Ortega y Gasset
Abstract
Public manifesto dissolving the Agrupación al Servicio de la República: founded with the two sole aims of fighting the monarchy and bringing in the Republic through a Constituent Cortes, both achieved (along with the Catalan Statute and land reform), it has no reason to continue. A political document.
Connections
Forme: manifesto
Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio
Como iniciadores de la Agrupación al Servicio de la República nos reunimos el jueves, 13, con los demás diputados que forman el grupo parlamentario adscrito a aquélla, y les expusimos nuestro convencimiento de que, habiéndose logrado tiempo hace las finalidades precisas que nuestro llamamiento de enero 1931 enunciaba, era obligatorio dar por terminada la actuación conjunta de los que entonces nos reunimos. Los diputados que integran la minoría parlamentaria reconocieron sin discrepancia la necesidad de lo propuesto por nosotros y acordaron la disolución del grupo representante de nuestro movimiento, encargándonos de comunicar el acuerdo a los núcleos locales repartidos por todo el país.
Por nuestra parte, al cumplir esta indicación de nuestros compañeros parlamentarios, invitamos a los de toda España para que deliberen sobre la conveniencia de no seguir actuando bajo el nombre y disciplina de la Agrupación al Servicio de la República. Ninguna razón nueva, ningún hecho sobrevenido, salvo la ocasión de anunciarse ahora el intento de nuevas conjunciones republicanas, obliga a tomar tal resolución en esta fecha. Pero, a nuestro juicio, emana el presente acuerdo del significado mismo que tuvo nuestro empeño, cumplido el cual, por fortuna, hace tiempo, no se advierte razón firme que recomiende la perduración de nuestra campaña.
La Agrupación al Servicio de la República nació con estos dos propósitos exclusivos: combatir el régimen monárquico y procurar el advenimiento de la República en unas Cortes Constituyentes. Pudo juzgarse entonces que esto último era utópico; pero ello es que los hechos, por una vez, confirmaron la utopía, y con una velocidad y una sencillez tales, que dejaron atrás nuestro utopismo. La índole de ambos propósitos eliminaba todo intento de dar a la Agrupación el carácter estricto de partido político. Por eso llamamos no sólo a los que pudieran discrepar en la concreción de sus programas políticos, sino muy especialmente a los que no eran políticos, invitándoles a suspender provisionalmente las tareas de su vocación personal para acudir a una urgencia nacional de histórico rango.
Cuando se hizo por el Gobierno provisional la convocatoria a elecciones para Cortes Constituyentes, fueron reunidos en Asamblea los representantes de todos los grupos locales, y se acordó no acudir al cuerpo electoral con aspiraciones de grupo político, si bien la mayoría de los asambleístas creyó conveniente conservar la Agrupación como tal, sin los caracteres rigorosos de un partido.
Al terminar la discusión constitucional, el señor Ortega y Gasset creyó llegada la hora de no mantener juntos los que habían sido unidos para una tarea ya lograda; pero casi todos los demás diputados de la minoría parlamentaria opinaron que debía ésta proseguir su labor, teniendo en cuenta que se avecinaba obra legislativa tan importante como el Estatuto catalán y la reforma agraria. Una vez promulgadas estas dos grandes leyes, no parece que deba darse nueva demora a la disolución de nuestra colectividad.
Insistimos, pues, en que no hemos querido formar un partido, y siempre que por mejor opinión ajena se resolvió continuar reunidos, hicimos constar los iniciadores que había de ser ello con el designio de fomentar la creación de grandes fuerzas políticas. A ello obedece el llamamiento que uno de nosotros hizo en diciembre último para que se formase un ingente partido nacional. No se logró esta incitación, que quedó en el aire inválida y sin que nadie, entonces, fuera de nuestro grupo, la considerase oportuna ni acaso discreta. Pero, consecuentes con aquella idea, y oyendo que se hacen hoy de otros lugares llamamientos análogos, no queremos ser estorbo para su buen éxito e invitamos a nuestros agrupados para que recobren plena franquía y acudan donde su juicio sobre la actual situación política les recomiende.
La Agrupación ha laborado en el Parlamento cuanto ha podido. Su obra y esfuerzo efectivos han sido mayores de lo que las apariencias han revelado, porque procuró afanarse con modestia y sin ruido. Cuando los gobiernos han planteado problemas legislativos, empezando por la Constitución, ninguna minoría ha tardado menos en presentar un dictamen completo e intensamente estudiado. Nuestros representantes han trabajado con denuedo ejemplar en casi todas las Comisiones parlamentarias, y merecen de todos nuestros agrupados, y especialmente de nosotros, fervorosa gratitud.
La República está suficientemente consolidada para que pueda y deba comenzar en ella el enfronte de las opiniones. Mas la Agrupación, por su génesis misma, por su espíritu e intento inicial, no puede ser una fuerza adecuada para combatir frente a otras fuerzas republicanas. Nació para colaborar en el advenimiento de la República sin adjetivos ni condiciones. Firme el nuevo régimen sobre el suelo de España, la Agrupación debe disociarse sin ruido ni enojos, dejando en libertad a sus hombres para retirarse de la lucha política o para reagruparse bajo nuevas banderas y hacia nuevos combates.
Firmado José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala,
Luz, 29 de octubre de 1932
As initiators of the Group in the Service of the Republic we met on Thursday, the 13th, with the other deputies who make up the parliamentary group attached to it, and set before them our conviction that, the precise aims which our appeal of January 1931 enunciated having been achieved some time ago, it was obligatory to consider concluded the joint action of those of us who then came together. The deputies who make up the parliamentary minority recognized without disagreement the necessity of what we proposed and agreed to the dissolution of the group representing our movement, charging us with communicating the agreement to the local nuclei spread throughout the country.
For our part, in fulfilling this indication of our parliamentary colleagues, we invite those throughout Spain to deliberate on the advisability of no longer acting under the name and discipline of the Group in the Service of the Republic. No new reason, no supervening fact, save the occasion that the attempt at new republican combinations is now announced, obliges taking such a resolution at this date. But, in our judgment, the present agreement emanates from the very meaning that our endeavor had, once it was fulfilled —which, by fortune, happened some time ago— no firm reason is discerned that recommends the prolongation of our campaign.
The Group in the Service of the Republic was born with these two exclusive purposes: to combat the monarchical regime and to procure the advent of the Republic in Constituent Cortes. It could be judged then that the latter was utopian; but the fact is that the events, for once, confirmed the utopia, and with such speed and simplicity that they left our utopianism behind. The nature of both purposes eliminated all attempt to give the Group the strict character of a political party. That is why we called not only those who might disagree in the concretion of their political programs, but very especially those who were not politicians, inviting them to suspend provisionally the tasks of their personal vocation to answer a national urgency of historic rank.
When the provisional Government made the call to elections for the Constituent Cortes, the representatives of all the local groups were gathered in Assembly, and it was agreed not to appear before the electorate with the aspirations of a political group, although the majority of those assembled believed it advisable to preserve the Group as such, without the rigorous features of a party.
At the end of the constitutional discussion, Señor Ortega y Gasset believed the hour had come not to keep together those who had been united for a task already accomplished; but almost all the other deputies of the parliamentary minority were of the opinion that it should continue its work, bearing in mind that legislative work as important as the Catalan Statute and the agrarian reform was approaching. Once these two great laws were promulgated, it does not seem that new delay should be given to the dissolution of our collectivity.
We insist, then, that we did not wish to form a party, and whenever it was resolved, by the better judgment of others, to continue united, we, the initiators, had it recorded that this was to be with the design of fostering the creation of great political forces. To that end obeys the appeal that one of us made last December for the formation of an immense national party. This incitement was not achieved; it remained in the air, invalid, and no one, then, outside our group, considered it opportune or perhaps discreet. But, consistent with that idea, and hearing that from other quarters similar appeals are made today, we do not wish to be an obstacle to their success and we invite our associates to recover full freedom of action and to go where their judgment on the present political situation recommends.
The Group has worked in Parliament as much as it could. Its effective work and effort have been greater than appearances have revealed, because it strove to exert itself with modesty and without noise. When the governments have raised legislative problems, beginning with the Constitution, no minority has taken less time to present a complete and intensely studied report. Our representatives have worked with exemplary valor in almost all the parliamentary Committees, and they deserve from all our associates, and especially from us, fervent gratitude.
The Republic is sufficiently consolidated for the confrontation of opinions to be able and obliged to begin within it. But the Group, by its very genesis, by its spirit and initial intent, cannot be an adequate force for fighting against other republican forces. It was born to collaborate in the advent of the Republic without adjectives or conditions. Firm the new regime upon the soil of Spain, the Group must dissociate itself without noise or rancor, leaving its men free to withdraw from the political struggle or to regroup under new banners and toward new combats.
Signed José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala,
Luz, 29 October 1932
Come iniziatori della Agrupación al Servicio de la República ci riunimmo il giovedì, 13, con gli altri deputati che formano il gruppo parlamentare ad essa ascritto, ed esponemmo loro il nostro convincimento che, essendosi raggiunte già da tempo le finalità precise che il nostro appello del gennaio 1931 enunciava, era obbligatorio dare per conclusa l’azione congiunta di coloro che allora ci riunimmo. I deputati che compongono la minoranza parlamentare riconobbero senza discrepanze la necessità di quanto da noi proposto e deliberarono lo scioglimento del gruppo rappresentante del nostro movimento, incaricandoci di comunicare l’accordo ai nuclei locali distribuiti per tutto il paese.
Da parte nostra, nell’adempiere questa indicazione dei nostri compagni parlamentari, invitiamo quelli di tutta la Spagna a deliberare sulla convenienza di non continuare ad agire sotto il nome e la disciplina della Agrupación al Servicio de la República. Nessuna ragione nuova, nessun fatto sopravvenuto, salvo l’occasione che ora si annunzia il tentativo di nuove congiunzioni repubblicane, obbliga a prendere tale risoluzione in questa data. Ma, a nostro giudizio, il presente accordo emana dal significato stesso che ebbe il nostro impegno, compiuto il quale, per fortuna, già da tempo, non si scorge ragione ferma che raccomandi la perdurazione della nostra campagna.
La Agrupación al Servicio de la República nacque con questi due propositi esclusivi: combattere il regime monarchico e procurare l’avvento della Repubblica in unas Cortes Costituenti. Si poté giudicare allora che quest’ultima cosa fosse utopica; ma sta di fatto che i fatti, per una volta, confermarono l’utopia, e con una velocità e una semplicità tali, che lasciarono indietro il nostro utopismo. L’indole di entrambi i propositi eliminava ogni tentativo di dare all’Agrupación il carattere stretto di partito politico. Per questo chiamammo non solo coloro che potevano discrepare nella concrezione dei loro programmi politici, ma molto specialmente coloro che non erano politici, invitandoli a sospendere provvisoriamente i compiti della loro vocazione personale per accorrere a un’urgenza nazionale di rango storico.
Quando si fece dal Governo provvisorio la convocazione a elezioni per le Cortes Costituenti, furono riuniti in Assemblea i rappresentanti di tutti i gruppi locali, e si convenne di non presentarsi al corpo elettorale con aspirazioni di gruppo politico, sebbene la maggioranza degli assembleari credesse conveniente conservare l’Agrupación come tale, senza i caratteri rigorosi di un partito.
Al termine della discussione costituzionale, il signor Ortega y Gasset credette giunta l’ora di non mantenere uniti coloro che erano stati uniti per un compito già conseguito; ma quasi tutti gli altri deputati della minoranza parlamentare opinarono che essa dovesse proseguire la sua opera, tenendo conto che si avvicinava opera legislativa tanto importante come lo Statuto catalano e la riforma agraria. Una volta promulgate queste due grandi leggi, non sembra che si debba dare nuovo indugio allo scioglimento della nostra collettività.
Insistiamo, dunque, sul fatto che non abbiamo voluto formare un partito, e ogni volta che per miglior opinione altrui si risolse di continuare riuniti, noi iniziatori facemmo constare che ciò doveva essere col disegno di favorire la creazione di grandi forze politiche. A ciò obbedisce l’appello che uno di noi fece in dicembre scorso perché si formasse un ingente partito nazionale. Non si conseguì questa incitazione, che rimase nell’aria invalida e senza che nessuno, allora, fuori del nostro gruppo, la considerasse opportuna né forse discreta. Ma, conseguenti con quella idea, e sentendo che oggi si fanno da altri luoghi appelli analoghi, non vogliamo essere d’ostacolo al loro buon esito e invitiamo i nostri aggregati a ricuperare piena franchigia e ad accorrere dove il loro giudizio sull’attuale situazione politica raccomandi loro.
L’Agrupación ha operato in Parlamento quanto ha potuto. La sua opera e il suo sforzo effettivi sono stati maggiori di quanto le apparenze hanno rivelato, perché procurò di affannarsi con modestia e senza rumore. Quando i governi hanno posto problemi legislativi, cominciando dalla Costituzione, nessuna minoranza ha tardato meno a presentare un parere completo e intensamente studiato. I nostri rappresentanti hanno lavorato con denodato esempio in quasi tutte le Commissioni parlamentari, e meritano da tutti i nostri aggregati, e specialmente da noi, fervorosa gratitudine.
La Repubblica è sufficientemente consolidata perché possa e debba cominciare in essa il confronto delle opinioni. Ma l’Agrupación, per la sua stessa genesi, per il suo spirito e intento iniziale, non può essere una forza adeguata per combattere di fronte ad altre forze repubblicane. Nacque per collaborare all’avvento della Repubblica senza aggettivi né condizioni. Saldo il nuovo regime sul suolo di Spagna, l’Agrupación deve dissociarsi senza rumore né rancori, lasciando in libertà i suoi uomini per ritirarsi dalla lotta politica o per riaggregarsi sotto nuove bandiere e verso nuovi combattimenti.
Firmato José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala,
Luz, 29 ottobre 1932