by pure thought without intuition), and objects to the title — ‘a logic of freedom is as impossible as a mathematics of love’ — and to the excessive rank granted to Stammler.

Connections

Concetti: legge, giustizia, libertà
Forme: saggio
Scuole: idealismo tedesco

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Desde los estudios de don Francisco Giner de los Ríos acaso no ha aparecido en España una obra tan honda y sugestiva sobre filosofía del Derecho como la que ahora saca a la luz el señor Rivera Pastor con el título de Lógica de la Libertad.

Se trata de un ensayo muy denso en la ejecución, pero amplísimo en la proyección, para sistematizar los conceptos cardinales de todo Derecho, inclusive el penal y el político. El señor Rivera Pastor ataca en giro agudo y profundo las cuestiones más gravemente filosóficas del problema. Pocas veces un jurista se hallará dotado de más sólida preparación en filosofía.

Por ello, es un libro éste que va dirigido a muy pocos, dada la infrecuencia de las aficiones filosóficas en nuestro país.

El pensamiento del señor Rivera Pastor avanza desde un fondo clásico de ideología kantiana, más estrictamente dicho, neokantiana. Sin embargo, la ambición principal del libro consiste en una reforma de la filosofía del Derecho que Kant derivó de su sistema. El señor Rivera se hace eco de la justa censura hecha a Kant, desde su propio tiempo, por el formalismo vacío de su filosofía práctica. Stammler y Cohen, cada cual según su humor, han intentado vanamente henchir de materia esas formas vacías que son en Kant lo bueno y lo justo. En la Lógica de la Libertad se aspira a lo mismo, pero con un mayor radicalismo y más decidido ánimo.

No es posible en este lugar desenvolver la trayectoria que el propósito del señor Rivera sigue. Ya es en extremo condensada la exposición de su libro, hasta el punto que sólo quien sea un técnico en la materia puede apreciar los matices de ella. Con dos palabras sólo podría yo indicar ahora que el autor encuentra el origen del formalismo kantiano en que el gran maestro regiomontano no siguió en su filosofía práctica la misma arquitectura de su filosofía teorética. En el conocimiento científico, distingue Kant entre el pensar puro, que no es sino forma, y la intuición, en que las cosas nos son dadas como un material que ha de moldearse en aquellas formas. Pero en el conocimiento moral pretende Kant que hallemos los principios rectores de la voluntad mediante el puro pensar, sin intuición ninguna. El señor Rivera se declara muy contra esta resolución, y exige para la Moral y el Derecho una intuición propia.

¿Es esta idea acertada? ¿No existe un grave quid pro quo en la interpretación que el señor Rivera se ha formado de la ética kantiana y aun del papel que la intuición representa en su filosofía teorética? En otro sitio más adecuado me propongo hablar de ello. Aquí sólo puede ir mi aplauso por la riqueza de motivos ideológicos y el acierto en no pocos detalles de esa rara obra española.

Sobre algún punto, sin embargo, me permito, desde luego, llamar la atención del autor. El título del libro me parece poco afortunado. Una lógica de la libertad es una cosa tan imposible como una matemática del amor o una ética de los poliedros. Los motivos que han incitado al señor Rivera para titular así su libro debían muy especialmente haberle apartado de ello. Si desea enseñarnos con peculiar acentuación que existen categorías específicas para la Moral y el Derecho; que, por tanto, no se trata de una mera aplicación de las categorías físicomatemáticas a los fenómenos de la voluntad, razón de más para no hablarnos de una lógica de la libertad. Desde su punto de vista, muy remoto, por cierto, del mío, sólo cabe hablar de una «filosofía práctica», bajo la cual vayan una ética y una filosofía del Derecho o teoría jurídica.

Otro punto que me interesa subrayar es el excesivo rango que, tanto en este libro como en casi todo lo que hoy se oye en España sobre la filosofía del Derecho, ocupa Stammler. Su obra es, sin duda, magistral y venerable. Pero su dirección y la manera fundamental de acercarse a los problemas pertenecen a un pretérito irredimible. No vacilemos en decirlo. El neokantismo fue la doctrina donde nos hemos educado para la filosofía; guardemos gratitud a nuestros maestros. Pero el neokantismo no es la ciencia actual, ni mucho menos la futura. El más vivo interés del libro que el señor Rivera publica yace precisamente en su intento de superar el neokantismo.

En fin, una advertencia sobre un lapsus que hallo. El señor Rivera hace un paralelo entre los principios de la justicia y los de la mecánica. La utilidad de ese emparejamiento me parece muy dudosa; pero sólo a distracción cabe atribuir que el autor ponga en el mismo plano la ley de acción y reacción, la cual es, en efecto, un principio de mecánica racional, y la gravitación universal, que no es un principio ni una ley racional, sino una hipótesis empírica, una ley inductiva de Física, y, por tanto, una verdad aproximativa. En tiempo de Kant no se veía clara esta diferencia; pero hoy nadie la ve oscura.

El Sol, 4 de mayo de 1918

Since the studies of Don Francisco Giner de los Ríos, perhaps there has not appeared in Spain a work so deep and suggestive on the philosophy of Law as the one that Mr. Rivera Pastor now brings to light under the title of Logic of Freedom.

It is an essay very dense in execution, but extremely ample in projection, to systematize the cardinal concepts of all Law, including the penal and the political. Mr. Rivera Pastor attacks with acute and profound turn the most gravely philosophical questions of the problem. Rarely will a jurist be found endowed with a more solid preparation in philosophy.

For that reason, this is a book that is addressed to very few, given the infrequency of philosophical inclinations in our country.

Mr. Rivera Pastor’s thought advances from a classical background of Kantian ideology, more strictly said, neo-Kantian. However, the principal ambition of the book consists in a reform of the philosophy of Law that Kant derived from his system. Mr. Rivera echoes the just censure made of Kant, from his own time, for the empty formalism of his practical philosophy. Stammler and Cohen, each according to his humor, have vainly attempted to fill with matter those empty forms which in Kant are the good and the just. In the Logic of Freedom the same thing is aspired to, but with a greater radicalism and a more decided spirit.

It is not possible in this place to unfold the trajectory that Mr. Rivera’s purpose follows. The exposition of his book is already in the extreme condensed, to the point that only one who is a technician in the matter can appreciate its nuances. With two words only could I now indicate that the author finds the origin of the Kantian formalism in that the great Regiomontan master did not follow in his practical philosophy the same architecture of his theoretical philosophy. In scientific knowledge, Kant distinguishes between pure thinking, which is nothing but form, and intuition, in which things are given to us as a material that has to be molded in those forms. But in moral knowledge Kant pretends that we find the governing principles of the will through pure thinking, without any intuition. Mr. Rivera declares himself very much against this resolution, and demands for Morals and for Law an intuition of its own.

Is this idea right? Does there not exist a grave quid pro quo in the interpretation that Mr. Rivera has formed of the Kantian ethics and even of the role that intuition represents in his theoretical philosophy? In another more fitting place I propose to speak of it. Here only my applause can go for the richness of ideological motifs and the success in not a few details of that rare Spanish work.

On some point, however, I allow myself, at once, to call the attention of the author. The title of the book seems to me rather unfortunate. A logic of freedom is as impossible a thing as a mathematics of love or an ethics of polyhedra. The motives that have incited Mr. Rivera to title his book thus should very especially have dissuaded him from it. If he wishes to teach us with peculiar accentuation that there exist specific categories for Morals and for Law; that, therefore, it is not a matter of a mere application of the physico-mathematical categories to the phenomena of the will, all the more reason not to speak to us of a logic of freedom. From his point of view, very remote, to be sure, from mine, one can only speak of a «practical philosophy», under which there go an ethics and a philosophy of Law or juridical theory.

Another point that interests me to underscore is the excessive rank that, both in this book and in almost everything that today is heard in Spain about the philosophy of Law, Stammler occupies. His work is, without doubt, masterful and venerable. But his direction and the fundamental manner of approaching the problems belong to an irredeemable past. Let us not hesitate to say it. Neo-Kantianism was the doctrine in which we have educated ourselves for philosophy; let us keep gratitude to our masters. But Neo-Kantianism is not the present science, much less the future one. The liveliest interest of the book that Mr. Rivera publishes lies precisely in its attempt to overcome Neo-Kantianism.

In the end, a warning about a lapsus that I find. Mr. Rivera makes a parallel between the principles of justice and those of mechanics. The utility of that pairing seems to me very doubtful; but only to distraction can it be attributed that the author places on the same plane the law of action and reaction, which is, in effect, a principle of rational mechanics, and universal gravitation, which is neither a principle nor a rational law, but an empirical hypothesis, an inductive law of Physics, and, therefore, an approximate truth. In Kant’s time this difference was not seen clearly; but today no one sees it obscure.

El Sol, 4 May 1918

Dagli studi di don Francisco Giner de los Ríos forse non è apparsa in Spagna un’opera così profonda e suggestiva su filosofia del Diritto come quella che ora dà alla luce il signor Rivera Pastor con il titolo di Logica della Libertà.

Si tratta di un saggio molto denso nell’esecuzione, ma amplissimo nella proiezione, per sistematizzare i concetti cardinali di ogni Diritto, inclusi il penale e il politico. Il signor Rivera Pastor attacca in giro acuto e profondo le questioni più gravemente filosofiche del problema. Poche volte un giurista si troverà dotato di più solida preparazione in filosofia.

Perciò, è un libro questo che va indirizzato a pochissimi, data l’infrequenza delle passioni filosofiche nel nostro paese.

Il pensiero del signor Rivera Pastor avanza da un fondo classico di ideologia kantiana, più strettamente detto, neokantiana. Tuttavia, l’ambizione principale del libro consiste in una riforma della filosofia del Diritto che Kant derivò dal suo sistema. Il signor Rivera si fa eco della giusta censura fatta a Kant, dal suo stesso tempo, per il formalismo vuoto della sua filosofia pratica. Stammler e Cohen, ciascuno secondo il suo umore, hanno tentato vanamente di riempire di materia quelle forme vuote che sono in Kant il bene e il giusto. Nella Logica della Libertà si aspira alla stessa cosa, ma con un maggior radicalismo e un più deciso animo.

Non è possibile in questo luogo svolgere la traiettoria che il proposito del signor Rivera segue. Già è in estremo condensata l’esposizione del suo libro, fino al punto che soltanto chi sia un tecnico nella materia può apprezzarne le sfumature. Con due parole soltanto potrei io indicare ora che l’autore trova l’origine del formalismo kantiano in che il grande maestro di Königsberg non seguì nella sua filosofia pratica la stessa architettura della sua filosofia teoretica. Nella conoscenza scientifica, distingue Kant tra il pensare puro, che non è se non forma, e l’intuizione, in cui le cose ci sono date come un materiale che deve modellarsi in quelle forme. Ma nella conoscenza morale pretende Kant che troviamo i principii rettori della volontà mediante il puro pensare, senza intuizione alcuna. Il signor Rivera si dichiara molto contro questa risoluzione, ed esige per la Morale e per il Diritto un’intuizione propria.

È questa idea giusta? Non esiste un grave quid pro quo nell’interpretazione che il signor Rivera si è formato dell’etica kantiana e persino del ruolo che l’intuizione rappresenta nella sua filosofia teoretica? In altro luogo più adeguato mi propongo di parlarne. Qui soltanto può andare il mio applauso per la ricchezza di motivi ideologici e l’azzeccatezza in non pochi dettagli di quella rara opera spagnola.

Su qualche punto, tuttavia, mi permetto, subito, di chiamare l’attenzione dell’autore. Il titolo del libro mi sembra poco fortunato. Una logica della libertà è una cosa tanto impossibile quanto una matematica dell’amore o un’etica dei poliedri. I motivi che hanno incitato il signor Rivera a intitolare così il suo libro dovevano molto specialmente averlo distolto da ciò. Se desidera insegnarci con peculiare accentuazione che esistono categorie specifiche per la Morale e per il Diritto; che, perciò, non si tratta di una mera applicazione delle categorie fisicomatematiche ai fenomeni della volontà, ragione di più per non parlarci di una logica della libertà. Dal suo punto di vista, molto remoto, peraltro, dal mio, soltanto si può parlare di una «filosofia pratica», sotto la quale vadano un’etica e una filosofia del Diritto o teoria giuridica.

Altro punto che mi interessa sottolineare è l’eccessivo rango che, tanto in questo libro quanto in quasi tutto ciò che oggi si sente in Spagna sulla filosofia del Diritto, occupa Stammler. La sua opera è, senza dubbio, magistrale e venerabile. Ma la sua direzione e il modo fondamentale di accostarsi ai problemi appartengono a un pretérito irredimibile. Non esitiamo a dirlo. Il neokantismo fu la dottrina dove ci siamo educati alla filosofia; serbiamo gratitudine ai nostri maestri. Ma il neokantismo non è la scienza attuale, né tanto meno la futura. Il più vivo interesse del libro che il signor Rivera pubblica giace precisamente nel suo intento di superare il neokantismo.

In fine, un’avvertenza su un lapsus che trovo. Il signor Rivera fa un parallelo tra i principii della giustizia e quelli della meccanica. L’utilità di quell’appaiamento mi sembra molto dubbia; ma soltanto a distrazione si può attribuire che l’autore metta sullo stesso piano la legge di azione e reazione, la quale è, in effetti, un principio di meccanica razionale, e la gravitazione universale, che non è un principio né una legge razionale, ma un’ipotesi empirica, una legge induttiva di Fisica, e, perciò, una verità approssimativa. Al tempo di Kant non si vedeva chiara questa differenza; ma oggi nessuno la vede oscura.

El Sol, 4 maggio 1918