Abstract

Column on the Barcelona conflicts: the only organised power in the field was syndicalism, and the conservatives, who demand the ‘principle of authority’ at any cost, are responsible for the sowing of hatreds in the summer of 1917. Topical political polemic.

Testo originale spagnolo · Obras completas — Fundación Ortega y Gasset · pubblico dominio

Comentando ayer la solución de los conflictos de Barcelona, dijimos que había alcanzado la victoria el único poder organizado que intervenía en la lucha. Esta afirmación ha tenido la virtud de irritar a los elementos conservadores. Claro es que no la desmienten ni siquiera intentan demostrar que frente al poder sindicalista, frente al soviet obrero, se alzaba otra fuerza poderosa y bien organizada. La demostración es imposible.

EI órgano de expresión de los conservadores españoles se revuelve airado contra la solución dada al conflicto. ¡Cualquiera diría que a ellos no les cabe culpa ni responsabilidad! Casi toda la Prensa y casi toda la opinión consciente han convenido en que al Gobierno que preside el conde de Romanones no le quedaba más remedio que proceder en la forma que lo ha hecho. Esto no quiere decir que el procedimiento sea bueno; quiere únicamente significar que, tal como se había planteado el problema, no se abría más que un camino, no cabía la opción.

Desde el verano de 1917 hasta ahora, la cuestión social española se ha agravado considerablemente. De todos los políticos del régimen político actual es la culpa, y en ella han puesto sus manos, con especial torpeza, los elementos conservadores. Poco a poco, a fuerza de errores, de estulticias y de atropellos, los políticos españoles han desprestigiado e inutilizado los instrumentos de gobierno de tal modo, que se ha llegado a un instante en que el Poder se encuentra atado de pies y manos, abatido, deshecho, desorganizado y caído a los pies de las únicas organizaciones que se han cuidado de acrecentar sus bríos y sus fuerzas.

Los conservadores españoles —así se deduce de lo que dice La Época— estiman que el problema de Barcelona se ha debido resolver de otro modo: que eso que llaman «principio de autoridad» y que nuestros políticos han inutilizado en fuerza de ejercitarlo con abuso y equivocación, debió imponerse sin reparar en medios, costase lo que costase.

(Aquí viene el sistema del general Aznar: arrasamiento de Barcelona).

Es decir: los conservadores opinan que se debió repetir la historia del verano de 1917, con sus ficciones y sus artimañas, con sus artificios y sus engaños, con las ametralladoras, con las cárceles, con los destierros, con las detenciones de diplomáticos extranjeros, con crueldades y con injusticias. ¡Increíble resulta que a estas horas no hayan comprendido todavía la enorme responsabilidad que pesa sobre el partido conservador por haber dado lugar a las peores discordias nacionales al hacer, en su famoso verano de 1917, una terrible siembra de odios!